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lunes, 22 de junio de 2026

URRACA I DE LEÓN Y LA SOMBRA DEL BATALLADOR

 

Calle Cardenal Landázuri (León)

Urraca I de León, conocida como La Temeraria”, es una de las figuras más singulares de la Edad Media hispánica. Nació en 1081 y murió en 1126, en el castillo de Saldaña.

Resulta difícil de ubicar el lugar donde se encontraba en esa época la sede regia en León. Seguramente se situaba en edificios anexos a la Basílica de San Isidoro, entonces en construcción, próximo al palacio que Alfonso VII, hijo de Urraca, mandaría construir poco después y del que solo queda en pie la torre Berenguela.

Así, la Plaza de San Isidoro, la propia basílica y sus calles cercanas serían el escenario cotidiano de la reina y su séquito. Conviene recordar que, hasta bien entrado el siglo XIII, los monarcas eran reyes guerreros, y se desplazaban según las campañas y las fronteras.

Paseando por estas calles, impregnadas de historia, decido traer al blog a esta reina (vínculada con el reino de Aragón). Esta será mi modesta aportación al 900 aniversario de la muerte de Urraca I, que los leoneses están conmemorando con exposiciones, homenajes y diversos actos académicos y ciudadanos.

Hija de Alfonso VI el Bravo, conquistador de la ciudad de Toledo, Urraca heredó en 1109 los reinos de León, Castilla y Galicia tras la muerte de su hermanastro Sancho y el fallecimiento de su padre. Su acceso al trono fue excepcional: se convirtió en la primera mujer que reinó por derecho propio (suo iure) en la historia peninsular, un hecho casi sin precedentes en la Europa medieval.

Casada a los doce años con Raimundo de Borgoña, tuvo con él a su heredero, el futuro Alfonso VII. Tras enviudar y asumir la corona, se encontró con una nobleza recelosa ante la idea de que gobernara una mujer. Para reforzar su posición política, aceptó, con manifiesta resistencia, casarse con Alfonso I de Aragón, el Batallador.

La unión fue un desastre. Ambos monarcas chocaron por el control de los territorios pertenecientes al reino leonés. Las crónicas de aquel tiempo, especialmente las leonesas, describen al Batallador como un gobernante rudo e incluso violento, también con la reina, propenso a la dureza tanto verbal como física, llegando a retenerla en la fortaleza de El Castellar (Zaragoza). El conflicto derivó en una guerra civil, alianzas cambiantes y una nobleza que presionaba sin descanso.

Urraca, sin embargo, demostró una tenacidad extraordinaria. Con el apoyo de nobles fieles como Gómez González de Candespina y, sobre todo, Pedro González de Lara, su amante, con quien tuvo al menos dos hijos, regresó a León y solicitó al papa Pascual II la nulidad matrimonial. La Iglesia declaró el matrimonio nulo ab initio, alegando consanguinidad, por ser ambos bisnietos de Sancho III el Mayor de Pamplona (dinastía Jimena), aunque en realidad fuera por causa política.

A pesar de las rebeliones gallegas, los choques con el poderoso obispo de Santiago de Compostela Diego Gelmírez y las tensiones con su propio hijo Alfonso, Urraca logró lo que parecía imposible: mantener unidos sus reinos y transmitirlos íntegros a su heredero. Su reinado, marcado por la guerra, la política y la resistencia, consolidó la continuidad de la monarquía leonesa y abrió un precedente histórico para el ejercicio del poder femenino en la Edad Media.

Urraca murió a consecuencia de un aborto “adulterino”, así calificado en  contextos jurídicos y religiosos de la época. Está enterrada en el Panteón Real de San Isidoro, sin duda alguna un lugar con alma y  considerado por muchos como la capilla Sixtina del arte románico. Fue marginada por la nobleza de su tiempo, por su propio hijo y por la historiografía. Tras el fallecimiento de Urraca de León, su hijo Alfonso VII, proclamado Emperador de Hispania, contrajo matrimonio con Berenguela de la casa condal de Barcelona, hermana de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y futuro consorte de Petronila de Aragón.

En este contexto dinástico, Ramón Berenguer IV, poco tiempo después de celebrarse los “esponsales” con Petronila en Barbastro, envió a la infanta a la corte leonesa (1140‑1148) para recibir educación bajo la tutela de Berenguela. Muerta esta y terminado el periodo formativo, Petronila regresó a Aragón para formalizar su matrimonio con el conde barcelonés, en la Zuda de Lérida, acto que consolidó la unión política entre la Casa de Aragón y la de Barcelona.

El Reino de León fue, entre 910 y 1230, uno de los principales de la península Ibérica y jugó un papel decisivo tanto en la expansión territorial como en la construcción institucional medieval. Bajo Alfonso V se desarrolló un sistema jurídico innovador gracias a sus fueros, y con Alfonso IX, último rey de León, se celebraron en 1188 las primeras Cortes europeas con representación ciudadana, hoy reconocidas por la UNESCO como el origen del parlamentarismo. A pesar de ello, algunos historiadores y novelistas tienden a diluir su identidad histórica dentro de la de Castilla, relegando injustamente la relevancia leonesa.

Hoy, muchos leoneses reivindican la figura de la reina Urraca I y reclaman el reconocimiento que merece como una de las grandes soberanas medievales de la península.

Alfonso Ordín Náger

jueves, 10 de julio de 2025

EN MEMORIA DE JOAQUÍN COLL CLAVERO, SEIS AÑOS DESPUÉS

 

Joaquín, en el jardín de su casa

Han transcurrido ya seis años de ausencia de mi amigo Joaquín. Lejos de desvanecerse su recuerdo se hace más nítido con el tiempo; no tanto los hechos vividos como su rostro, sus gestos y su risa franca, que permanecen en mi memoria como también me acompaña aquel mirar capaz de hablar sin palabras. Tal vez, con los años, uno aprende a valorar más a la persona que las experiencias compartidas, aunque estas sigan viviendo en mí.

Quiero que este recuerdo, mientras la vida me lo permita, alcance también a aquellos amigos (algunos también de Joaquín) que ya no están, pero que caminaron junto a mí, dejándome una huella imborrable. Así, cómo no evocar, en su representación, la mirada azabache y bondadosa de Pedro Oliete; la discreción e inteligencia de mi querido amigo de la infancia Justo Riazuelo, que partió cuando apenas comenzábamos a vivir; o la sonrisa diáfana como ibón de su querido Pirineo, donde desembocaban los impulsos apasionados, de Jorge Mayoral, quien nos dejó recientemente.

En el poemario de Joaquín “Cuadernos de un viejo poeta” -  Antología (1967-2019), editado en 2024 y en un apartado distinguido como “Joaquín era así”, varios amigos dedican preciosos artículos a su memoria. De entre ellos, he elegido el párrafo final que le dedica José María Aspiroz, en el artículo titulado “Un barbastrense de bien”: 

Pasarán muchos años y su memoria perdurará entre sus coetáneos y más jóvenes. Nos dejó casi sin avisarnos, y una sensación  de orfandad y una tremenda nostalgia afloran entre quienes fuimos sus amigos, pero a la vez una infinita sensación de paz nos reconforta porque el ánimo de Joaquín nos envuelve y protege”.

Joaquín, además de su perfil intelectual tenía un firme compromiso con sus ideales. Destacaba el amor por la familia, cultivaba la amistad con cuidado y era un conversador excepcional, atento y generoso con los amigos.

Termino este recuerdo con un poema de su autoría, dedicado a los amigos y que figura en la antología citada.

 

LOS VIEJOS AMIGOS

Hay que decir

con la arrogante impiedad de los enigmas,

que los amigos son siempre los amigos

y van siempre contigo porque habitan

ese oscuro anaquel de la memoria

en que vives tú mismo.

 

Tal vez por eso es bueno frecuentarlos

prolongar la ternura de los momentos nuevos

catalizar la química que alarga

el dulce transcurrir de los recuerdos.


Con los viejos amigos.

Joaquín Coll Clavero

 

 Alfonso Ordín Náger

martes, 17 de junio de 2025

LA GRAN REDADA GITANA

Cartel en Cine Berlanga
Calle Andrés Mellado, 53 Madrid


Terminé el mes de mayo en el cine Berlanga (Madrid). Había visto un cartel anunciador para los días 30 y 31 con el título genérico “Cine y pueblo gitano”.

Me acerqué el último día, en el que se proyectaba el documental “Gran Redada Gitana: historia de un genocidio”, de Pilar Távora.

Como se intuye por el título, se trata de un viaje al pasado para dar testimonio de un acontecimiento atroz y desconocido (1) de la historia de España (siglo XVIII) del que solo dan cuenta los archivos históricos. El hecho de que no se haya incluido en los libros de historia lo hace más abominable, si cabe.

La directora ha optado por escenificar algunos pasajes, pero deja el peso de la narración en manos de una serie de personas que relatan lo sucedido con rigor y emoción. Las palabras brotan desde lo más profundo de su alma y atrapan al espectador.

Espero volver a ver el documental el próximo año, pero esta vez en Barbastro, en el cine Cortés (durante el 2025 solo se proyectará en festivales). Y ese día quisiera estar al lado de un amigo, José Castellón Gabarre, conocido por todos como Gallo.

Lo tuve muy presente en el Berlanga; seguro que en el interesante coloquio que hubo al final de la proyección él hubiera levantado la mano para participar porque Gallo es reflexivo a la par que espontáneo. Todo un lujo tenerlo de vecino.

Se habló de dolor secular y de cante flamenco, de resistencia y de orgullo de pertenecer al pueblo gitano, pero también del alto porcentaje de fracaso escolar que, sin duda, facilita la marginación social.

En este sentido, pensé que no solo Pilar Távora (cuya trayectoria vital y profesional ha sido merecedora de reconocimientos), sino también los cronistas elegidos pueden ser referentes que estimulen a las nuevas generaciones.

José Antonio Marina, filósofo y especialista en educación escribe: “para educar a un niño hace falta la tribu entera, pero padres y docentes constituimos el equipo pedagógico básico de una sociedad”.

La iniciativa “Cine y pueblo gitano” estaba amparada por la SGAE y la Fundación Secretariado Gitano.

Hoy he tenido una grata sorpresa. Ha sido en la exposición “Un tiempo para mirar”. Entre las espléndidas fotografías seleccionadas de Marisa Flórez (León, 1948) de temática variada (política, activismo, crónica social, cultura) hay una que va a cerrar esta reseña.

Imagen obtenida en la exposición de Marisa Flórez "Un tiempo para mirar (1970-2020)"
Sala Canal de Isabel II (calle Santa Engracia, 125 Madrid)

Pie de foto: “Primeras manifestaciones de mujeres gitanas en la Plaza Mayor para pedir el fin de la discriminación del colectivo gitano convocadas por la Asociación Desarrollo Gitano y autorizadas por el Gobierno Civil. Madrid 1978” 


(1) Publicaciones sobre el hecho histórico:

Gómez Alfaro, A. (1993). La gran redada de gitanos

Sánchez Pérez, M. (2022).  1749 La gran redada

(2) Marina, J.A. (2010). La educación del talento


sábado, 17 de mayo de 2025

REFLEXIONES SOBRE EL ACTO HOMENAJE A UN AMIGO (22/05/2025)

RECORDANDO A JORGE MAYORAL MEYA

Una vez más me encuentro en la hermosa ciudad de León, envuelto en más de dos mil años de historia. Al recorrer su casco antiguo, me sumerjo en un torbellino de sensaciones dispares, según como ella se presente: romántica, con la luz de la mañana; melancólica al caer la tarde; bulliciosa en ciertos momentos y, sin embargo, envuelta en un silencio perpetuo.

Vivo en un barrio relativamente nuevo, al norte de la ciudad, atravesado por un bulevar de dos kilómetros. Sus calles no son vías de tránsito, sino accesos a los edificios residenciales. Es una zona agradable, salpicada de espacios verdes y pequeños parques que dan vida al entorno. Disfruto caminando por allí cada día, siempre en soledad, aunque esto no me pesa. Cuando necesito descansar, busco esos rincones especiales, en los que me resulta fácil entregarme a mis pensamientos.

Hoy, en uno de esos rincones, reflexiono sobre el acto público que organizamos en honor a un buen amigo que partió hace menos de un año. Lo preparamos con profundo cariño, con el deseo de que fuera un tributo digno, aunque con la incertidumbre de si cumpliría las expectativas de los asistentes, especialmente de su familia.

Desde el inicio, el ambiente estuvo marcado por un propósito claro: recordar sin que la emoción nos atrapara en la nostalgia. Por esta circunstancia y por el temor a que el evento se extendiera demasiado, mi intervención fue más acelerada, tal vez menos emocional de lo que me hubiera gustado, aun a riesgo de que mi voz se quebrara, como así ocurrió en un momento dado. Pero cierto es que el mensaje estuvo ahí: recordar con gratitud, sin que la tristeza asomara.

Montse Durán, como conductora del acto, mantuvo el equilibrio necesario para que todo fluyera con naturalidad y dio paso a cada intervención conforme al orden diseñado.

La presencia y participación de Iván Peñart, el nieto mayor de nuestro amigo, fueron para mí muy significativas. Su intervención resultó precisa y conmovedora. Resalto de su mensaje esta hermosa frase: "a mi abuelo, más que las cifras (como el número de videos grabados o las visualizaciones acumuladas), lo que realmente le importaban eran las emociones que despertaba en las personas que veían su trabajo.

Javier Martí y yo, impulsores de este homenaje, habíamos hablado sobre la importancia de la calidez del encuentro, pero pretendimos que los momentos revividos no nos dejaran sumidos en el peso de la nostalgia. Javier fue fiel a lo pactado y contó alguna anécdota que nos hizo sonreír mientras quedaba al descubierto la esencia de quien estaba siendo recordado.

Entre nuestras intervenciones, se proyectaron videos con mensajes de amigos que no pudieron asistir y sin duda enriquecieron el encuentro.

Uno de los momentos más emotivos llegó con la interpretación de una nana, que a Jorge le gustaba especialmente. Basada en un poema de la escritora en cheso Victoria Nicolás, la canción "Soniando" estuvo acompañada de voz y guitarra por Beatriz Celma y Javier Zamora.

Cuando los primeros acordes sonaron, la sala se sumió en un profundo silencio. La voz lírica y plena de sensibilidad de Beatriz creó una atmósfera de recogimiento. La melodía fluía provista de las emociones que la autora del poema plasmó al escribirlo (alegría, melancolía, tristeza ...). Observé los rostros de la familia de Jorge y me parecieron serenos, llenos de paz aunque refugiados en los recuerdos.

Al finalizar la actuación, Beatriz  nos dedicó unas hermosas palabras llenas de sentimiento y cariño, en nombre de ambos. Sin duda, contar con estos dos amigos fue el mejor colofón posible para la ocasión y por ello les expresamos nuestro más sincero agradecimiento, tras una brillante representación.

Durante la interpretación, me dejé llevar por la dulce melodía y mi mente comenzó a divagar entre los recuerdos de otros amigos entrañables que también han emprendido el viaje: Justo Riazuelo, Pedro Oliete, Joaquín Coll, Manolo Mauri. Antes de regresar a la realidad, apareció en mi memoria la sonrisa tierna de Jorge, aquella que me dedicaba en los almuerzos, cargados de risas y bromas, después de haberme dicho algo que creía podía haberme ofendido. Pura ternura.

Termino mis reflexiones pensando que evocamos el recuerdo de Jorge con el respeto y cariño que merecía, y su esencia sigue presente a pesar de la ausencia. 

El salón de actos de la UNED de Barbastro se llenó de amigos y familia, y nos reconfortó. Aquel ambiente, cargado de sentimientos hacia Jorge, convirtió la estancia en una sala con alma.

Me levanté para irme. Al pasar junto a un señor en silla de ruedas noté que me seguía con la mirada. Lo saludé y me respondió con una sonrisa. Continué mi marcha pensando en el mañana, que para mí es hoy.

Alfonso Ordín Náger


Parque situado en la Avda. Gutiérrez Mellado (León)


lunes, 30 de diciembre de 2024

LA NAVIDAD - UNA ESTACIÓN DE TREN CON ALMA

Estamos en tiempo de Navidad, se nota en la gente, se aprecia en las calles iluminadas con miles de luces de colores, abetos engalanados, escaparates luminosos llevando la atención a las ofertas y al primor de la decoración. A los niños, contagiados por todo este despliegue de signos festivos, se les despierta la ilusión porque saben que también es tiempo de regalos. Papá Noel, fin de año, Reyes, es un no parar de recibir regalos en casa de los padres, abuelos, tíos, amigos, etc.  


Desgraciadamente también hay una gran cantidad de niños que no recibirán ningún regalo (pobreza, guerras, catástrofes, etc.)

 

A los que tenemos ya una edad, cuando estamos en este tiempo navideño, nos envuelven sentimientos encontrados pues a una cierta alegría se une la nostalgia y, a veces, la tristeza al darnos cuenta de las “sillas vacías” alrededor de la mesa. Y, cómo no, también es inevitable que en ese niño que siempre va con nosotros aflore aquel pasado que nunca se va, solo se esconde entre los pliegues de la memoria, reapareciendo en él las navidades de la infancia. 

 

Y a épocas distintas, navidades diferentes; y a pesar de que vistas desde ahora aquellas eran sobrias, pues se atravesaban tiempos de carencias, a los niños también nos embargaba la ilusión, a pesar de que las calles seguían con su habitual y pobre iluminación, no había abetos en las plazas y de Papá Noel no teníamos ni la menor idea. 

 

Sin embargo, sí había un belén en cada casa. Para componerlo la fantasía era desbordante y significaba ir previamente a recoger musgo (entonces se podía) y caminar por las vías del tren en busca de “cagafierros” (escoria de carbón que soltaba la “burreta”) con el fin de construir las montañas, a las que coronábamos con harina. El río, las lavanderas, el portal de belén, pastores y corderitos, los Reyes Magos, a los que cada mañana se los adelantaba un pasito hacia el portal. 

 

Los juguetes solo los traían los RR.MM. y eran escasos. Las mañanas del 6 de enero olían a lápices nuevos y a goma Milán, quizá alcanzaba para un plumier o una cartera, si es que hacía falta, y aún así, la ilusión y los nervios nos invadían. Por cierto, todo, juguetes y material escolar, teníamos que cuidarlos con mimo pues su duración tenía que ser casi eterna. 

 

Las fechas más señaladas que componían la navidad los niños las disfrutábamos con toda intensidad. A las cenas y comidas en los días señalados, se unían cantos de villancicos alrededor de una estufa, en mi caso de serrín. También eran importantes los Santos Inocentes y el día 31 de diciembre y no solo por ser Nochevieja, sino además por cumplir una tradición, no exclusiva de Barbastro, de que ese día, en mi caso, desde Zaragoza, a la una de mediodía, llegaba un señor que tenía tantas narices como días tiene el año (“el home dels nassos”, en Cataluña). 

 

Yo que nací y viví muy cerca de la estación del ferrocarril de Barbastro, durante tres años, acudí a la llegada de dicho tren con un cometido muy concreto.

 

“Abrígate bien que hace mucho frío”, decía mi madre, en tanto me ajustaba la bufanda y me ponía los guantes de lana hechos por ella. “No te enfríes y fíjate bien”, añadía.

 

Yo iba por la parte de atrás de la estación, camino y lugar que conocía de sobra pues al estar tan cerca de mi casa me acercaba a jugar muchos días allí. Me conocían todos los empleados. 

 

Sentado en un banco muy cerca de la salida de viajeros, me invadían los nervios cuando avistaba los resoplidos de la “burreta” que pitaba anunciando la llegada. Se abrían las puertas de los departamentos del vagón de viajeros y me faltaban ojos para encontrar al “señor de tantas narices”, que no lograba localizar. Volvía a casa algo frustrado. “Estoy segura de que al año que viene lograrás verlo”, decía mi madre. 

 

Y llegó aquel tercer año. Y volví con la misma ilusión y nervios al banco de vigilancia. La “burreta” entró resoplando, los viajeros pasaban delante de mí solo con una nariz. Un señor conocido de la familia se paró y me preguntó “¿Qué haces aquí sentado con el frío que hace?” Se lo expliqué y él sonrió. 

 

Mírame bien, me dijo y añadió; “yo soy ese señor”. Ahora vete a casa que hace mucho frío, da recuerdos a tus padres y piensa que hoy es 31 de diciembre. Me acarició la cabeza y se fue. 

 

Volvía a casa de nuevo con el sentimiento de fracaso. No entendía nada. Qué quiso decirme el Sr. José. Hundido en mis pensamientos, caminando despacio bordeando la “plataforma giratoria” donde se daba vuelta a las máquinas, pues allí terminaba el recorrido de aquel tren, se me encendió la luz. ¡Ahora lo entiendo!!, me dije contento por haber conseguido comprender algo tan difícil de creer, incluso para la mente de un niño. Pero antes de llegar a casa, poco a poco, aquel sentimiento de alegría se iba tornando en algo extraño.

 

¿Sería quizá porque me di cuenta de que acababa de perder una parte de la inocencia infantil, tan maravillosa? Hacía poco que había cumplido los 8 años. 

 

Cuando llegué a casa, mi madre me preguntó y expliqué lo ocurrido. Se acercó y me besó. 

 

Aprovecho la ocasión para desear a quien lea el escrito paz y salud para el próximo año. 

 

Alfonso Ordín Náger    


Estación de tren de Barbastro
(cerrada al transporte de viajeros en 1969)


martes, 29 de octubre de 2024

CONVERSACIONES CON MI AMIGO ÁNGEL

Calle Federico García Lorca (Barbastro)

En la casa donde nací, conocida como “Casa de Gómez”, ubicada en la plaza de la Tallada de Barbastro, en un piso de la tercera planta, vivía una familia formada por María, la madre, y cuatro hijos; tres varones y una mujer.

Nunca vi cerrada la puerta de aquella vivienda. De María recuerdo su eterna sonrisa, su delantal gris, su pelo recogido en un moño, sus manos rojas de tanto lavar tripas y hacer mondongos y, sobre todo, sus cálidas caricias. Todos eran cariñosos conmigo, contribuyendo a que los recuerdos que tengo de mi primera infancia, donde vivir era soñar, sean tan bonitos.

El más joven era Ángel, tendría 16 o 17 años cuando comenzó su vida laboral. En casa fue muy comentado el hecho. Significaba un salario más en aquella familia, con tantas bocas que alimentar. Quizá por eso mi recuerdo sea tan nítido. Yo tendría unos 6 años.

En tanto los hermanos acudían a sus trabajos, la hermana se encargaba de la casa, pero no perdió la ocasión de emanciparse y se fue a Suiza. Era, y es, muy inteligente.

Pero a María la vida le ganó el pulso, a pesar de su espíritu luchador. Era joven aún, 65 años, cuando “se pasó de cabeza”, como entonces se decía, y aquella persona, que había sido guía vital para la familia, se fue deteriorando a pasos agigantados. Mientras su memoria se diluía y los recuerdos volaban lejos, ¿a Francia, quizá?, el gesto dulce del rostro se tornaba osco y perdió la sonrisa que había aprendido después de muchos  sufrimientos. La recuerdo en el “terrao” de casa Gómez balbuceando palabras inconexas. Ya no me conocía. Miraba sus manos y aún descubría en ellas las suaves caricias. Falleció al poco tiempo.

Al hacerme mayor, me fui enterando, por comentarios que se deslizaban en casa, que la familia de María había sufrido durísimos episodios, en los tiempos de la guerra. Al cariño que les tenía, se unió la admiración y la curiosidad por saber detalles de aquella historia.

Pasaron los años tan deprisa como pasan las rachas del cierzo. Cuando volví a Barbastro después de mi travesía laboral, aquel paisaje de la niñez había desaparecido. En el lugar de la “Casa de Gómez” se levantaba un nuevo edificio. Nada quedaba de aquel nido de almas sencillas, generosas y solidarias.

En poco tiempo, los hermanos varones de Ángel se despidieron de la vida. Pilar, la hermana, ya jubilada y en Barbastro, vive sola, con una cabeza admirable.

miércoles, 28 de agosto de 2024

EL PORTILLÓN DE BENASQUE (Y MUCHO MÁS)

La excursión familiar se decidió a mediados de julio y poco antes de atarnos las botas para llegar al Puerto de Benasque me interesé por la edad que tenían las chicas de casa Montserrat, el día que salieron caminando desde Sahún en dirección a Francia. Aquel 29 de marzo de 1939, Joaquina iba a cumplir 18 años y Carmen tenía 14; el miedo hacía que muchas familias del valle abandonaran sus casas, y lo poco o mucho que tenían, camino de lo desconocido, ante el temor de la inminente llegada de las tropas. Ángela tenía 9 años, Nieves 6 y Luisa, la benjamina, hacía 3 meses que había cumplido 1 año.

Mi abuela Carmen, con las 5 hijas y 3 varones (aún faltaban por nacer Miguel y Marcial) “escapaban” a través de la montaña con incertidumbre y contagiados del coraje vecinal. En Sahún se movilizaron cuatro casas (Albá, Colás, Mata y Montserrat).

Las 4 excursionistas dejábamos el coche en el parking de los Llanos del Hospital y comenzábamos a caminar por una pradera ocupada por centenares de vacas.

Muy cerca de ese punto, en el “pinaret” que hay encima del Hospital de Benasque, pasaron la primera noche nuestros antepasados, tras una jornada caminando mujeres y niños (los hombres habían tomado la delantera para asegurarse de que en el país vecino estaban las familias que podían acogerlos). Madres jóvenes y abuelas, al frente de una comitiva temerosa y sin recursos,  llegaban hasta el Hospital de Bagnères de Luchon en la segunda jornada, y al día siguiente, ya en aubobús, serían trasladadas a un campo de refugiados.


Peña Blanca

miércoles, 31 de julio de 2024

5º ANIVERSARIO - JOAQUÍN COLL CLAVERO

Conforme recorres la vida, vas acumulando sensaciones, emociones, afectos, y esa telaraña que todos tenemos en la cabeza, tejida con los hilos de los recuerdos, con el paso de los años se vuelve cada vez más tupida. Recuerdos que dan sentido y significado a una vida, de tal manera que quien tiene la mala suerte de perderlos, pierde su identidad.

Dicen algunos expertos que volver la vista atrás no es malo, siempre que la mirada no esté empañada de nostalgia. Pero también es cierto que los recuerdos y los sentimientos están profundamente entrelazados. Evocar momentos vividos y a personas queridas y perdidas, lleva consigo a veces una mezcla de alegría y tristeza y siempre, de añoranza.

Para mí, julio es un mes pródigo en fechas que avivan recuerdos. En esta ocasión me voy a referir al día 10, fecha en la que se cumplió, este año, el 5º aniversario de la marcha sin retorno de mi amigo Joaquín Coll y, como siempre, acompaño su recuerdo con el de Pedro Oliete, su amigo del alma, que emprendió ese camino un tiempo antes.

Este año 2024 ha sido especial. El día 23 de mayo, cumpliendo un deseo de Joaquín, se presentó al público su poesía. Se hizo con el libro Cuadernos de un viejo poeta” (antología 1967-2019), el cual es una reedición del poemario que durante muchos meses recopilé y que en junio de 2020 vio la luz, en el ámbito familiar. En la publicación del 2024 se ha respetado tanto el contenido como la estructura del primer trabajo realizado, de lo cual me siento orgulloso. Cierto es que en esta ocasión, la edición está enriquecida con textos de amigos del autor.

El acto, diseñado y coordinado con acierto por Juan Carlos Ferré, se realizó dentro del Festival Barbitania, en el Aula Magna de la UNED, llena de amigos del poeta. En el evento, tras la presentación a cargo del coordinador y unas sentidas palabras de agradecimiento de Kati García-Bragado, viuda de Joaquín, se leyeron nueve poemas, escogidos por cada uno de los amigos, que acompañaron sus lecturas con breves palabras de vivencias con Joaquín. Como se pretendía, la presentación no estuvo envuelta en la nostalgia, pero sí cargada de sentimientos y una buena colección de recuerdos.



jueves, 23 de noviembre de 2023

OCASIONES VILA

Esta vez quiero recuperar un comercio, Ocasiones Vila, y la calle que lo acogió se me resiste. De ella me vienen ahora pinceladas, como las sesiones de cine, recomendadas por José María Añaños, en la casa de los hermanos Argensola, o la tienda Caprichos, en la que mi madre iba a comprar helados para obsequiar a los que venían a casa el día del Carmen.

Se trata de la calle Mayor (hoy, Argensola), que a partir de mis catorce años fue "la calle de la frutería Celma" porque esa era la tienda de mis amigas. Recuerdo las manos de Clara eligiendo con mimo cada pieza de fruta, mientras yo esperaba para poder charlar con ella, y cómo no, el empuje de su madre, Josefina, una mujer vital y ocurrente (y así continúa pasados los 90), alma de un negocio que requería el esfuerzo, en distintos frentes, de la familia al completo. En su casa de la calle Martínez Vargas me sentía como en la mía y cualquier hora era buena para pasar ratos, no sólo de estudio. Me llegan mañanas luminosas, Manhattan Transfer en el tocadiscos, y risas, muchas risas.

viernes, 13 de octubre de 2023

ANSELMO Y EL ALMA DE LA CATEDRAL DE LEÓN

Pico Fortún 
Comarca de la Tercia (León)

La mañana apareció luminosa aquel día de primeros de mayo de 1983, en la pequeña comarca de la Tercia. Este bello territorio está situado en la montaña central de la provincia de León y a través del Puerto de Pajares se deja atrás la meseta y se accede a Asturias. En su cielo, de intenso azul, se recortaban las crestas y picos montañosos que, como centinelas, la rodean. Las lluvias de abril acentuaban los diferentes matices verdes que invaden el valle, ofreciendo, a quien lo observa, una poesía visual.

 

En la plaza del Ayuntamiento (hoy plaza de la Constitución) de Villamanín, población que aglutina los ayuntamientos de los pueblos que conforman la Tercia, más de una veintena de niños y niñas del colegio público de Santa María de Arbas, de edades comprendidas entre los 12 y 14 años, esperaban la orden de subir al autobús para iniciar una excursión cultural a la ciudad de León, cuyo objetivo principal era la visita a la Catedral. La mayoría de los niños no habían salido de la zona, de manera que el propio viaje les parecía una aventura y una desbordante emoción lo ponía de manifiesto.

 

Uno de esos niños era Anselmo. Vivía en un pueblecito próximo a Villamanín, que en años pasados gozó de escuela. Aún hay quien recuerda con cariño a Doña Consuelo Buil (de Barbastro), su entrañable maestra durante bastantes años.

 

Fue de su abuelo materno de quien heredó, además del nombre, el interés por la historia, el arte y la cultura en general. Al abuelo Anselmo le tocó hacer la guerra civil en el frente de Teruel y quizá lo que vivió y vio despertó en él el deseo de saber el “porqué de las cosas”. Un autodidacta, pues apenas fue a la escuela, y siempre con un libro entre sus manos.

 

Se encontraban los dos en la plaza, abuelo y nieto y, junto a ellos, Paquín, su amigo inseparable y de carácter opuesto. Anselmo, fantasioso e imaginativo, Paquín tranquilo y con una madurez por encima de su edad. El abuelo les daba las últimas recomendaciones: cuidado Anselmo, no te despistes que eres mucho de “volar solo”. Por favor, Paquín, contrólalo.

 

El autobús partió camino de León. Uno de los maestros les adelantó el programa previsto: visita rápida a algunos de los monumentos más conocidos de la ciudad y, a primera hora de la tarde, la visita a la Catedral, que era el objetivo principal. Se hará caminando para que conozcáis también la ciudad, así que os pido la máxima atención.

 

Comenzaron viendo San Marcos y después fue el turno de San Isidoro. Breves las visitas y concisas las explicaciones. Algo de historia, época de construcción y estilo de la obra. No querían saturar a los niños con mucha información. Comieron en el Parque del Cid. Al terminar, pasaron a ver el precioso edificio construido por Gaudí (conocido como Casa Botines).

 

Ascendiendo por la calle Ancha, llegaron a la plaza de Regla (también llamada plaza de la Catedral). Era el momento esperado por Anselmo. Su abuelo y él, desde que estuvo programada la excursión, habían hablado mucho de ella. Estaba ante la “Pulcrha Leonina” (la bella de León). Su mirada encantada, delataba admiración.

 

Uno de los maestros se puso de espaldas al templo, reunió a los niños delante de él, y les dijo: Como veis, estamos ante la fachada principal de la Catedral de León dedicada a la Virgen de Regla. Su construcción se realizó a lo largo del siglo XIII. Es la catedral más afrancesada de España por su parecido con las de Chartres y Reims (ciudades francesas). Se trata de uno de los edificios monumentales góticos más importantes que existen. Destaca, entre otras cosas, por tener, quizá, la mejor colección de vidrieras medievales que existen en el mundo.

 

Anselmo estaba absorto mirando todo lo que le ofrecía aquella maravillosa fachada, en especial, el fantástico rosetón del que se dice que es el corazón de la ciudad y las puertas de entrada, en las que distinguió el cilindro llamado “locus apelationis”, donde se juzgaba a los reos.

 

Una vez dentro del templo, los envolvió una atmósfera de luz y color inigualable. Los chicos, sobrecogidos por aquel clima, se apiñaron alrededor de los maestros. Anselmo no podía bajar la mirada de las vidrieras que, tamizando la luz del día, convertían a ésta en una preciosa luz gótica con una infinita gama de colores.


Vidrieras del ábside (Catedral de León)

lunes, 4 de septiembre de 2023

BOLTURINA (HUESCA)

Érase una vez un pueblo que trasladó sus fiestas patronales al día 20 de agosto porque el 15, día de la Virgen, era mucho más difícil contratar una orquesta que cinco días más tarde. Ese mismo pueblo aceptó de buen grado la expropiación del territorio ante la evidencia de que los jóvenes habían emigrado y los mayores, cada vez menos, podrían seguir sus pasos con holgura gracias a la compensación económica del acuerdo con el Opus Dei.  Este pragmático pueblo se quedó sin un solo habitante y poco después sin casas en pie. Sólo los restos de una iglesia y el camposanto nos hablan de antiguos moradores, después de más de 50 años.


Restos de la iglesia de Santa Ana (Bolturina)


Ayer, mientras Barbastro anticipaba el inicio de sus fiestas y las calles se llenaban de gente y de ruido mi destino fue Bolturina, donde los pájaros y los árboles ponían melodía a un paraje abandonado y cubierto por una vegetación exuberante.




Casa Ubis, Juanico, Salamero, Llanos, Costa, Mora, El Royo, Sesa, Layo, Miranda, Fuster, Franco, Ignacio, Lloren, Sánchez, Pablé, Sierra, Barrí; ni rastro de alguna casa, ni de la plaza del pueblo, ni de la escuela, tampoco queda fuente ni cruz, a lo sumo alguna teja y azulejos que hacen deducir que, entre la espesura, hubo viviendas.

Frente a la Puebla de Castro y Secastilla, muy cerca de Ubiergo, se localizaba este pequeño pueblo,  que llegó a contar con vivienda para la maestra, tienda de comestibles y hasta ayuntamiento (antes de depender del de Secastilla).  Rodeado de tierras fértiles en olivas, almendras, nueces, trigo, ordio (cebada), huertos y viñas, sus gentes vivían por y para el campo.

El conocimiento de Bolturina, pueblo deshabitado de la comarca de Ribagorza,  me llegó de la mano de una descendiente de Casa Antón, que a los 12 años vendría a Barbastro para aprender contabilidad en la calle Monzón, con Dña. María Llorens, madre de D. Pepe Broto. Después el destino la llevó al mundo de la costura, actividad que realizaría hasta su jubilación, desde su piso del Paseo del Coso.

Ayer tarde, desde su nueva vivienda, que ya no mira a la Catedral, sino a la Iglesia de San Francisco, Nati volvió a la niñez y recibió con inocente ilusión el puñado de higos y moras que le llevábamos de su pueblo.

Me consta que hay una asociación de Amigos de Bolturina y hasta la pandemia solían reunirse una vez al año para planificar actividades enfocadas a mantener viva la memoria de este pueblo. Sin duda el camino diáfano que permite acceder al cementerio es obra de algún descendiente de aquella tierra que necesita abrirse paso entre la maleza para reencontrarse con el pasado, aunque sólo sea para sentarse frente a la iglesia de Santa Ana y recordar el tañido de las campanas.


Los gozos de la Virgen -versión anterior a la fundación del Opus Dei-
(La antigua ermita de la Virgen de Torreciudad pertenecía a Bolturina)

lunes, 10 de julio de 2023

A LAS AUSENCIAS DE JOAQUÍN COLL Y PEDRO OLIETE

Hace ya cuatro años de la ausencia de Joaquín y unos cuantos más de la de su amigo del alma, Pedro Oliete (junio del 2006). Los dos me honraron con su amistad.

En mis solitarios paseos matutinos por las zonas verdes que jalonan el río Bernesga en León, se genera un ambiente que me invita a la reflexión. Según el estado en el que se encuentra mí espíritu, alegre, triste, melancólico, nostálgico …, así es la deriva de mis pensamientos.

Y es ahí cuando la brisa fresca, que el río arrastra desde los puertos, sacude mi memoria y evoco aquella época de juventud que recorrimos juntos, en Barcelona. Generosa en recuerdos y anécdotas joviales y, también, de compañerismo y de nobleza en momentos complicados. Celebro todo ese tiempo que compartí con ellos y que para mí fue un regalo.

Hoy no voy a ponderar sus valores, lo he hecho ya en muchas ocasiones y lo saben muy bien quienes los conocieron, únicamente me remito al título de mi primer relato en su recuerdo: “Como ibones del Pirineo”, así eran, claros y transparentes; dedicados a los estudios y a brindar su ayuda a quien se la solicitara.

En esta fecha (10 de Julio), en la que Joaquín emprendió el viaje de no regreso, acostumbro a recordar a ambos amigos de forma explícita en este blog porque por encima de la ausencia se mantienen vivos en la memoria de quien los quiso. 

Durante el tiempo que recorrimos la vida juntos, no recuerdo que hubiera ningún desencuentro entre ellos, ni siquiera algún enfado ocasional. Su carácter “no se lo permitía”, pero buscando entre los poemas de Joaquín, con más de uno dedicado a su amigo Pedro, he encontrado éste que, salvo error, ve la luz por primera vez.


CARTA AMOROSA

Amigo:

Hace 500 siglos que no hablamos

y retomamos juntos los caminos

en busca de la sabiduría.

 

Amigo:

Nuestras bocas son loros endemoniados

y nuestro corazón amurallado

por el seco lodo de la miseria.

No vivimos casi nada.

¡Me quejo!

Porque quiero quererte y que me quieras

 

Es cierto: nos queremos

pero esa lámina de vidrio

que nos separa

nos hace convertir en pantomima.

 

Espero que tú esperas

que la rompa

y yo

lo mismo espero.  

Joaquín Coll Clavero


Seguiré contando con ellos, siempre han sido amigos fieles, pues en este invierno en el que ya me encuentro, necesito su recuerdo para sentirme joven. Y me esforzaré en seguir caminando, a pesar de que los años y la isquemia me obligan a hacerlo cada vez más despacio y porque sé que cuanto más lento camina uno, más deprisa pasa la vida.   

Alfonso Ordín Náger


A la orilla del río Bernesga
Lateral del Paseo de Salamanca (León)