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miércoles, 13 de agosto de 2025

CON ESPERANZA

 

Solar en la calle Nueva de Campo (Huesca)

Sin expectativas y con esperanza.

El verano desenfoca el entorno cotidiano.

Si riegan la calle a primera hora, ocurre con frecuencia, me gusta mirar desde el balcón la labor que realiza el operario del Ayuntamiento; su afán por mantener el chorro de agua a presión en determinadas zonas singularmente ensuciadas resulta encomiable.

El calor aún no ha hecho acto de presencia y en la calle Joaquín Costa reina el silencio. Alguna persona la transita. Oigo el crotoreo de las cigüeñas de la torre de los Misioneros, contentas como yo a primera hora de la mañana.

El pensamiento descansa en esta realidad y siento que me gusta mi calle; me gusta hasta que llega la tarde-noche y en algunas esquinas se instalan personas que hablan a gritos, desempolvan aparatos de los que se proyecta la música a todo volumen, mientras la chiquillería juega descontrolada con bicicletas y monopatines.

En estos momentos es cuando ratifico que en verano me faltan las fuerzas para batallar. No quiero pensar en cómo la calle se está ensuciando con latas y envoltorios de chucherías y restos de cualquier elemento que, poco antes de arrojarlo al pavimento, entretenía, pero así es, día tras día.

Por una rendija del velo que coloco involuntariamente sobre la cruda realidad vecinal entra la esperanza que me producen municipios donde la calle se cuida y los solares sin edificación no se llenan de desperdicios como ocurre en la calle Joaquín Costa y aledañas (la vegetación espontánea, si la hay, esconde la inmundicia).

Son espacios que otrora albergaron un edificio y hoy vemos que se “protegen” con amor porque la calle importa.

Este lugar está en la calle Nueva de Campo, municipio a los pies del pico Cotiella.

Quiero compartir la imagen que me emocionó hace unos días.

Sigo esperando un paso adelante por parte del Ayuntamiento de Barbastro y los propietarios de los solares degradados. Si se diera, la colaboración de muchos vecinos llegaría y tal vez, entre todos, se podría acabar con las prácticas incívicas.  La acción de cuidar invita al cuidado.

¡Feliz verano!


Calle Nueva (Campo)
Al fondo, a la derecha está el solar fotografiado

Otras entradas relacionadas con la de hoy:

Un mar de dudas 23/07/2020

domingo, 23 de abril de 2023

CALLE CASARRUBUELOS (MADRID)

Este es el nombre de una calle porticada, escondida entre Vallehermoso y Escosura, por la que llevo años dejando volar la imaginación con la esperanza de que una peli, o una serie, quién sabe, nos cuente las historias que esconden antiguos almacenes y viviendas deshabitadas, salvándola del peligro de los piquetes. 


Calle Casarrubuelos (Madrid)
Primera fase de la demolición (2022)

jueves, 2 de febrero de 2023

CALLE JOAQUÍN COSTA Y ALEDAÑAS (BARBASTRO) (2/2)

El niño y las calles


”… te voy a explicar a qué obedecen los nombres de la calle de nuestra niñez y el de todas las que encontremos desde el Rioancho (calle General Ricardos) hasta llegar a La Tallada, la plaza de nuestra casa”. Así le dijo el señor al niño que fue.

Joaquín Costa, Santo Domingo, Cascajo y Esparza quedaron recogidas en la entrada del mes de diciembre.





Calle Conde – Calle de los Misioneros (*)

El recorrido continúa por la calle Conde. Esta vía se creó a finales del siglo XIX, como consecuencia de la construcción del convento e iglesia de los Misioneros del Corazón de María, fechada en 1888.

Según aparece en algún documento, los claretianos se instalaron en una casa cedida por un particular desconocido, aunque otros recogen que fue el conde de Güaqui, esposo de la V marquesa de Artasona, quien donó la casa y de ahí el nombre de la calle, “Conde” o “del Conde”, pero siempre conocida como calle de los Misioneros.

No recordamos muchos negocios asentados en ella desde mitad del pasado siglo. Esquina con la calle Monzón estuvo la Caja de Ahorros, también Telefónica y más recientemente la Academia Cumbre. Se derribó la casa del Doctor Brusáu y quedó un solar enlatado, que desde hace muchos años es un vertedero, sin que se haga nada al respecto, a pesar de las denuncias de los vecinos. La carbonería del Sr. Guillén; el horno de la Sra. Filo, en el que obraba sus deliciosos dulces, que luego vendía en el local de la calle Monzón; la panadería de Justo … Al al final de la calle, donde hoy se encuentra la Delegación del Gobierno de Aragón, estaban las cuadras del palacio de los marqueses de Artasona, situadas en la parte trasera del mismo (ver detalle final de la torre del Marqués en la fotografía que ilustra la calle Saso y Saurina) 


Calle Lacorte – Violante Lacort (o Lacorte) (*)

Violante Lacorte (así se llamaba, desde el siglo XVII, la calle que ahora transitamos) fue la esposa de Lasierra, barón de Letosa, vecino ilustre de la calle Monzón. Esta señora, de buenas costumbres, nació en el siglo XVI, quizá en el Bearn, una región del Pirineo francés. Con el paso del tiempo la vía pasó a llamarse calle La Corte.

No puedo recordar ningún negocio instalado allí, más allá de los que ocuparon, en distintos momentos, los situados en la esquina con la calle Monzón. 

 

Calle de Saso y Saurina (*)

En los siglos XV y XVI algunas familias de notarios tenían sus vivienda y despachos en el camino de Monzón o en calles aledañas, muy cerca de esta vía principal (calle Joaquín Costa).

La saga de los Saso, una de las más prestigiosas, estaba ubicada en la calle Saso y Saurina. Por otra parte, Miguel Saurina fue un destacado maestro de obras durante la primera mitad del siglo XVI que participó en proyectos tan importantes como las torres de la casa Consistorial (1536) o la Catedral de Barbastro (1542).

Creo que el nombre de la calle Saso y Saurina se puede deber a que estos personajes tuvieran ubicadas sus viviendas en ella, o bien podría ser consecuencia de la unión de ambas familias. Las dos hipótesis están pendientes de constatar, pero no cejaremos en el empeño de lograrlo.

Algunos de los vecinos de esta calle han reformado sus casas y con ello muestran su arraigo al lugar. Otros se fueron y la calle está jalonada por solares y casas “espaldadas”. Hacia la mitad del recorrido se abrió un espacio  (para “esponjar” el barrio, dijeron los políticos) que comparte con la calle de los Misioneros y que constituye la plaza de la Primicia. Tanto el estado de la plaza como el abandono del aparcamiento subterráneo bajo su piel son ejemplos de la desidia municipal, que repercute muy negativamente en la higiene y seguridad del entorno.


Plaza de la Primicia, desde la calle Saso y Saurina
En primer plano, entrada al parking (inactivo)


Calle Ramón Palacios – Callizo del Saco (*)

Era una calle sin salida, de ahí el nombre popular de “callizo del saco”. En alguna remodelación de la zona, quizá a finales del siglo XIX, abrieron un paso estrecho, peatonal, hasta la plaza de La Tallada.

La familia Palacios, aun sin pertenecer a la nobleza, fue muy influyente ya en el Barbastro del siglo XVI. Un Ramón Palacio (ciudadano-labrador) ocupó cargos de jurado y procurador. Creo que el nombre de la calle se debe a este personaje. Las casas construidas al final de la calle, por el lado izquierdo, formaban parte de la muralla o muro que subía por La Tallada. Las entradas a las viviendas eran por el propio callizo, pero algunas de éstas mantenían una puerta por la que se salía extramuros. Ramón Palacios tendría allí su casa pues en un documento de la época se dice “se le da permiso a Ramón Palacios para abrir la puerta falsa, en tanto sea tiempo de las eras”.

En los años 50 del pasado siglo la mayoría de las familias que habitaban la calle eran agricultores, con sus fincas, eras y pajares por los alrededores del Terrero. Entonces era una calle bulliciosa, tanto el ajetreo de las caballerías de labor, algún carro, así como los niños que jugaban en la calle, la llenaban de vida.

En un momento dado, el señor le comentó al niño: “… conocías todas las casas de esta calle, pero te voy a nombrar sólo una porque te encantaba el nombre, el más bonito de todos para ti, la que se conocía como Petra Flor”.


Calle Pablo Sahún – Calle de las Monjas (*)

La denominación “calle de las Monjas” está tan arraigada que no muchos barbastrenses saben que el nombre oficial es calle Pablo Sahún, y menos todavía conocen quién fue esa persona, nacida en Zaragoza a finales del siglo XVIII.

A Pablo Sahún Palacín le tocó vivir la guerra de la Independencia, en la que participó y destacó como miembro del Cuerpo de Voluntarios de Aragón. Fue apresado y conducido a Francia. Tras ser liberado en 1815 se trasladó a Barbastro, al lado de su tío D. Luis Joaquín.

Pablo Sahún fue alcalde de la ciudad y llevó a cabo muchas obras sociales utilizando la importante herencia que recibió de su tío. A reseñar la casa Amparo, llamada entonces Casa de la Misericordia, que compró y dotó de abundantes rentas y el Hospital de San Julián y Santa Lucía. Asimismo destinó mucho capital a atajar el terrible cólera que asoló Barbastro en 1855. Fue nombrado Diputado por Barbastro en Huesca. Su fallecimiento ocurrió en mayo de 1857 y sus restos fueron enterrados en la iglesia de San Bartolomé, donde permanecieron hasta la destrucción de la misma durante la Guerra Civil.

Esta calle fue llamada con anterioridad calle de Santa Lucía, por la ermita dedicada a la santa situada en la esquina con la calle Joaquín Costa, junto al hospital para pobres que desde el siglo XII, y con el mismo nombre, ocupaba el solar que después albergó el convento de las monjas Clarisas, allá por el año 1560. A partir de entonces el pueblo va acomodando el nombre de la calle y empezará a conocerse como calle de las Monjas, hasta el día de hoy.

Iban recorriendo la calle y el señor musitó al niño “esta calle también te trae recuerdos …” después de la calle Monzón era la más comercial del barrio y añadió “poca gracia te hacía cuando tu madre te ponía un pozal en la mano y te mandaba a comprar carbón vegetal a casa del Sr. Silvestre”.


Plaza de La Tallada (*)

Por fin llegaron a la plaza de La Tallada, la raíz de sus vidas; y se sentaron en un banco. El panorama que contemplan ahora nada tiene que ver con el de su infancia, aunque algún vestigio de aquellos años queda.

“¿Sabes?”, comenzó a decir el señor en ese registro tan particular que mantenía con el niño, e inició otra de las muchas explicaciones que iba dejando en cada calle … hay una palabra árabe de cierta parte de Marruecos que se escribe “Talja” y se pronuncia algo así como “tallad”. Su significado en castellano es subida o acción de subir; y teniendo en cuenta que en la parte más alta de la avenida de la Merced, al parecer, había un arrabal árabe al que llamaban la morería alta, creo que es coherente considerar que el sustantivo Tallada tiene un origen árabe.

Luego el señor se mantuvo callado unos segundos, como meditando … para luego decir “muy diferente a la de aquel tiempo, sí …, quizá sea la plaza más añorada, pero su aspecto ha mejorado mucho y eso me alegra. La vida vuela rápida y para bien o para mal casi todo cambia. Además la geografía, como dicen ahora, de nuestra niñez está perfectamente custodiada en nuestro interior, al amparo de la imaginación. O no sientes algo especial, como una energía singular muy nuestra, al estar aquí, a pesar de todo. Ya te dije el otro día que los sentimientos jamás caducan.

Querido compañero de vida, he compartido mi interés y conocimientos por la calle Monzón y sus aledañas y eso me congratula. Sé que no te he reseñado el nombre que tuvieron algunas de estas calles en épocas convulsas y ha sido así porque fueron nomenclaturas efímeras. Seguiremos investigando para despejar las incógnitas que han quedado en el camino”

Al poco tiempo un pequeño autobús urbano realizó la parada de la plaza, “te das cuenta, ahí vemos un signo de progreso. Jamás hubiéramos pensado por aquel entonces que un servicio como éste existiera en Barbastro y menos que pasara por La Tallada”

El señor se quedó observando a la gente que bajaba y subía del autobús y cuando de nuevo quiso dirigirse al niño, se había ido. No le importó porque lo mismo que el invierno alarga el brazo buscando la primavera, así él acude cuando lo necesita al niño que fue.

Se levantó y se dirigió al estrecho paso que conduce al callizo del Saco y su niñez lo seguía.

 

Nota aclaratoria (*): En primer lugar se reseña la nomenclatura oficial actual, a continuación cómo se distinguía la calle en el siglo XVI (según el historiador Antonio Salas Auséns) y por último, el nombre con el que se conoce la calle popularmente, en el caso de que sea otro.

 

Alfonso Ordín Náger


Plaza de La Tallada
A la izquierda, casas con accesos por el callizo del Saco

miércoles, 14 de diciembre de 2022

CALLE JOAQUÍN COSTA Y ALEDAÑAS (BARBASTRO) (1/2)

El niño y las calles


Érase una vez un niño que recorría la calle Monzón cuatro veces al día para ir y volver del colegio. Se sabía el nombre de todas las calles que iban saliendo a su encuentro, pero cuando aprendió a leer las placas que las anunciaban se dio cuenta de que, en algunos casos, figuraba un nombre diferente al que él conocía. Preguntaba por aquellos personajes y sólo encontraba posibles respuestas con ayuda de la imaginación “¿aquél será el dueño de la calle?”, “¿éste vivirá en alguna de sus casas?” … 

Hoy, ese niño, que no sabe cómo ha ido pasando la vida pues los meses se le han hecho días y los años meses, se reconoce en el señor que a menudo pasea por la calle Monzón arrastrando sus callados recuerdos. Un día, queriendo darles vida, le oyó decirse …”te voy a explicar a qué obedecen los nombres de la calle de nuestra niñez y el de todas las que encontremos desde el Rioancho (calle General Ricardos)  hasta llegar a La Tallada, la plaza de nuestra casa”. El niño, con bata de rayas, botas de suela de "crepé" y cartera a la espalda, se entregó al ilustrado recorrido.

 

Calle Joaquín Costa - Calle Monzón (*)

Es la arteria madre, una de las principales del barrio de San Hipólito. Todo el mundo conoce el personaje al que hace referencia: Joaquín Costa, una gran figura del Alto Aragón (nacido en Monzón en 1846 y fallecido en Graus en 1911). Historiador, jurista, economista … un polifacético hombre que luchó como un león (así lo llamaban algunos, el “León de Graus”) por los regadíos de esta tierra, entre otras muchas cosas. 

Pero a pesar de los evidentes méritos de Costa para ostentar el nombre de una de las calles (que lo fue) más populares de la ciudad, la gente la llama como lo hizo desde que nació esta vía, allá por los siglos XII o XIII “Camino o Calle de Monzón”. 

Fue, sin lugar a dudas, durante mucho tiempo, la calle más transitada de Barbastro, pues por ella entraban las mercancías que llegaban desde Monzón y Cataluña, accediendo por la puerta llamada de “La Tallada”, lugar para fiscalizar con los correspondientes impuestos, y donde hoy está el supermercado Mi Alcampo. 

Hemos hablado tanto de esta calle, musitaba para sus adentro el señor, que temo perder la objetividad y caer en la nostalgia, que quiero eludir a toda costa, a la hora de analizar el antes y el después de este paisaje de mi infancia. Los “actores” de este escenario, junto con mis padres, me enseñaron con su conducta valores esenciales para la vida (solidaridad, educación, generosidad, respeto ...). 

Recibí amor a raudales de los vecinos de una de sus casas, a la que sí miro con nostalgia cuando paso cerca de ella; ese sentimiento sólo a mí me pertenece y no prescribe. 

¿Recuerdas?, en aquel entonces la calle Monzón estaba viva, la gente se detenía con frecuencia a hablar en plena calle, en las tiendas se “capaceaba” y como decía nuestro amigo Joaquín Coll Clavero, “era una ciudad en sí misma”. Ahora la vida pasa por ella, o se adentra en sus viviendas; nadie espera a nadie, ni siquiera a las golondrinas que durante mucho tiempo llegaron puntuales para anunciar la primavera. 

No reclamo que volviera a ser la calle de ayer”, pero una mayor atención por parte de los poderes públicos sí merece, tanto ella como las aledañas, pues, al margen de otros méritos, no hay que olvidar que este “cuartón” se comenzó a formar hace 700 años; habitado desde siglos por gente sencilla, con los mismos afectos y temores que la de cualquier otro barrio de Barbastro, pero con mucha historia detrás.


Calle Joaquín Costa, esta mañana
(desde General Ricardos)

miércoles, 2 de noviembre de 2022

EL SOLAR DE LA CALLE JOAQUIN COSTA (BARBASTRO)

En cualquier calle del casco antiguo de una ciudad es fácil encontrar un solar, entre dos edificios o a la vuelta de una esquina, escondido de los viandantes tras un débil cerramiento. Y los años pasan por todos ellos a la espera de una nueva vida mientras ya casi nadie recuerda la que perdieron al desaparecer el inmueble que alojaban.

Comparto en este blog el escrito que envié a la redacción de El Cruzado (periódico semanal, editado en Barbastro), el pasado 1 de septiembre. Salvo error, no ha sido publicado todavía. 


Solar situado en la calle Joaquín Costa, esquina con calle Conde

El 23 de julio de 2020 vimos cómo una pala excavadora vaciaba este solar de basuras a la vez que desprendía la frondosa vegetación que ocultaba la inmundicia. Con gran decepción, comprobamos que ninguna otra acción siguió a la descrita. Desde hace mucho tiempo vuelve a estar “lleno” y mientras el frondoso sotobosque esconde la basura, entre la porquería encuentran acomodo las ratas.

Escenario de juegos, almacén, vertedero, urinario, letrina; todas estas funciones asume esta parcela al abrigo de un deplorable cerramiento, aliado perfecto de prácticas incívicas.

Apelo a la responsabilidad que tiene el dueño del solar de conservar su propiedad en condiciones óptimas de seguridad y salubridad, y exhorto a las áreas de Urbanismo y Bienestar social, Sanidad y Consumo del Excmo. Ayuntamiento de Barbastro a que no cierren los ojos y se pongan manos a la obra. Eficacia frente a la negligencia.


El solar de mi calle es uno de tantos, pero le urge alzar la voz y yo le presto la mía.

A ti, querido lector, te pido que difundas su lamento.

¡Gracias!


A su paso por delante del solar,
visitantes del Museo de los Mártires Claretianos
Verano 2022

lunes, 8 de agosto de 2022

VIVA SANTO DOMINGO

Gracias, a todos los que habéis hecho posible que nuestro Santo Domingo haya retornado a su calle y el agradecimiento más cálido para Antonio Buil (Foro B21), la persona que dio valor al hallazgo fortuito de la imagen y ha contagiado su entusiasmo para hacer realidad una quimera.


Fachada lateral del inmueble nº 4, situado en la calle Joaquín Costa

jueves, 6 de enero de 2022

UNAS ERAS NEVADAS

El 6 de enero, en Santo Domingo 23,  no quedaba un sueño por cumplir; el día aún no había amanecido cuando mi padre nos avisaba de que habían pasado los Reyes. Durante el corto recorrido del dormitorio al balcón del cuarto de estar, en pijama, no recuerdo haber sentido frío ninguna madrugada de Reyes, sino todo lo contrario; la emoción nos hacía saltar de alegría y al descubrir lo que aquel modesto balcón atesoraba, nuestra casa se colmaba de felicidad.


Eras de Palá, entre la calle Santo Domingo (izq.) y la avenida de la Merced (dcha.)


jueves, 4 de noviembre de 2021

A SUS PIES, LA CALLE JOAQUÍN COSTA

Dos damas a las que la calle Monzón capta su atención. Alejada del objetivo, la ilustre vecina en su casa: cuna de una estirpe de comerciantes, que se mantienen en la calle con la persiana bien abierta.


Mi abuela Carmen 
(Verano 1989)

martes, 5 de octubre de 2021

LA ESPARZA Y LAS CIRUELAS

¿Habéis probado las ciruelas “claudia” recién cogidas del árbol? Cuando yo iba a comprarlas. a la calle Esparza, me fascinaba el modo en el que me las vendía Pilarín. En la puerta de su casa o en el patio y, algún tiempo más tarde, en una habitación contigua, estaban dispuestas las verduras cultivadas por su padre y entre ellas se encontraba la cesta con la fruta favorita de mi madre.

Desde la ventana, me había dado la bienvenida y al instante la tenía a mi lado, sonriente y dispuesta para la venta. Charlábamos un poco mientras ella daba un repaso a su género: tiraba las hojas mustias de alguna lechuga o ponía en orden tal o cual hortaliza, hasta que en un momento dado, tras conocer la cantidad de ciruelas que yo necesitaba, iniciaba la ceremonia que iba a atrapar por completo mi atención y mantendría mi vista fija en sus manos.

Con ágiles dedos y sumo cuidado, para no alterar la forma de la ciruela, escogía el ejemplar y lo depositaba en un plato de la balanza. En esta acción, reiterada e hipnótica, combinaba destreza y delicadeza y ponía especial esmero en “las claudias” que habían estallado o en las que la pulpa estaba a punto de aflorar.


Calle Esparza

lunes, 5 de abril de 2021

TIEMPO DE MARGARITAS

En el tiempo que hoy canto, los márgenes de la calle o cualquier resquicio compatible con la vida se inundaba de ababoles, y donde hoy se abandonan con impunidad latas de cerveza y desechos varios, entonces, crecían las margaritas.

La Fábrica de géneros de punto A. Soler es un viejo edificio, desvencijado y perimetrado por multitud de recipientes de plástico, vacíos y llenos de comida para gatos.

Tal y como hoy lo vemos, es obvio que el alma de este caserón de la calle Santo Domingo ya no se manifiesta a cualquier transeúnte que llega a su altura; la ensoñación se reserva para unos pocos, entre los que nos encontramos aquéllos que tuvimos la fortuna de crecer en compañía de sus propietarios.


Puerta de entrada al jardín del Sr. Soler
(Nótese en el pilar: AÑO 1935)

sábado, 12 de diciembre de 2020

LOS DRAGONES AZUL TURQUESA

En el edificio situado en la esquina de las calles Joaquín Costa y Conde vivía y pasaba visita nuestro Pediatra. Aquellas revisiones infantiles tenían un aire de exclusividad que hacían sentirme especial. Toda una espaciosa sala de espera para mi madre y para mí, bien iluminada y de blancas paredes, un sofá también blanco, una chimenea …. En aquella atmósfera tan serena destacaban, por la fuerza de sus facciones y por su color, una pareja de dragones de porcelana. Eran dos preciosos faros azul turquesa, que me atraían desde que empezaba a subir las escaleras de la casa.

El edificio fue derruido y quedó el solar, desde hace mucho tiempo franqueable, degradado e inseguro, del que escribí la última vez en la entrada del 23 de julio 2020.

Hace unos días, la consulta del Dr. Brusau cobró vida, al otro lado del teléfono mi interlocutora seguía con emoción las imágenes que guardo de aquella casa, que era la suya … A más de 200 km la fuerza de tan inolvidable inmueble nos unió.

Gracias a ella y a su amiga, que, a mi lado, hizo posible la magia del momento.

miércoles, 7 de octubre de 2020

CALLE SANTO DOMINGO

De las siete calles (*) que identifico como “aledañas” de la calle Joaquín Costa, Santo Domingo es la que ha sufrido una transformación más profunda. Hacia la mitad de su recorrido abandona por completo la condición de vía urbana y se convierte en un camino con socavones en el que abundan los residuos.

Ni el deterioro manifiesto de toda la calle ni la pronunciada pendiente restan mérito  a su privilegiada ubicación. A un paso de la Avda. de la Merced, aproxima las urbanizaciones del Terrero al centro de la ciudad y también, en su condición de facilitadora, proporciona un cómodo acceso a la calle General Ricardos a través de las “escaleretas”.


Vista desde c/ Santo Domingo
(c/ San Ramón, al fondo)

sábado, 5 de septiembre de 2020

TEATRO PRINCIPAL

Anoche comprobé que el poder de la fotografía es enorme, como también lo es la alianza de voluntades y esfuerzos con un objetivo común.

Sin estas dos premisas es difícil entender que un arrinconado  edificio de mi ciudad haya visto transformar sus acristaladas puertas, opacas al sufrir la repetida superposición de carteles, en un gran ventanal que lo devuelve a la vida. 

jueves, 23 de julio de 2020

UN MAR DE DUDAS

En un momento dado, el terreno sin edificar entre las calles Joaquín Costa y Conde tomó las riendas de su destino. Avergonzado por la basura que recibía, se alió con una incipiente vegetación para tapar los desechos que el hombre abandonaba. Y desde entonces, día tras día, un tupido sotobosque atesoraba la inmundicia, oculta en sus entrañas.