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martes, 21 de abril de 2026

LA CALLE DE LA PEÑA Y EL ESTUDIO MAYOR DE GRAMÁTICA (BARBASTRO)

Cuatro siglos de cultura en un rincón humilde

La calle de la Peña, situada en el antiguo barrio medieval del Entremuro de Barbastro, nacía en la antigua puerta Traviesa, ubicada esta entre el actual Museo Diocesano y la residencia de las Hermanitas de la Caridad. Desde allí asciende con fuerte pendiente hasta la calle de la Esperanza y, en sus orígenes, discurría junto a la segunda muralla que subía hacia la Barbacana. Es probable que su nombre proceda de la proximidad a la “Peñeta” o que, incluso, llegara hasta la antigua mezquita, después iglesia del Santo Sepulcro, situada junto a la “Peñeta”

Mi intención con este escrito es querer significar que esta calle humilde y solitaria, casi olvidada, envuelta en silencio y algo triste, fue durante cuatro siglos alegre y bulliciosa y el principal foco cultural de Barbastro. En ella, en sus casas, se trasmitió el conocimiento a generaciones de jóvenes.

En la Edad Media fue una calle mucho más habitada y activa que en la actualidad. En ella convivían judíos y cristianos, y se escuchaban lenguas como el hebreo y el aragonés antiguo. Hoy es un lugar discreto y poco transitado, aunque bajo su apariencia silenciosa se esconde una historia cultural de enorme valor.

Tras la conquista de Barbastro por Pedro I en el siglo XII, coexistieron en la ciudad comunidades cristianas, judías y musulmanas, cada una con sus propias tradiciones educativas: los cristianos aprendían en las parroquias, los judíos en la sinagoga o con un rabino, y los musulmanes en las madrazas, entre las que pudo encontrarse la situada en la actual iglesia de Santa Ana.

Entre los siglos XIII y XV se desarrollaron en la Corona de Aragón los llamados Estudios Mayores o de Gramática, centros urbanos de enseñanza que superaban la instrucción parroquial. Barbastro, sede episcopal desde el siglo XII, tenía la entidad suficiente para albergar uno de ellos.

La primera referencia al Estudio Mayor de Barbastro procede del polifacético Ricardo del Arco, quien señala la existencia del Estudio ya en 1268, recogido este dato en un pergamino original conservado en el Archivo de la Catedral de Huesca. Según este historiador, dicho documento situaría al centro barbastrense entre los más antiguos del reino. Posiblemente solo por detrás del de Zaragoza.

En el Estudio se impartía, además de otros temas. esencialmente, el “Trívium”; Gramática latina, Retórica y Dialéctica y se preparaba a los jóvenes para estudios universitarios y carreras eclesiásticas. La Catedral de Santa María ejercía la autoridad principal: nombraba a los maestros, supervisaba la enseñanza y aportaba recursos, como pagos en especie de trigo y vino al maestro mayor. Los edificios utilizados eran propiedad del Concejo, que también asumía su costoso mantenimiento.

Aunque la documentación de los siglos XIV y XV es escasa en información sobre la evolución del centro, existen indicios notariales y municipales y asientos que acreditan la continuidad de la actividad docente durante este periodo.

A mediados del siglo XVI y durante parte del XVII se registran numerosos gastos destinados a mejorar y ampliar las estancias del Estudio, coincidiendo con su época de mayor esplendor, tanto por el número de maestros como de alumnos. Tanto Maria del Mar Mairal (archivera) en un artículo publicado en el nº 87 de la revista Argensola, como el historiador José Antonio Salas Ausens en su libro “La población en Barbastro en los siglos XVI y XVII“ (pag 63), dan exhaustivo detalle de estos dispendios.

El sistema educativo evolucionó hacia universidades que ofrecían enseñanza reglada y títulos oficiales. De los Estudios Mayores en Aragón, y de los Estudios Generales en otros territorios, nacieron las universidades como la de Huesca (1354) y la de Zaragoza (1542). Citaré, por su importancia y antigüedad, fuera del Reino, la de Salamanca y la de Valladolid, nacidas de Estudios Generales.

La consolidación de estas, junto con otras circunstancias, contribuyeron a la pérdida de relevancia del Estudio Mayor de Barbastro, que acabaría desapareciendo antes de la mitad del siglo XVII.

Es importante comentar que la primera fundación de Escuela Pía en España fue en Barbastro. En julio de 1677 se instalan “en las casas llamadas del Estudio Mayor”, aunque por un corto periodo de tiempo (hasta 1681), que se fueron para volver en el 1720 pero ya al lugar donde se encuentra hoy día el Colegio Escolapio.

La relación con la calle de la Peña es profunda. En la parte más alta de esta vía sitúan los historiadores las casas donde estuvo el Estudio Mayor de Gramática. A pocos metros, se encontraba la antigua sinagoga, que tras la disolución de la aljama judía en 1415 pasó a convertirse en la iglesia o ermita del Salvador. La mayoría de los investigadores la sitúan en la confluencia de las calles Mirador, Esperanza y la Peña. Hoy, todo ese espacio permanece en ruinas.

Conviene señalar, no obstante, que el medievalista Ángel Nasarre, en un artículo publicado en la revista Sefarad en 2025, propone situar la sinagoga (y posteriormente la iglesia) dentro de la Çuda, en un punto no muy alejado del lugar al que nos referimos. En cualquier caso, es preciso mantener la cautela que merecen siempre las hipótesis de los historiadores y especialistas, pues la aparición de nuevos documentos o el hallazgo de algún objeto arqueológico puede modificar o reforzar las interpretaciones existentes.

Como he querido dejar de manifiesto la calle de La Peña no es solo una calle del antiguo barrio del Entremuro porque bajo sus ruinas y su piel se esconde una apasionante herencia que merece ser recordada como uno de los pilares culturales de la historia de Barbastro.


Alfonso Ordín Náger

Ruinas cerca de donde estuvo el Estudio Mayor 
(casas de la imagen, calle Mirador)


lunes, 9 de marzo de 2026

ALGO SE MUEVE

En la calle Joaquín Costa se está dando una nueva vida a lugares que albergaron negocios emblemáticos. Los Almacenes San Juan son desde hace casi dos años los Almacenes Nau, la Botería Abadías acogió recientemente a NF Modas y edificios que hasta hace unos días conservaban los rótulos de Librería Arnal y Bazar Universal Mariano Puertas junto a Casa Abadías, se están rehabilitando. Le ocurre lo mismo al que acogió a la Joyería y Relojería Áncora. Son buenas noticias.

No hubo suerte con el traspaso de la carnicería Bernad así que hemos sentido la pérdida por partida doble, la primera al conocer que Toño Bernad se jubilaba y la calle y Barbastro perdían una carnicería prémium y la segunda cuando se volvía a cerrar tras haber sido traspasada, con muy buena acogida por parte del público.

Vemos como cada vez resulta más difícil mantener un comercio abierto y al parecer son muchos los factores que influyen en la decisión final. Las calles se resienten por ello. Toda nuestra admiración y los mejores deseos para los valientes emprendedores.

Quiero hacer mención al gastrobar abierto en la calle Oncinellas y cuya denominación es toda una declaración de intenciones: Alma [boca+arte]. El ventanal que se abre hacia la calle Conde le da oxígeno a esta aledaña que sufre las consecuencias de mantener edificios en estado penoso y permitir que la calle sea un basurero. Ni los vecinos y transeúntes cívicos, que los hay, ni la presencia de la Iglesia Evangélica de Filadelfia, ni el Museo de los Mártires Claretianos, ni la Delegación del Gobierno de Aragón, que “alarga” la calle hasta San Hipólito, desalientan a los que se sienten con el derecho de mancillar esta calle conocida popularmente como “de los Misioneros”.

Mantener los edificios en buen estado, realizar las inspecciones técnicas de los mismos, hacer un uso cívico de las calles y contar con un servicio de limpieza municipal eficaz (¡qué falta nos hacen más Gonzalos en el barrio!) son algunos de los objetivos que los ciudadanos demandamos al Ayuntamiento porque de su cumplimiento depende la calidad de vida de nuestra ciudad.

Una parte de la calle Cascajo sufre problemas de salubridad debido al fenómeno “paloma okupa”; la rehabilitación del edificio de Joaquín Costa, que comparten, puede suponer un beneficio visible para los que viven en ella y la transitamos.

La Asociación Vecinal de San Hipólito,  La Burreta, ha empezado su andadura con fuerza y con el ambicioso y encomiable propósito de poner de manifiesto las deficiencias que padece el barrio y reclamar el cumplimiento de leyes y ordenanzas.

Igual que un día fantaseé con la idea de que el Centro Comercial de la calle Joaquín Costa acogería una exposición de fotografías para revivir lo que fue esta calle y al hacerse realidad (9 de marzo de 2019) poníamos el énfasis en el abandono municipal de esta vía y sus aledañas, ahora, siete años  después y con la situación más deteriorada, me asalta una imagen relacionada con los solares ahogados por la inmundicia, esos que abundan en nuestro barrio.

Ya hace un tiempo que Foro B21 y particulares denuncian por distintas vías el estado deplorable en el que están muchos solares en Barbastro; confío en el movimiento vecinal  La Burreta  para lograr en San Hipólito lo que hasta ahora no se ha conseguido.

Mientras me imagino un solar inmundo reconvertido en huerto urbano respetable y respetado, cuál, uno de tantos …

Sí, algo se mueve, pero las acciones de los responsables municipales no se avistan. 

Calle Joaquín Costa (Barbastro)

viernes, 13 de febrero de 2026

BARBASTRO: CONVENTOS Y MONASTERIO

Piedra y silencio

Sabemos que en Barbastro existieron asentamientos anteriores a la llegada del islam: romanos, tardo-romanos e incluso, quizá, vascones, cuya presencia algunos autores la relacionan con el nombre del río Vero, palabra que en euskera significa “agua caliente” (teniendo en cuenta que los vascones bajaban al Somontano desde los Pirineos).

Pese a estos antecedentes, la tradición histórica considera que el fundador de Barbitania fue el militar musulmán Jalaf ibn Rashid en el año 802, y que el dominio islámico se mantuvo en la ciudad hasta 1100.

Durante esos tres siglos de presencia musulmana Barbastro no contó con iglesias ni ermitas cristianas. En cambio, según varios historiadores, llegó a tener ocho mezquitas: una mezquita mayor y otras siete repartidas por los distintos barrios. Tras la conquista cristiana algunas fueron derribadas o destinadas a diferentes usos, mientras que otras se transformaron en iglesias. La mezquita mayor acabaría convirtiéndose en la actual Catedral de Santa María.

A partir del año 1100, la Catedral y las distintas iglesias se nutrieron principalmente de clérigos seculares, pero comenzaron a surgir instituciones que marcarían profundamente la vida religiosa y social de la ciudad.

Iniciamos el recorrido por el Santuario-Monasterio del Pueyo (1101), tan querido por los barbastrenses y por todo el Somontano y que hunde sus raíces en la tradición medieval. Según la leyenda, en 1101 la Virgen se apareció al pastor Balandrán sobre la copa de un almendro, pidiéndole que levantara allí una ermita. En la Edad Media (a menudo llamada la Edad de la Fe) proliferaron relatos de este tipo, y el lugar se convirtió pronto en santuario y destino de peregrinación. Durante siglos estuvo en manos de clérigos seculares, hasta que en 1889 pasó a ser monasterio benedictino. Durante la Guerra Civil, dieciocho monjes fueron asesinados. Tras la contienda, la comunidad regresó y permaneció hasta 1962, cuando el monasterio pasó a los Misioneros del Corazón de María. Desde 2009 está atendido por el Instituto del Verbo Encarnado.

En el siglo XIII llegaron a Barbastro las órdenes mendicantes, muy valoradas por su cercanía al pueblo, en contraste con el clero secular, más vinculado a la nobleza. Se distinguían por su labor asistencial, su predicación urbana y la formación que ofrecían en conventos, situados casi siempre extramuros.

Franciscanos (1230) - Los franciscanos se establecieron en el arrabal, donde hoy se alza la iglesia de San Francisco. Tanto la iglesia como el primer convento fueron construcciones humildes, acordes con la regla de la Orden. Sin embargo  las donaciones populares permitieron su ampliación y transformación, entre los siglos XV y XVII, en un notable conjunto gótico-renacentista.

La amplia nave de la iglesia cuenta con pequeñas capillas laterales. Destaca especialmente la primera a la izquierda del ábside, la capilla de los Claramunt, decorada con pinturas renacentistas de Rafael Pertús, así como los azulejos de cerámica, probablemente procedentes de Muel (Zaragoza). Bajo esta capilla se encuentra una singular cripta funeraria, digna de visita.

Los franciscanos fueron exclaustrados en 1836, viéndose obligados a abandonar el convento y sus bienes. La mayor parte de las huertas fue adquirida por el marqués de Artasona, señor de Suelves, origen del nombre dado al barrio surgido posteriormente en la zona.

Plaza de San Antonio (Claustro del convento, en el pasado)
Detrás iglesia de San Francisco

Los Mercedarios se establecieron en 1292 en una humilde casa junto a la ermita de Santo Domingo, situada extramuros, en el camino conocido como la Tallada. Su misión principal era la redención de cautivos, cristianos apresados por los musulmanes, aunque también se dedicaron a la enseñanza y a la atención de pobres y marginados.

A mediados del siglo XVI construyeron un gran convento, con una notable iglesia y torre, comparable en tamaño a la de San Francisco. Durante la Guerra de la Independencia el edificio fue utilizado como cuartel por las tropas napoleónicas y quedó prácticamente destruido; posteriormente un incendio lo redujo a cenizas.

Tras la contienda, los frailes levantaron una modesta casa-convento con iglesia en la planta baja, pero la desamortización de Mendizábal provocó su exclaustración. El inmueble pasó a manos privadas y, con el tiempo, el abandono lo ha reducido a un triste esqueleto de ladrillo, pese a sus más de siete siglos de historia.

Trinitarios descalzos (1560) - El convento de los Trinitarios descalzos se levantó en 1560, como casi todos fuera de las murallas, al final de la calle de San Miguel, en el camino de Huesca, frente a una ermita entonces dedicada a la Virgen de Loreto. Era un conjunto amplio y sobrio con una iglesia bajo la advocación de San Cosme y San Damián.

Su misión principal era también el rescate de cautivos (no olvidemos que fue esta Orden la que logró la liberación del insigne escritor Miguel de Cervantes), además de la práctica de la caridad. Como prueba de ello, según D. Santos Lalueza, la actual calle de La Seo era conocida como calle de la Limosna, pues conducía hasta la puerta del convento, donde se repartía diariamente un plato de sopa, la limosna.

El convento sufrió graves daños durante la ocupación francesa y  posteriormente fue afectado por la desamortización. Desapareció por completo en 1846, quedando únicamente restos arqueológicos. Pascual Madoz, en su Diccionario, y el propio Santos Lalueza confirman que gran parte de sus materiales se reutilizaron en obras civiles de la ciudad, como la canalización de la mina y la alcantarilla mayor de Barbastro.

Clarisas franciscanas (1560) - El convento de las Clarisas franciscanas se levantó en 1560 junto a la ermita de Santa Lucía, en el solar que hasta comienzos del siglo XVI había ocupado el antiguo Hospital de Pobres (confluencia de las actuales calle Pablo Sahún y Joaquín Costa). El hospital se fusionó más tarde con el de San Julián, dando lugar al Hospital de San Julián y Santa Lucía, situado en la parte alta de la Tallada, al inicio del Camino Real de Zaragoza. 

La construcción del convento de las Clarisas fue posible en gran medida gracias a la donación de bienes de Juana Lunel. La comunidad seguía la regla franciscana y, a diferencia de los conventos masculinos, apenas sufrió daños durante la invasión napoleónica ya que las tropas lo utilizaron principalmente como almacén. Tampoco resultó afectado por la desamortización de Mendizábal. En 1936, como ocurrió en toda la zona republicana, las monjas abandonaron el convento, que fue empleado temporalmente como cárcel de mujeres. Tras la Guerra Civil regresaron, permaneciendo en la ciudad hasta 1969, cuando la falta de vocaciones obligó a cerrar la comunidad. Poco después, el convento y su torre fueron derribados y sustituidos por un edificio de viviendas de escaso valor arquitectónico.

Capuchinos (1610) - En ese año se colocó la primera piedra del convento de los Capuchinos, situado a las afueras de la ciudad, en la calle que aún hoy lleva su nombre. Rodeado de huertas, respondía al ideal capuchino de retiro, pobreza y autosuficiencia. Su sencilla iglesia estaba dedicada a la Virgen del Pilar y la comunidad centraba su labor en la predicación y la atención a enfermos y pobres. Durante la Guerra de la Independencia el convento fue utilizado como almacén. Tras el conflicto, los frailes regresaron y retomaron la vida regular, pero la desamortización de 1835 provocó su exclaustración. La comunidad se disolvió, el convento y las huertas fueron vendidos a particulares y el edificio desapareció. Hoy solo pervive el topónimo de la calle Capuchinos.

Capuchinas (1670) - Se establecieron inicialmente en una casa cercana a los actuales “jardinetes” (Plaza de Aragón). El mal estado del edificio llevó a construir un nuevo convento en el barrio del Entremuro, sobre la antigua Zuda musulmana, obra finalizada en 1737. Allí la comunidad vivió dedicada a la oración y al servicio espiritual. Durante la Guerra Civil, el convento fue utilizado como prisión: primero por las fuerzas republicanas (1936–1938) y después por las nacionales hasta 1945. En 2023 se anunció su posible marcha por falta de vocaciones, pero el apoyo popular las animó a permanecer en Barbastro y aquí siguen.

Entrada al convento de las Capuchinas

Paúles de San Vicente (1759) – Se ubicaron en el edificio que en principio ocuparon las Capuchinas en los ya mencionados “jardinetes”, antes de su traslado al Entremuro. Se construyó nueva iglesia y convento, siendo la casa seminaria “grande y suntuosa”, según López Novoa. Se dedicaron a la enseñanza, la asistencia y la predicación y, a pesar de ser religiosos regulares, a la formación de sacerdotes seculares. Como otros conventos sufrieron los efectos de la Guerra de la Independencia y fueron exclaustrados en 1836 tras unos 75 años en Barbastro.

Aunque coexistieron en el tiempo, no se incluyen aquí las Escuelas Pías, cuya fundación se decretó en 1679, ni el colegio de las Hijas de la Caridad (Paúlas), establecido en 1799, por tratarse de colegios y no de conventos. Comparten la peculiaridad de ser los primeros centros educativos en España de sus respectivas órdenes.

Tras la Desamortización de Mendizábal, Barbastro acogió en 1888 a los misioneros del Corazón de María, que instalaron iglesia, seminario y convento en la actual calle Joaquín Costa, nº 17, comunidad que aún subsiste, aunque muy mermada. También se establecieron las Siervas de María, cuidadoras de enfermos, en 1890, primero en la calle de La Seo y posteriormente en su convento de la calle de Las Fuentes, activo hasta 2024, cuando cerró por falta de vocaciones, tras 135 años de presencia ininterrumpida en la ciudad.

La historia religiosa de Barbastro entre 1100 y 1850 muestra un notable desarrollo de la vida conventual, especialmente entre 1650 y 1850. En ese periodo la ciudad llegó a contar con siete conventos (cinco masculinos y dos femeninos) además del Santuario del Pueyo. Más de doscientas personas vivían entonces dedicadas a la vida religiosa, una cifra muy significativa para una población que apenas alcanzaba los tres mil habitantes, según el censo de Floridablanca.

A pesar de su importancia social, cultural y arquitectónica, la mayor parte de este patrimonio conventual ha desaparecido. Solo se conservan algunos vestigios: la iglesia franciscana (no así su convento), el convento de las Capuchinas y el Santuario del Pueyo. El resto de edificios, incluidos conventos, iglesias y torres, se han perdido por completo, más allá de algún resto arqueológico. Y cuando se pierde el patrimonio, también se debilita la memoria colectiva.

 

Alfonso Ordín Náger


lunes, 3 de noviembre de 2025

CALLES QUE SUSURRAN

Entre el mercado y la peste. Barbastro medieval (1300 a 1350)

Este verano, durante la breve visita a León de unos amigos de Barbastro, les mostramos parte del valioso patrimonio histórico de la ciudad y compartí mis modestos conocimientos sobre lo que estábamos viendo. Dani, uno de los jóvenes hijos de nuestros amigos, me dijo: sabes, Alfonso, que me estoy dando cuenta de que de la historia de nuestra ciudad no sé nada …”

Ya en Barbastro, sentí la necesidad de “perderme” por el barrio del Entremuro, para mí el alma de la ciudad. Una mañana soleada me encontré caminando por ese entramado urbano de origen musulmán. El barrio estaba desierto, bañado por una luz especial. El silencio lo invadía y las calles vacías parecían susurrar historias de tiempos pasados.

Llegué a la plaza de La Candelera, me senté. Recordé a Dani y busqué el eco de aquellos tiempos y mi mente viajo hacia atrás, hasta comienzos del siglo XIV.

En el año 1300, Barbastro llevaba dos siglos bajo dominio cristiano, desde que Pedro I la conquistara en el 1100. Aunque no se conservan censos, a través de documentos eclesiásticos y protocolos notariales se estima una población entre 2000 y 2500 habitantes: un 80% cristianos, unos 200 judíos y cerca de 100 mudéjares.

Calle La Encomienda

La convivencia entre culturas era relativamente pacífica, salvo algunos conatos en celebraciones religiosas. En el ámbito comercial, predominaba la colaboración. Las tres religiones gozaban de libertad de culto, protegida esta por el fuero aragonés, aunque judíos y musulmanes debían de pagar impuestos especiales, lo que beneficiaba a la corona.

La lengua vehicular era el aragonés medieval, derivado del latín vulgar. Entre musulmanes, el árabe era la lengua de comunicación y el hebreo entre los judíos. El latín seguía siendo la lengua culta, usada en documentos administrativos y eclesiásticos.

La economía se basaba en la agricultura, ganadería, artesanía y comercio.

En la plaza en la que me encuentro, La Candelera, se celebraban mercados semanales y ferias anuales. En las fechas a las que me refiero, esta plaza se quedaba pequeña dado el movimiento comercial que en ella se generaba. Barbastro se expandía; fuera muros tras la puerta Traviesa, que iba desde el Palacio del Obispo a las “Hermanitas”, se estaba abriendo la “carrera mayor” (hoy calle Argensola). Pero el nuevo mercado no sería una realidad hasta finales del siglo XIV.

La Candelera cobraba vida durante los días de mercado, especialmente en los de feria. Saltimbanquis, acróbatas, juglares, trovadores, músicos y bailarinas, animaban el ambiente, transformando el mercado en un espacio de comercio y entretenimiento popular. Aunque predominaba el aragonés, se oían lenguas diversas como el hebreo, árabe, catalán e incluso dialectos del sur de Francia. Los mercaderes, expertos en el valor de distintas monedas, facilitaban los intercambios con destreza.

miércoles, 13 de agosto de 2025

CON ESPERANZA

 

Solar en la calle Nueva de Campo (Huesca)

Sin expectativas y con esperanza.

El verano desenfoca el entorno cotidiano.

Si riegan la calle a primera hora, ocurre con frecuencia, me gusta mirar desde el balcón la labor que realiza el operario del Ayuntamiento; su afán por mantener el chorro de agua a presión en determinadas zonas singularmente ensuciadas resulta encomiable.

El calor aún no ha hecho acto de presencia y en la calle Joaquín Costa reina el silencio. Alguna persona la transita. Oigo el crotoreo de las cigüeñas de la torre de los Misioneros, contentas como yo a primera hora de la mañana.

El pensamiento descansa en esta realidad y siento que me gusta mi calle; me gusta hasta que llega la tarde-noche y en algunas esquinas se instalan personas que hablan a gritos, desempolvan aparatos de los que se proyecta la música a todo volumen, mientras la chiquillería juega descontrolada con bicicletas y monopatines.

En estos momentos es cuando ratifico que en verano me faltan las fuerzas para batallar. No quiero pensar en cómo la calle se está ensuciando con latas y envoltorios de chucherías y restos de cualquier elemento que, poco antes de arrojarlo al pavimento, entretenía, pero así es, día tras día.

Por una rendija del velo que coloco involuntariamente sobre la cruda realidad vecinal entra la esperanza que me producen municipios donde la calle se cuida y los solares sin edificación no se llenan de desperdicios como ocurre en la calle Joaquín Costa y aledañas (la vegetación espontánea, si la hay, esconde la inmundicia).

Son espacios que otrora albergaron un edificio y hoy vemos que se “protegen” con amor porque la calle importa.

Este lugar está en la calle Nueva de Campo, municipio a los pies del pico Cotiella.

Quiero compartir la imagen que me emocionó hace unos días.

Sigo esperando un paso adelante por parte del Ayuntamiento de Barbastro y los propietarios de los solares degradados. Si se diera, la colaboración de muchos vecinos llegaría y tal vez, entre todos, se podría acabar con las prácticas incívicas.  La acción de cuidar invita al cuidado.

¡Feliz verano!


Calle Nueva (Campo)
Al fondo, a la derecha está el solar fotografiado

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Un mar de dudas 23/07/2020

lunes, 27 de enero de 2025

CALLE DE MONTE ESQUINZA (MADRID)

Empecé a frecuentar el número 46 de la calle Monte Esquinza unos meses antes de que Pedro Almodóvar captara, para una de las muchas escenas inolvidables de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), la hermosa fachada del edificio situado en el número 38 de la calle Almagro, a escasos metros del que yo visitaba. Entre 1914 y 1919 ambos proyectos fueron firmados por el arquitecto  Augusto Martínez de Abaria.

Para mí, la calle Monte Esquinza sigue siendo Margarita. Conocí a Margarita González Figueroa en Huelva, en la casa en la que yo llevaba viviendo poco más de un mes y de la que, por tanto, aún ignoraba las costumbres de sus moradores. Entre ellos se encontraba Margarita, pero sólo en contadas épocas del año en las que abandonaba Madrid para reencontrarse con la familia de Huelva.

Nuestro primer encuentro fue un día del mes de agosto, en la cocina, donde nos habíamos acercado a la hora de la siesta, probablemente a refrescarnos con un vaso de agua. Su “aparición” me sorprendió y enseguida quedé prendada de aquella señora de ojos azul turquesa y hermosas manos, que tenía un suave acento andaluz y derrochaba alegría. Calculo que nos separaban más de 50 años.

Me pareció tan interesante su conversación, me hablaba con tanto amor de Huelva (yo aún no había empezado a quererla), como de Valdelamusa, el pueblo minero donde su padre había ejercido de médico, y también de Madrid, ciudad a la que me encantaba ir, pero sobre la que aún no había puesto los ojos para vivir.

A esa primera charla siguieron otras y otras, muchas, siempre en la calle Puerto 35, de la que su prima Enriqueta era el alma. Cuando Margarita estaba en Madrid la comunicación se mantenía y era epistolar, cartas o tarjetas a las que ella sacaba un aprovechamiento inusual gracias a una minúscula letra que era capaz de trepar hasta cualquier espacio en blanco, por pequeño que fuera.

Al trasladarme a Madrid la visité con frecuencia y, aprovechando que tenía la academia de inglés muy cerca de su casa, algún martes o jueves remataba la jornada en Monte Esquinza. El piso había sido, antes que vivienda familiar, el estudio de pintura de su hermana Amparo, reconocida pintora de mediados del siglo pasado, que han rescatado del olvido unos periodistas onubenses coincidiendo con la celebración del centenario del Museo de Bellas Artes de Huelva y su Academia de Pintura.

Desde las paredes, o la chimenea, o un determinado mueble, los cuadros de Amparito, así la nombraba Margarita, destilaban historias que ella me regalaba a fuego lento; saboreábamos cada parada hasta que nos sentábamos alrededor de la mesa camilla y la conversación se prolongaba, a veces salpicada por la lectura de un poema, o una carta, o una antigua reseña a la obra de su hermana. “Mira, he estado rompiendo papeles y me he encontrado con esto que te quiero leer”.  

Margarita hacía ya mucho tiempo que vivía sola, pero el recuerdo de sus padres y de sus tres hermanas  la “acompañaba”, no se sentía sola en el, ya por entonces, inabarcable Madrid. Además con el matrimonio Berhmann, que vivía en el 4º, practicaban una especie de “cohousing”. Se ayudaban mutuamente, compartían tomas de decisiones, y era frecuente que Margarita bajara con su cena a casa de Enrique y Mati para disfrutar de lo que surgiera en compañía hasta la hora de ir a dormir.

Me admiraba de Margarita cómo vivía la vejez desde la fortaleza, y la atención que le prestaba a su estado emocional. A cada día le encontraba un afán y el agradecimiento alimentaba su motor vital. Con el fin de ahuyentarla, tenía muy presente la depresión que sufrió tiempo atrás, al dejar la vivienda de la calle Fernández de la Hoz y coincidir esta circunstancia con una decisión íntima que le rompió el corazón.

Hace mucho que Margarita no está, “eligió” su tierra, rodeada del amor generoso de la familia, para irse y allí, en Huelva, estuve con ella la última vez.

Desde hace un tiempo me gusta encontrar cualquier excusa para volver a esta calle del barrio de Chamberí, que es el mío, y alzar la mirada hasta la terraza del 46 por el lado que hace esquina con un palacete, actual sede de la Fundación Norman Foster.

En una de mis últimos paseos por la calle Monte Esquinza he visto la placa que el Ayuntamiento de Madrid ha colocado en la fachada del número 22. Casa en la que vivió y trabajó Ouka Leele, fotógrafa y pintora por la que siento admiración y que brilló a partir de la llamada Movida Madrileña.

Me hubiera gustado compartir el hallazgo de este reconocimiento con Margarita, un alma sensible que contagiaba esperanza.

Mi descubrimiento más reciente ha sido en una calle aledaña, Marqués del Riscal, nº 7; allí está el Frontón Beti Jai. Merece la pena conocer esta espléndida construcción de 1894, salvada del estado ruinoso en el que se encontraba o de la especulación urbanística a partir de una acción vecinal y que se puede visitar desde octubre del año pasado.


Tramo final de calle Monte Esquinza
En primer plano el número 46 junto a la Fundación Norman Foster
Al fondo edificio del CICCP (fachada de la calle Jenner)

martes, 29 de octubre de 2024

CONVERSACIONES CON MI AMIGO ÁNGEL

Calle Federico García Lorca (Barbastro)

En la casa donde nací, conocida como “Casa de Gómez”, ubicada en la plaza de la Tallada de Barbastro, en un piso de la tercera planta, vivía una familia formada por María, la madre, y cuatro hijos; tres varones y una mujer.

Nunca vi cerrada la puerta de aquella vivienda. De María recuerdo su eterna sonrisa, su delantal gris, su pelo recogido en un moño, sus manos rojas de tanto lavar tripas y hacer mondongos y, sobre todo, sus cálidas caricias. Todos eran cariñosos conmigo, contribuyendo a que los recuerdos que tengo de mi primera infancia, donde vivir era soñar, sean tan bonitos.

El más joven era Ángel, tendría 16 o 17 años cuando comenzó su vida laboral. En casa fue muy comentado el hecho. Significaba un salario más en aquella familia, con tantas bocas que alimentar. Quizá por eso mi recuerdo sea tan nítido. Yo tendría unos 6 años.

En tanto los hermanos acudían a sus trabajos, la hermana se encargaba de la casa, pero no perdió la ocasión de emanciparse y se fue a Suiza. Era, y es, muy inteligente.

Pero a María la vida le ganó el pulso, a pesar de su espíritu luchador. Era joven aún, 65 años, cuando “se pasó de cabeza”, como entonces se decía, y aquella persona, que había sido guía vital para la familia, se fue deteriorando a pasos agigantados. Mientras su memoria se diluía y los recuerdos volaban lejos, ¿a Francia, quizá?, el gesto dulce del rostro se tornaba osco y perdió la sonrisa que había aprendido después de muchos  sufrimientos. La recuerdo en el “terrao” de casa Gómez balbuceando palabras inconexas. Ya no me conocía. Miraba sus manos y aún descubría en ellas las suaves caricias. Falleció al poco tiempo.

Al hacerme mayor, me fui enterando, por comentarios que se deslizaban en casa, que la familia de María había sufrido durísimos episodios, en los tiempos de la guerra. Al cariño que les tenía, se unió la admiración y la curiosidad por saber detalles de aquella historia.

Pasaron los años tan deprisa como pasan las rachas del cierzo. Cuando volví a Barbastro después de mi travesía laboral, aquel paisaje de la niñez había desaparecido. En el lugar de la “Casa de Gómez” se levantaba un nuevo edificio. Nada quedaba de aquel nido de almas sencillas, generosas y solidarias.

En poco tiempo, los hermanos varones de Ángel se despidieron de la vida. Pilar, la hermana, ya jubilada y en Barbastro, vive sola, con una cabeza admirable.

lunes, 17 de junio de 2024

ALMACENES ALBERT&ARTERO (BARBASTRO)

El día que oí que Artero iba a cerrar, la incredulidad se adueñó de mí y conservé la esperanza hasta que el augurio se convirtió en noticia.

Desde siempre para mí, el principio de la calle Oncinellas ha sido territorio Artero; CEPA me llega con la sonrisa amorosa de Mariví Pueyo, y como ella, ha habido otras muchas dependientas (y el Sr Olivos) que han contribuido a que este establecimiento familiar tenga el rango de gran comercio.



En los Almacenes Albert&Artero encontramos de todo (me resisto a escribir en pasado), en parte porque siempre sale a nuestro encuentro la persona que conoce el género, en tienda o almacén, y no escatima esfuerzos para ofrecer lo que busca el cliente o, en su defecto, aquello que más se ajusta a la petición. Comprar en un establecimiento que tiene distintas secciones y gran variedad de productos, y contar con vendedoras dispuestas a ayudar al comprador es un plus de atención marca Artero, a pesar de la tendencia sustentada en el lema “sírvase usted mismo”, que hasta en El Corte Inglés, por desgracia, se cotiza al alza.

La otra tarde, una emocionada dependienta de la última plantilla nos hablaba de los días previos al cierre; su expresión me hacía ver que el sentimiento de pérdida está a ambos lados del mostrador y el compartirlo me dio cierto alivio.

Y es que en Barbastro acabamos de perder un comercio singular, condición que no se la otorga el hecho de haber abierto sus puertas hace más de 180 años (todo un record, sin duda), sino la maestría de haber sabido adaptarse a las necesidades del cliente en cada momento y hasta el final. El cierre llega por jubilación, un hermoso motivo aun sabedores de que la fórmula que patentó el primer alquimista de la familia ha sido conservada y mejorada por los sucesores. ¿Se puede pedir más?

Sí, yo pedía que no se confirmara el anuncio de aquel día que ha quedado retenido en mi memoria.

Artero ha sido escuela para muchos profesionales del comercio, unos hicieron de Albert&Artero la casa donde desarrollaron su actividad profesional y otros optaron por abrir tienda propia.




Los Almacenes Albert&Artero ya están sentados a la derecha de Mercurio, como lo hicieron antes otros comercios en Barbastro, sin que el volumen de ventas determinara la obtención del pasaporte al Olimpo. Recuerdo Coloniales Palá, Casa Acín, Sederías Goya, La Isla de Cuba, Almacenes Simeón, La Rosaleda, Ocasiones Vila, Almacenes San Juan, La Tienda Nueva … y el penúltimo, SAMA. Son los que quedan en la memoria de las gentes, a los que se alude cuando se quiere resaltar el alma comercial de Barbastro, los que van unidos a personas que “nos lo hicieron fácil”, ¡los inolvidables!, por estas u otras razones, cada uno tenemos nuestros elegidos.

Un buen día, Conchi Abadías entró a formar parte de la familia Arbert Artero y su presencia en la tienda nos alegró, llevaba consigo el sello de una saga de comerciantes insignes, ligados a la calle Joaquín Costa, que a través de ella se hermanaba con Oncinellas.

Gracias, Artero, por vuestra gran historia de la que formamos parte los habitantes de Barbastro y los de otros muchos pueblos de Aragón y autonomías limítrofes como Navarra y Cataluña.

jueves, 23 de noviembre de 2023

OCASIONES VILA

Esta vez quiero recuperar un comercio, Ocasiones Vila, y la calle que lo acogió se me resiste. De ella me vienen ahora pinceladas, como las sesiones de cine, recomendadas por José María Añaños, en la casa de los hermanos Argensola, o la tienda Caprichos, en la que mi madre iba a comprar helados para obsequiar a los que venían a casa el día del Carmen.

Se trata de la calle Mayor (hoy, Argensola), que a partir de mis catorce años fue "la calle de la frutería Celma" porque esa era la tienda de mis amigas. Recuerdo las manos de Clara eligiendo con mimo cada pieza de fruta, mientras yo esperaba para poder charlar con ella, y cómo no, el empuje de su madre, Josefina, una mujer vital y ocurrente (y así continúa pasados los 90), alma de un negocio que requería el esfuerzo, en distintos frentes, de la familia al completo. En su casa de la calle Martínez Vargas me sentía como en la mía y cualquier hora era buena para pasar ratos, no sólo de estudio. Me llegan mañanas luminosas, Manhattan Transfer en el tocadiscos, y risas, muchas risas.

viernes, 13 de octubre de 2023

ANSELMO Y EL ALMA DE LA CATEDRAL DE LEÓN

Pico Fortún 
Comarca de la Tercia (León)

La mañana apareció luminosa aquel día de primeros de mayo de 1983, en la pequeña comarca de la Tercia. Este bello territorio está situado en la montaña central de la provincia de León y a través del Puerto de Pajares se deja atrás la meseta y se accede a Asturias. En su cielo, de intenso azul, se recortaban las crestas y picos montañosos que, como centinelas, la rodean. Las lluvias de abril acentuaban los diferentes matices verdes que invaden el valle, ofreciendo, a quien lo observa, una poesía visual.

 

En la plaza del Ayuntamiento (hoy plaza de la Constitución) de Villamanín, población que aglutina los ayuntamientos de los pueblos que conforman la Tercia, más de una veintena de niños y niñas del colegio público de Santa María de Arbas, de edades comprendidas entre los 12 y 14 años, esperaban la orden de subir al autobús para iniciar una excursión cultural a la ciudad de León, cuyo objetivo principal era la visita a la Catedral. La mayoría de los niños no habían salido de la zona, de manera que el propio viaje les parecía una aventura y una desbordante emoción lo ponía de manifiesto.

 

Uno de esos niños era Anselmo. Vivía en un pueblecito próximo a Villamanín, que en años pasados gozó de escuela. Aún hay quien recuerda con cariño a Doña Consuelo Buil (de Barbastro), su entrañable maestra durante bastantes años.

 

Fue de su abuelo materno de quien heredó, además del nombre, el interés por la historia, el arte y la cultura en general. Al abuelo Anselmo le tocó hacer la guerra civil en el frente de Teruel y quizá lo que vivió y vio despertó en él el deseo de saber el “porqué de las cosas”. Un autodidacta, pues apenas fue a la escuela, y siempre con un libro entre sus manos.

 

Se encontraban los dos en la plaza, abuelo y nieto y, junto a ellos, Paquín, su amigo inseparable y de carácter opuesto. Anselmo, fantasioso e imaginativo, Paquín tranquilo y con una madurez por encima de su edad. El abuelo les daba las últimas recomendaciones: cuidado Anselmo, no te despistes que eres mucho de “volar solo”. Por favor, Paquín, contrólalo.

 

El autobús partió camino de León. Uno de los maestros les adelantó el programa previsto: visita rápida a algunos de los monumentos más conocidos de la ciudad y, a primera hora de la tarde, la visita a la Catedral, que era el objetivo principal. Se hará caminando para que conozcáis también la ciudad, así que os pido la máxima atención.

 

Comenzaron viendo San Marcos y después fue el turno de San Isidoro. Breves las visitas y concisas las explicaciones. Algo de historia, época de construcción y estilo de la obra. No querían saturar a los niños con mucha información. Comieron en el Parque del Cid. Al terminar, pasaron a ver el precioso edificio construido por Gaudí (conocido como Casa Botines).

 

Ascendiendo por la calle Ancha, llegaron a la plaza de Regla (también llamada plaza de la Catedral). Era el momento esperado por Anselmo. Su abuelo y él, desde que estuvo programada la excursión, habían hablado mucho de ella. Estaba ante la “Pulcrha Leonina” (la bella de León). Su mirada encantada, delataba admiración.

 

Uno de los maestros se puso de espaldas al templo, reunió a los niños delante de él, y les dijo: Como veis, estamos ante la fachada principal de la Catedral de León dedicada a la Virgen de Regla. Su construcción se realizó a lo largo del siglo XIII. Es la catedral más afrancesada de España por su parecido con las de Chartres y Reims (ciudades francesas). Se trata de uno de los edificios monumentales góticos más importantes que existen. Destaca, entre otras cosas, por tener, quizá, la mejor colección de vidrieras medievales que existen en el mundo.

 

Anselmo estaba absorto mirando todo lo que le ofrecía aquella maravillosa fachada, en especial, el fantástico rosetón del que se dice que es el corazón de la ciudad y las puertas de entrada, en las que distinguió el cilindro llamado “locus apelationis”, donde se juzgaba a los reos.

 

Una vez dentro del templo, los envolvió una atmósfera de luz y color inigualable. Los chicos, sobrecogidos por aquel clima, se apiñaron alrededor de los maestros. Anselmo no podía bajar la mirada de las vidrieras que, tamizando la luz del día, convertían a ésta en una preciosa luz gótica con una infinita gama de colores.


Vidrieras del ábside (Catedral de León)

lunes, 4 de septiembre de 2023

BOLTURINA (HUESCA)

Érase una vez un pueblo que trasladó sus fiestas patronales al día 20 de agosto porque el 15, día de la Virgen, era mucho más difícil contratar una orquesta que cinco días más tarde. Ese mismo pueblo aceptó de buen grado la expropiación del territorio ante la evidencia de que los jóvenes habían emigrado y los mayores, cada vez menos, podrían seguir sus pasos con holgura gracias a la compensación económica del acuerdo con el Opus Dei.  Este pragmático pueblo se quedó sin un solo habitante y poco después sin casas en pie. Sólo los restos de una iglesia y el camposanto nos hablan de antiguos moradores, después de más de 50 años.


Restos de la iglesia de Santa Ana (Bolturina)


Ayer, mientras Barbastro anticipaba el inicio de sus fiestas y las calles se llenaban de gente y de ruido mi destino fue Bolturina, donde los pájaros y los árboles ponían melodía a un paraje abandonado y cubierto por una vegetación exuberante.




Casa Ubis, Juanico, Salamero, Llanos, Costa, Mora, El Royo, Sesa, Layo, Miranda, Fuster, Franco, Ignacio, Lloren, Sánchez, Pablé, Sierra, Barrí; ni rastro de alguna casa, ni de la plaza del pueblo, ni de la escuela, tampoco queda fuente ni cruz, a lo sumo alguna teja y azulejos que hacen deducir que, entre la espesura, hubo viviendas.

Frente a la Puebla de Castro y Secastilla, muy cerca de Ubiergo, se localizaba este pequeño pueblo,  que llegó a contar con vivienda para la maestra, tienda de comestibles y hasta ayuntamiento (antes de depender del de Secastilla).  Rodeado de tierras fértiles en olivas, almendras, nueces, trigo, ordio (cebada), huertos y viñas, sus gentes vivían por y para el campo.

El conocimiento de Bolturina, pueblo deshabitado de la comarca de Ribagorza,  me llegó de la mano de una descendiente de Casa Antón, que a los 12 años vendría a Barbastro para aprender contabilidad en la calle Monzón, con Dña. María Llorens, madre de D. Pepe Broto. Después el destino la llevó al mundo de la costura, actividad que realizaría hasta su jubilación, desde su piso del Paseo del Coso.

Ayer tarde, desde su nueva vivienda, que ya no mira a la Catedral, sino a la Iglesia de San Francisco, Nati volvió a la niñez y recibió con inocente ilusión el puñado de higos y moras que le llevábamos de su pueblo.

Me consta que hay una asociación de Amigos de Bolturina y hasta la pandemia solían reunirse una vez al año para planificar actividades enfocadas a mantener viva la memoria de este pueblo. Sin duda el camino diáfano que permite acceder al cementerio es obra de algún descendiente de aquella tierra que necesita abrirse paso entre la maleza para reencontrarse con el pasado, aunque sólo sea para sentarse frente a la iglesia de Santa Ana y recordar el tañido de las campanas.


Los gozos de la Virgen -versión anterior a la fundación del Opus Dei-
(La antigua ermita de la Virgen de Torreciudad pertenecía a Bolturina)

viernes, 2 de junio de 2023

PLAZA DE SAN ISIDORO (LEÓN)

La plaza tomó el nombre de la Basílica de San Isidoro que se encuentra en ella conformando uno de los conjuntos románicos más importantes de Europa. Su nacimiento data del siglo X y, desde hace ya muchos años, se ha convertido en un referente turístico y cultural para la ciudad de León. 

 

Aunque la “entrada” al blog tiene como objeto acercaros a esta plaza con alma, que se extiende a los pies de la Basílica, me gusta citar 3 o 4 detalles que considero importantes de la misma.


Plaza de San Isidoro (León)

domingo, 23 de abril de 2023

CALLE CASARRUBUELOS (MADRID)

Este es el nombre de una calle porticada, escondida entre Vallehermoso y Escosura, por la que llevo años dejando volar la imaginación con la esperanza de que una peli, o una serie, quién sabe, nos cuente las historias que esconden antiguos almacenes y viviendas deshabitadas, salvándola del peligro de los piquetes. 


Calle Casarrubuelos (Madrid)
Primera fase de la demolición (2022)