jueves, 9 de julio de 2026

A LAS AUSENCIAS

Amigos que permanecen en la memoria

Han pasado ya siete años desde que comencé a recordar a mi amigo Joaquín Coll, que nos dejó un 10 de julio, y junto a él, a Pedro Oliete, inseparable compañero y también querido amigo. Con el tiempo, aquella evocación inicial se ha ido ampliando, porque la vida, con su manera silenciosa de avanzar, ha ido apartando de mi camino a otros amigos que también formaron parte esencial de mi historia.

Cada año la lista crece, y con ella la pena de saberlos ausentes, pero también la gratitud profunda por lo vivido a su lado.

No concibo mi infancia sin la presencia de Justo Riazuelo, ni mi juventud sin aquellas noches de versos compartidos en la bohemia barcelonesa, bajo la mirada azabache de Pedro Oliete y los ojos sonrientes de Joaquín Coll. A Jorge Mayoral Meya siempre le estaré agradecido por la generosidad con la que me acogió al volver a Barbastro y por la explosión creativa que compartimos durante años, capaz de hacerme sentir intensamente vivo, cuando creía que mi vida activa había llegado a su fin.

Este último año ha sido especialmente duro. La marcha inesperada de Paco Lacau me devolvió de golpe al coro infantil donde, junto a él y otros niños, cantábamos: “El General Bun Bun, cuando va a la guerra, tocando su tambor hace temblar la tierra”. Con el tiempo comprendí que él era, en realidad, el General Bun Bun: grande de hechura, inmenso en espíritu. Pocos días después se fue también Pedro Mayor, su amigo del alma: inteligente, educado, luchador incansable y profundamente enamorado de Barbastro, desde su vida en Tarragona. No pudo resistir la ausencia de Paco y decidió dejar de luchar.

A veces siento el impulso de querer volver a aquellos momentos compartidos: las mañanas de conversaciones sin prisa, las risas interminables y la complicidad que nos unía alrededor de una simple mesa para el almuerzo, “los Almorzadores” … Ahora nos reunimos solo los viernes, y se han sumado sus compañeras de viaje: Kati, Rosa, Pili y, cuando puede, María Antonia, además de Iván, el nieto de Jorge y, de algún modo, de todos nosotros. Esos encuentros son un regalo que agradecemos profundamente.

Cada julio, junto al recuerdo de mis amigos ausentes, suelo incluir un poema de Joaquín Coll, en este caso también procedente de su poemario Cuaderno de un viejo poeta, y dado que el lema del festival literario Barbitania de este año fue La casa”, he transcrito el poema titulado “La casa muerta”

LA CASA MUERTA

Detenido su aliento en el zaguán oscuro

la puerta está cerrada.

La casa no respira.

 

En un rincón del patio

descansan las azadas

y en la cocina, el cierzo

hace sonar la chimenea

que aún escuchan erguidos

dos pucheros de barro.

 

La tinaja sin agua y el cazo de la sopa

se disputan el suelo

con dos trozos de yeso …

 

Cuando el sol indiscreto

alumbre las paredes de la sala

y aniden los vencejos en la alcoba

nadie habrá hecho el amor en esta casa

ni llorado sus muertos.

 

Cuando cualquier primavera impetuosa

derribe la fachada y parte del tejado

las ruinas del solar se llenarán de ortigas …

 

… Un poco más

y yo, no habré nacido.

 

Joaquín Coll Clavero

 

La vida ha seguido su camino, ese camino que anduvimos juntos y en el que ya no estáis, pero permanecéis en lugares invisibles envueltos en afectos verdaderos, y me gusta recordar la suerte que tuve al coincidir con vosotros.

Alfonso Ordín Náger 



lunes, 22 de junio de 2026

URRACA I DE LEÓN Y LA SOMBRA DEL BATALLADOR

 

Calle Cardenal Landázuri (León)

Urraca I de León, conocida como La Temeraria”, es una de las figuras más singulares de la Edad Media hispánica. Nació en 1081 y murió en 1126, en el castillo de Saldaña.

Resulta difícil de ubicar el lugar donde se encontraba en esa época la sede regia en León. Seguramente se situaba en edificios anexos a la Basílica de San Isidoro, entonces en construcción, próximo al palacio que Alfonso VII, hijo de Urraca, mandaría construir poco después y del que solo queda en pie la torre Berenguela.

Así, la Plaza de San Isidoro, la propia basílica y sus calles cercanas serían el escenario cotidiano de la reina y su séquito. Conviene recordar que, hasta bien entrado el siglo XIII, los monarcas eran reyes guerreros, y se desplazaban según las campañas y las fronteras.

Paseando por estas calles, impregnadas de historia, decido traer al blog a esta reina (vínculada con el reino de Aragón). Esta será mi modesta aportación al 900 aniversario de la muerte de Urraca I, que los leoneses están conmemorando con exposiciones, homenajes y diversos actos académicos y ciudadanos.

Hija de Alfonso VI el Bravo, conquistador de la ciudad de Toledo, Urraca heredó en 1109 los reinos de León, Castilla y Galicia tras la muerte de su hermanastro Sancho y el fallecimiento de su padre. Su acceso al trono fue excepcional: se convirtió en la primera mujer que reinó por derecho propio (suo iure) en la historia peninsular, un hecho casi sin precedentes en la Europa medieval.

Casada a los doce años con Raimundo de Borgoña, tuvo con él a su heredero, el futuro Alfonso VII. Tras enviudar y asumir la corona, se encontró con una nobleza recelosa ante la idea de que gobernara una mujer. Para reforzar su posición política, aceptó, con manifiesta resistencia, casarse con Alfonso I de Aragón, el Batallador.

La unión fue un desastre. Ambos monarcas chocaron por el control de los territorios pertenecientes al reino leonés. Las crónicas de aquel tiempo, especialmente las leonesas, describen al Batallador como un gobernante rudo e incluso violento, también con la reina, propenso a la dureza tanto verbal como física, llegando a retenerla en la fortaleza de El Castellar (Zaragoza). El conflicto derivó en una guerra civil, alianzas cambiantes y una nobleza que presionaba sin descanso.

Urraca, sin embargo, demostró una tenacidad extraordinaria. Con el apoyo de nobles fieles como Gómez González de Candespina y, sobre todo, Pedro González de Lara, su amante, con quien tuvo al menos dos hijos, regresó a León y solicitó al papa Pascual II la nulidad matrimonial. La Iglesia declaró el matrimonio nulo ab initio, alegando consanguinidad, por ser ambos bisnietos de Sancho III el Mayor de Pamplona (dinastía Jimena), aunque en realidad fuera por causa política.

A pesar de las rebeliones gallegas, los choques con el poderoso obispo de Santiago de Compostela Diego Gelmírez y las tensiones con su propio hijo Alfonso, Urraca logró lo que parecía imposible: mantener unidos sus reinos y transmitirlos íntegros a su heredero. Su reinado, marcado por la guerra, la política y la resistencia, consolidó la continuidad de la monarquía leonesa y abrió un precedente histórico para el ejercicio del poder femenino en la Edad Media.

Urraca murió a consecuencia de un aborto “adulterino”, así calificado en  contextos jurídicos y religiosos de la época. Está enterrada en el Panteón Real de San Isidoro, sin duda alguna un lugar con alma y  considerado por muchos como la capilla Sixtina del arte románico. Fue marginada por la nobleza de su tiempo, por su propio hijo y por la historiografía. Tras el fallecimiento de Urraca de León, su hijo Alfonso VII, proclamado Emperador de Hispania, contrajo matrimonio con Berenguela de la casa condal de Barcelona, hermana de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y futuro consorte de Petronila de Aragón.

En este contexto dinástico, Ramón Berenguer IV, poco tiempo después de celebrarse los “esponsales” con Petronila en Barbastro, envió a la infanta a la corte leonesa (1140‑1148) para recibir educación bajo la tutela de Berenguela. Muerta esta y terminado el periodo formativo, Petronila regresó a Aragón para formalizar su matrimonio con el conde barcelonés, en la Zuda de Lérida, acto que consolidó la unión política entre la Casa de Aragón y la de Barcelona.

El Reino de León fue, entre 910 y 1230, uno de los principales de la península Ibérica y jugó un papel decisivo tanto en la expansión territorial como en la construcción institucional medieval. Bajo Alfonso V se desarrolló un sistema jurídico innovador gracias a sus fueros, y con Alfonso IX, último rey de León, se celebraron en 1188 las primeras Cortes europeas con representación ciudadana, hoy reconocidas por la UNESCO como el origen del parlamentarismo. A pesar de ello, algunos historiadores y novelistas tienden a diluir su identidad histórica dentro de la de Castilla, relegando injustamente la relevancia leonesa.

Hoy, muchos leoneses reivindican la figura de la reina Urraca I y reclaman el reconocimiento que merece como una de las grandes soberanas medievales de la península.

Alfonso Ordín Náger

martes, 21 de abril de 2026

LA CALLE DE LA PEÑA Y EL ESTUDIO MAYOR DE GRAMÁTICA (BARBASTRO)

Cuatro siglos de cultura en un rincón humilde

La calle de la Peña, situada en el antiguo barrio medieval del Entremuro de Barbastro, nacía en la antigua puerta Traviesa, ubicada esta entre el actual Museo Diocesano y la residencia de las Hermanitas de la Caridad. Desde allí asciende con fuerte pendiente hasta la calle de la Esperanza y, en sus orígenes, discurría junto a la segunda muralla que subía hacia la Barbacana. Es probable que su nombre proceda de la proximidad a la “Peñeta” o que, incluso, llegara hasta la antigua mezquita, después iglesia del Santo Sepulcro, situada junto a la “Peñeta”

Mi intención con este escrito es querer significar que esta calle humilde y solitaria, casi olvidada, envuelta en silencio y algo triste, fue durante cuatro siglos alegre y bulliciosa y el principal foco cultural de Barbastro. En ella, en sus casas, se trasmitió el conocimiento a generaciones de jóvenes.

En la Edad Media fue una calle mucho más habitada y activa que en la actualidad. En ella convivían judíos y cristianos, y se escuchaban lenguas como el hebreo y el aragonés antiguo. Hoy es un lugar discreto y poco transitado, aunque bajo su apariencia silenciosa se esconde una historia cultural de enorme valor.

Tras la conquista de Barbastro por Pedro I en el siglo XII, coexistieron en la ciudad comunidades cristianas, judías y musulmanas, cada una con sus propias tradiciones educativas: los cristianos aprendían en las parroquias, los judíos en la sinagoga o con un rabino, y los musulmanes en las madrazas, entre las que pudo encontrarse la situada en la actual iglesia de Santa Ana.

Entre los siglos XIII y XV se desarrollaron en la Corona de Aragón los llamados Estudios Mayores o de Gramática, centros urbanos de enseñanza que superaban la instrucción parroquial. Barbastro, sede episcopal desde el siglo XII, tenía la entidad suficiente para albergar uno de ellos.

La primera referencia al Estudio Mayor de Barbastro procede del polifacético Ricardo del Arco, quien señala la existencia del Estudio ya en 1268, recogido este dato en un pergamino original conservado en el Archivo de la Catedral de Huesca. Según este historiador, dicho documento situaría al centro barbastrense entre los más antiguos del reino. Posiblemente solo por detrás del de Zaragoza.

En el Estudio se impartía, además de otros temas. esencialmente, el “Trívium”; Gramática latina, Retórica y Dialéctica y se preparaba a los jóvenes para estudios universitarios y carreras eclesiásticas. La Catedral de Santa María ejercía la autoridad principal: nombraba a los maestros, supervisaba la enseñanza y aportaba recursos, como pagos en especie de trigo y vino al maestro mayor. Los edificios utilizados eran propiedad del Concejo, que también asumía su costoso mantenimiento.

Aunque la documentación de los siglos XIV y XV es escasa en información sobre la evolución del centro, existen indicios notariales y municipales y asientos que acreditan la continuidad de la actividad docente durante este periodo.

A mediados del siglo XVI y durante parte del XVII se registran numerosos gastos destinados a mejorar y ampliar las estancias del Estudio, coincidiendo con su época de mayor esplendor, tanto por el número de maestros como de alumnos. Tanto Maria del Mar Mairal (archivera) en un artículo publicado en el nº 87 de la revista Argensola, como el historiador José Antonio Salas Ausens en su libro “La población en Barbastro en los siglos XVI y XVII“ (pag 63), dan exhaustivo detalle de estos dispendios.

El sistema educativo evolucionó hacia universidades que ofrecían enseñanza reglada y títulos oficiales. De los Estudios Mayores en Aragón, y de los Estudios Generales en otros territorios, nacieron las universidades como la de Huesca (1354) y la de Zaragoza (1542). Citaré, por su importancia y antigüedad, fuera del Reino, la de Salamanca y la de Valladolid, nacidas de Estudios Generales.

La consolidación de estas, junto con otras circunstancias, contribuyeron a la pérdida de relevancia del Estudio Mayor de Barbastro, que acabaría desapareciendo antes de la mitad del siglo XVII.

Es importante comentar que la primera fundación de Escuela Pía en España fue en Barbastro. En julio de 1677 se instalan “en las casas llamadas del Estudio Mayor”, aunque por un corto periodo de tiempo (hasta 1681), que se fueron para volver en el 1720 pero ya al lugar donde se encuentra hoy día el Colegio Escolapio.

La relación con la calle de la Peña es profunda. En la parte más alta de esta vía sitúan los historiadores las casas donde estuvo el Estudio Mayor de Gramática. A pocos metros, se encontraba la antigua sinagoga, que tras la disolución de la aljama judía en 1415 pasó a convertirse en la iglesia o ermita del Salvador. La mayoría de los investigadores la sitúan en la confluencia de las calles Mirador, Esperanza y la Peña. Hoy, todo ese espacio permanece en ruinas.

Conviene señalar, no obstante, que el medievalista Ángel Nasarre, en un artículo publicado en la revista Sefarad en 2025, propone situar la sinagoga (y posteriormente la iglesia) dentro de la Çuda, en un punto no muy alejado del lugar al que nos referimos. En cualquier caso, es preciso mantener la cautela que merecen siempre las hipótesis de los historiadores y especialistas, pues la aparición de nuevos documentos o el hallazgo de algún objeto arqueológico puede modificar o reforzar las interpretaciones existentes.

Como he querido dejar de manifiesto la calle de La Peña no es solo una calle del antiguo barrio del Entremuro porque bajo sus ruinas y su piel se esconde una apasionante herencia que merece ser recordada como uno de los pilares culturales de la historia de Barbastro.


Alfonso Ordín Náger

Ruinas cerca de donde estuvo el Estudio Mayor 
(casas de la imagen, calle Mirador)


lunes, 9 de marzo de 2026

ALGO SE MUEVE

En la calle Joaquín Costa se está dando una nueva vida a lugares que albergaron negocios emblemáticos. Los Almacenes San Juan son desde hace casi dos años los Almacenes Nau, la Botería Abadías acogió recientemente a NF Modas y edificios que hasta hace unos días conservaban los rótulos de Librería Arnal y Bazar Universal Mariano Puertas junto a Casa Abadías, se están rehabilitando. Le ocurre lo mismo al que acogió a la Joyería y Relojería Áncora. Son buenas noticias.

No hubo suerte con el traspaso de la carnicería Bernad así que hemos sentido la pérdida por partida doble, la primera al conocer que Toño Bernad se jubilaba y la calle y Barbastro perdían una carnicería prémium y la segunda cuando se volvía a cerrar tras haber sido traspasada, con muy buena acogida por parte del público.

Vemos como cada vez resulta más difícil mantener un comercio abierto y al parecer son muchos los factores que influyen en la decisión final. Las calles se resienten por ello. Toda nuestra admiración y los mejores deseos para los valientes emprendedores.

Quiero hacer mención al gastrobar abierto en la calle Oncinellas y cuya denominación es toda una declaración de intenciones: Alma [boca+arte]. El ventanal que se abre hacia la calle Conde le da oxígeno a esta aledaña que sufre las consecuencias de mantener edificios en estado penoso y permitir que la calle sea un basurero. Ni los vecinos y transeúntes cívicos, que los hay, ni la presencia de la Iglesia Evangélica de Filadelfia, ni el Museo de los Mártires Claretianos, ni la Delegación del Gobierno de Aragón, que “alarga” la calle hasta San Hipólito, desalientan a los que se sienten con el derecho de mancillar esta calle conocida popularmente como “de los Misioneros”.

Mantener los edificios en buen estado, realizar las inspecciones técnicas de los mismos, hacer un uso cívico de las calles y contar con un servicio de limpieza municipal eficaz (¡qué falta nos hacen más Gonzalos en el barrio!) son algunos de los objetivos que los ciudadanos demandamos al Ayuntamiento porque de su cumplimiento depende la calidad de vida de nuestra ciudad.

Una parte de la calle Cascajo sufre problemas de salubridad debido al fenómeno “paloma okupa”; la rehabilitación del edificio de Joaquín Costa, que comparten, puede suponer un beneficio visible para los que viven en ella y la transitamos.

La Asociación Vecinal de San Hipólito,  La Burreta, ha empezado su andadura con fuerza y con el ambicioso y encomiable propósito de poner de manifiesto las deficiencias que padece el barrio y reclamar el cumplimiento de leyes y ordenanzas.

Igual que un día fantaseé con la idea de que el Centro Comercial de la calle Joaquín Costa acogería una exposición de fotografías para revivir lo que fue esta calle y al hacerse realidad (9 de marzo de 2019) poníamos el énfasis en el abandono municipal de esta vía y sus aledañas, ahora, siete años  después y con la situación más deteriorada, me asalta una imagen relacionada con los solares ahogados por la inmundicia, esos que abundan en nuestro barrio.

Ya hace un tiempo que Foro B21 y particulares denuncian por distintas vías el estado deplorable en el que están muchos solares en Barbastro; confío en el movimiento vecinal  La Burreta  para lograr en San Hipólito lo que hasta ahora no se ha conseguido.

Mientras me imagino un solar inmundo reconvertido en huerto urbano respetable y respetado, cuál, uno de tantos …

Sí, algo se mueve, pero las acciones de los responsables municipales no se avistan. 

Calle Joaquín Costa (Barbastro)