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martes, 21 de abril de 2026

LA CALLE DE LA PEÑA Y EL ESTUDIO MAYOR DE GRAMÁTICA (BARBASTRO)

Cuatro siglos de cultura en un rincón humilde

La calle de la Peña, situada en el antiguo barrio medieval del Entremuro de Barbastro, nacía en la antigua puerta Traviesa, ubicada esta entre el actual Museo Diocesano y la residencia de las Hermanitas de la Caridad. Desde allí asciende con fuerte pendiente hasta la calle de la Esperanza y, en sus orígenes, discurría junto a la segunda muralla que subía hacia la Barbacana. Es probable que su nombre proceda de la proximidad a la “Peñeta” o que, incluso, llegara hasta la antigua mezquita, después iglesia del Santo Sepulcro, situada junto a la “Peñeta”

Mi intención con este escrito es querer significar que esta calle humilde y solitaria, casi olvidada, envuelta en silencio y algo triste, fue durante cuatro siglos alegre y bulliciosa y el principal foco cultural de Barbastro. En ella, en sus casas, se trasmitió el conocimiento a generaciones de jóvenes.

En la Edad Media fue una calle mucho más habitada y activa que en la actualidad. En ella convivían judíos y cristianos, y se escuchaban lenguas como el hebreo y el aragonés antiguo. Hoy es un lugar discreto y poco transitado, aunque bajo su apariencia silenciosa se esconde una historia cultural de enorme valor.

Tras la conquista de Barbastro por Pedro I en el siglo XII, coexistieron en la ciudad comunidades cristianas, judías y musulmanas, cada una con sus propias tradiciones educativas: los cristianos aprendían en las parroquias, los judíos en la sinagoga o con un rabino, y los musulmanes en las madrazas, entre las que pudo encontrarse la situada en la actual iglesia de Santa Ana.

Entre los siglos XIII y XV se desarrollaron en la Corona de Aragón los llamados Estudios Mayores o de Gramática, centros urbanos de enseñanza que superaban la instrucción parroquial. Barbastro, sede episcopal desde el siglo XII, tenía la entidad suficiente para albergar uno de ellos.

La primera referencia al Estudio Mayor de Barbastro procede del polifacético Ricardo del Arco, quien señala la existencia del Estudio ya en 1268, recogido este dato en un pergamino original conservado en el Archivo de la Catedral de Huesca. Según este historiador, dicho documento situaría al centro barbastrense entre los más antiguos del reino. Posiblemente solo por detrás del de Zaragoza.

En el Estudio se impartía, además de otros temas. esencialmente, el “Trívium”; Gramática latina, Retórica y Dialéctica y se preparaba a los jóvenes para estudios universitarios y carreras eclesiásticas. La Catedral de Santa María ejercía la autoridad principal: nombraba a los maestros, supervisaba la enseñanza y aportaba recursos, como pagos en especie de trigo y vino al maestro mayor. Los edificios utilizados eran propiedad del Concejo, que también asumía su costoso mantenimiento.

Aunque la documentación de los siglos XIV y XV es escasa en información sobre la evolución del centro, existen indicios notariales y municipales y asientos que acreditan la continuidad de la actividad docente durante este periodo.

A mediados del siglo XVI y durante parte del XVII se registran numerosos gastos destinados a mejorar y ampliar las estancias del Estudio, coincidiendo con su época de mayor esplendor, tanto por el número de maestros como de alumnos. Tanto Maria del Mar Mairal (archivera) en un artículo publicado en el nº 87 de la revista Argensola, como el historiador José Antonio Salas Ausens en su libro “La población en Barbastro en los siglos XVI y XVII“ (pag 63), dan exhaustivo detalle de estos dispendios.

El sistema educativo evolucionó hacia universidades que ofrecían enseñanza reglada y títulos oficiales. De los Estudios Mayores en Aragón, y de los Estudios Generales en otros territorios, nacieron las universidades como la de Huesca (1354) y la de Zaragoza (1542). Citaré, por su importancia y antigüedad, fuera del Reino, la de Salamanca y la de Valladolid, nacidas de Estudios Generales.

La consolidación de estas, junto con otras circunstancias, contribuyeron a la pérdida de relevancia del Estudio Mayor de Barbastro, que acabaría desapareciendo antes de la mitad del siglo XVII.

Es importante comentar que la primera fundación de Escuela Pía en España fue en Barbastro. En julio de 1677 se instalan “en las casas llamadas del Estudio Mayor”, aunque por un corto periodo de tiempo (hasta 1681), que se fueron para volver en el 1720 pero ya al lugar donde se encuentra hoy día el Colegio Escolapio.

La relación con la calle de la Peña es profunda. En la parte más alta de esta vía sitúan los historiadores las casas donde estuvo el Estudio Mayor de Gramática. A pocos metros, se encontraba la antigua sinagoga, que tras la disolución de la aljama judía en 1415 pasó a convertirse en la iglesia o ermita del Salvador. La mayoría de los investigadores la sitúan en la confluencia de las calles Mirador, Esperanza y la Peña. Hoy, todo ese espacio permanece en ruinas.

Conviene señalar, no obstante, que el medievalista Ángel Nasarre, en un artículo publicado en la revista Sefarad en 2025, propone situar la sinagoga (y posteriormente la iglesia) dentro de la Çuda, en un punto no muy alejado del lugar al que nos referimos. En cualquier caso, es preciso mantener la cautela que merecen siempre las hipótesis de los historiadores y especialistas, pues la aparición de nuevos documentos o el hallazgo de algún objeto arqueológico puede modificar o reforzar las interpretaciones existentes.

Como he querido dejar de manifiesto la calle de La Peña no es solo una calle del antiguo barrio del Entremuro porque bajo sus ruinas y su piel se esconde una apasionante herencia que merece ser recordada como uno de los pilares culturales de la historia de Barbastro.


Alfonso Ordín Náger

Ruinas cerca de donde estuvo el Estudio Mayor 
(casas de la imagen, calle Mirador)


lunes, 9 de marzo de 2026

ALGO SE MUEVE

En la calle Joaquín Costa se está dando una nueva vida a lugares que albergaron negocios emblemáticos. Los Almacenes San Juan son desde hace casi dos años los Almacenes Nau, la Botería Abadías acogió recientemente a NF Modas y edificios que hasta hace unos días conservaban los rótulos de Librería Arnal y Bazar Universal Mariano Puertas junto a Casa Abadías, se están rehabilitando. Le ocurre lo mismo al que acogió a la Joyería y Relojería Áncora. Son buenas noticias.

No hubo suerte con el traspaso de la carnicería Bernad así que hemos sentido la pérdida por partida doble, la primera al conocer que Toño Bernad se jubilaba y la calle y Barbastro perdían una carnicería prémium y la segunda cuando se volvía a cerrar tras haber sido traspasada, con muy buena acogida por parte del público.

Vemos como cada vez resulta más difícil mantener un comercio abierto y al parecer son muchos los factores que influyen en la decisión final. Las calles se resienten por ello. Toda nuestra admiración y los mejores deseos para los valientes emprendedores.

Quiero hacer mención al gastrobar abierto en la calle Oncinellas y cuya denominación es toda una declaración de intenciones: Alma [boca+arte]. El ventanal que se abre hacia la calle Conde le da oxígeno a esta aledaña que sufre las consecuencias de mantener edificios en estado penoso y permitir que la calle sea un basurero. Ni los vecinos y transeúntes cívicos, que los hay, ni la presencia de la Iglesia Evangélica de Filadelfia, ni el Museo de los Mártires Claretianos, ni la Delegación del Gobierno de Aragón, que “alarga” la calle hasta San Hipólito, desalientan a los que se sienten con el derecho de mancillar esta calle conocida popularmente como “de los Misioneros”.

Mantener los edificios en buen estado, realizar las inspecciones técnicas de los mismos, hacer un uso cívico de las calles y contar con un servicio de limpieza municipal eficaz (¡qué falta nos hacen más Gonzalos en el barrio!) son algunos de los objetivos que los ciudadanos demandamos al Ayuntamiento porque de su cumplimiento depende la calidad de vida de nuestra ciudad.

Una parte de la calle Cascajo sufre problemas de salubridad debido al fenómeno “paloma okupa”; la rehabilitación del edificio de Joaquín Costa, que comparten, puede suponer un beneficio visible para los que viven en ella y la transitamos.

La Asociación Vecinal de San Hipólito,  La Burreta, ha empezado su andadura con fuerza y con el ambicioso y encomiable propósito de poner de manifiesto las deficiencias que padece el barrio y reclamar el cumplimiento de leyes y ordenanzas.

Igual que un día fantaseé con la idea de que el Centro Comercial de la calle Joaquín Costa acogería una exposición de fotografías para revivir lo que fue esta calle y al hacerse realidad (9 de marzo de 2019) poníamos el énfasis en el abandono municipal de esta vía y sus aledañas, ahora, siete años  después y con la situación más deteriorada, me asalta una imagen relacionada con los solares ahogados por la inmundicia, esos que abundan en nuestro barrio.

Ya hace un tiempo que Foro B21 y particulares denuncian por distintas vías el estado deplorable en el que están muchos solares en Barbastro; confío en el movimiento vecinal  La Burreta  para lograr en San Hipólito lo que hasta ahora no se ha conseguido.

Mientras me imagino un solar inmundo reconvertido en huerto urbano respetable y respetado, cuál, uno de tantos …

Sí, algo se mueve, pero las acciones de los responsables municipales no se avistan. 

Calle Joaquín Costa (Barbastro)

viernes, 13 de febrero de 2026

BARBASTRO: CONVENTOS Y MONASTERIO

Piedra y silencio

Sabemos que en Barbastro existieron asentamientos anteriores a la llegada del islam: romanos, tardo-romanos e incluso, quizá, vascones, cuya presencia algunos autores la relacionan con el nombre del río Vero, palabra que en euskera significa “agua caliente” (teniendo en cuenta que los vascones bajaban al Somontano desde los Pirineos).

Pese a estos antecedentes, la tradición histórica considera que el fundador de Barbitania fue el militar musulmán Jalaf ibn Rashid en el año 802, y que el dominio islámico se mantuvo en la ciudad hasta 1100.

Durante esos tres siglos de presencia musulmana Barbastro no contó con iglesias ni ermitas cristianas. En cambio, según varios historiadores, llegó a tener ocho mezquitas: una mezquita mayor y otras siete repartidas por los distintos barrios. Tras la conquista cristiana algunas fueron derribadas o destinadas a diferentes usos, mientras que otras se transformaron en iglesias. La mezquita mayor acabaría convirtiéndose en la actual Catedral de Santa María.

A partir del año 1100, la Catedral y las distintas iglesias se nutrieron principalmente de clérigos seculares, pero comenzaron a surgir instituciones que marcarían profundamente la vida religiosa y social de la ciudad.

Iniciamos el recorrido por el Santuario-Monasterio del Pueyo (1101), tan querido por los barbastrenses y por todo el Somontano y que hunde sus raíces en la tradición medieval. Según la leyenda, en 1101 la Virgen se apareció al pastor Balandrán sobre la copa de un almendro, pidiéndole que levantara allí una ermita. En la Edad Media (a menudo llamada la Edad de la Fe) proliferaron relatos de este tipo, y el lugar se convirtió pronto en santuario y destino de peregrinación. Durante siglos estuvo en manos de clérigos seculares, hasta que en 1889 pasó a ser monasterio benedictino. Durante la Guerra Civil, dieciocho monjes fueron asesinados. Tras la contienda, la comunidad regresó y permaneció hasta 1962, cuando el monasterio pasó a los Misioneros del Corazón de María. Desde 2009 está atendido por el Instituto del Verbo Encarnado.

En el siglo XIII llegaron a Barbastro las órdenes mendicantes, muy valoradas por su cercanía al pueblo, en contraste con el clero secular, más vinculado a la nobleza. Se distinguían por su labor asistencial, su predicación urbana y la formación que ofrecían en conventos, situados casi siempre extramuros.

Franciscanos (1230) - Los franciscanos se establecieron en el arrabal, donde hoy se alza la iglesia de San Francisco. Tanto la iglesia como el primer convento fueron construcciones humildes, acordes con la regla de la Orden. Sin embargo  las donaciones populares permitieron su ampliación y transformación, entre los siglos XV y XVII, en un notable conjunto gótico-renacentista.

La amplia nave de la iglesia cuenta con pequeñas capillas laterales. Destaca especialmente la primera a la izquierda del ábside, la capilla de los Claramunt, decorada con pinturas renacentistas de Rafael Pertús, así como los azulejos de cerámica, probablemente procedentes de Muel (Zaragoza). Bajo esta capilla se encuentra una singular cripta funeraria, digna de visita.

Los franciscanos fueron exclaustrados en 1836, viéndose obligados a abandonar el convento y sus bienes. La mayor parte de las huertas fue adquirida por el marqués de Artasona, señor de Suelves, origen del nombre dado al barrio surgido posteriormente en la zona.

Plaza de San Antonio (Claustro del convento, en el pasado)
Detrás iglesia de San Francisco

Los Mercedarios se establecieron en 1292 en una humilde casa junto a la ermita de Santo Domingo, situada extramuros, en el camino conocido como la Tallada. Su misión principal era la redención de cautivos, cristianos apresados por los musulmanes, aunque también se dedicaron a la enseñanza y a la atención de pobres y marginados.

A mediados del siglo XVI construyeron un gran convento, con una notable iglesia y torre, comparable en tamaño a la de San Francisco. Durante la Guerra de la Independencia el edificio fue utilizado como cuartel por las tropas napoleónicas y quedó prácticamente destruido; posteriormente un incendio lo redujo a cenizas.

Tras la contienda, los frailes levantaron una modesta casa-convento con iglesia en la planta baja, pero la desamortización de Mendizábal provocó su exclaustración. El inmueble pasó a manos privadas y, con el tiempo, el abandono lo ha reducido a un triste esqueleto de ladrillo, pese a sus más de siete siglos de historia.

Trinitarios descalzos (1560) - El convento de los Trinitarios descalzos se levantó en 1560, como casi todos fuera de las murallas, al final de la calle de San Miguel, en el camino de Huesca, frente a una ermita entonces dedicada a la Virgen de Loreto. Era un conjunto amplio y sobrio con una iglesia bajo la advocación de San Cosme y San Damián.

Su misión principal era también el rescate de cautivos (no olvidemos que fue esta Orden la que logró la liberación del insigne escritor Miguel de Cervantes), además de la práctica de la caridad. Como prueba de ello, según D. Santos Lalueza, la actual calle de La Seo era conocida como calle de la Limosna, pues conducía hasta la puerta del convento, donde se repartía diariamente un plato de sopa, la limosna.

El convento sufrió graves daños durante la ocupación francesa y  posteriormente fue afectado por la desamortización. Desapareció por completo en 1846, quedando únicamente restos arqueológicos. Pascual Madoz, en su Diccionario, y el propio Santos Lalueza confirman que gran parte de sus materiales se reutilizaron en obras civiles de la ciudad, como la canalización de la mina y la alcantarilla mayor de Barbastro.

Clarisas franciscanas (1560) - El convento de las Clarisas franciscanas se levantó en 1560 junto a la ermita de Santa Lucía, en el solar que hasta comienzos del siglo XVI había ocupado el antiguo Hospital de Pobres (confluencia de las actuales calle Pablo Sahún y Joaquín Costa). El hospital se fusionó más tarde con el de San Julián, dando lugar al Hospital de San Julián y Santa Lucía, situado en la parte alta de la Tallada, al inicio del Camino Real de Zaragoza. 

La construcción del convento de las Clarisas fue posible en gran medida gracias a la donación de bienes de Juana Lunel. La comunidad seguía la regla franciscana y, a diferencia de los conventos masculinos, apenas sufrió daños durante la invasión napoleónica ya que las tropas lo utilizaron principalmente como almacén. Tampoco resultó afectado por la desamortización de Mendizábal. En 1936, como ocurrió en toda la zona republicana, las monjas abandonaron el convento, que fue empleado temporalmente como cárcel de mujeres. Tras la Guerra Civil regresaron, permaneciendo en la ciudad hasta 1969, cuando la falta de vocaciones obligó a cerrar la comunidad. Poco después, el convento y su torre fueron derribados y sustituidos por un edificio de viviendas de escaso valor arquitectónico.

Capuchinos (1610) - En ese año se colocó la primera piedra del convento de los Capuchinos, situado a las afueras de la ciudad, en la calle que aún hoy lleva su nombre. Rodeado de huertas, respondía al ideal capuchino de retiro, pobreza y autosuficiencia. Su sencilla iglesia estaba dedicada a la Virgen del Pilar y la comunidad centraba su labor en la predicación y la atención a enfermos y pobres. Durante la Guerra de la Independencia el convento fue utilizado como almacén. Tras el conflicto, los frailes regresaron y retomaron la vida regular, pero la desamortización de 1835 provocó su exclaustración. La comunidad se disolvió, el convento y las huertas fueron vendidos a particulares y el edificio desapareció. Hoy solo pervive el topónimo de la calle Capuchinos.

Capuchinas (1670) - Se establecieron inicialmente en una casa cercana a los actuales “jardinetes” (Plaza de Aragón). El mal estado del edificio llevó a construir un nuevo convento en el barrio del Entremuro, sobre la antigua Zuda musulmana, obra finalizada en 1737. Allí la comunidad vivió dedicada a la oración y al servicio espiritual. Durante la Guerra Civil, el convento fue utilizado como prisión: primero por las fuerzas republicanas (1936–1938) y después por las nacionales hasta 1945. En 2023 se anunció su posible marcha por falta de vocaciones, pero el apoyo popular las animó a permanecer en Barbastro y aquí siguen.

Entrada al convento de las Capuchinas

Paúles de San Vicente (1759) – Se ubicaron en el edificio que en principio ocuparon las Capuchinas en los ya mencionados “jardinetes”, antes de su traslado al Entremuro. Se construyó nueva iglesia y convento, siendo la casa seminaria “grande y suntuosa”, según López Novoa. Se dedicaron a la enseñanza, la asistencia y la predicación y, a pesar de ser religiosos regulares, a la formación de sacerdotes seculares. Como otros conventos sufrieron los efectos de la Guerra de la Independencia y fueron exclaustrados en 1836 tras unos 75 años en Barbastro.

Aunque coexistieron en el tiempo, no se incluyen aquí las Escuelas Pías, cuya fundación se decretó en 1679, ni el colegio de las Hijas de la Caridad (Paúlas), establecido en 1799, por tratarse de colegios y no de conventos. Comparten la peculiaridad de ser los primeros centros educativos en España de sus respectivas órdenes.

Tras la Desamortización de Mendizábal, Barbastro acogió en 1888 a los misioneros del Corazón de María, que instalaron iglesia, seminario y convento en la actual calle Joaquín Costa, nº 17, comunidad que aún subsiste, aunque muy mermada. También se establecieron las Siervas de María, cuidadoras de enfermos, en 1890, primero en la calle de La Seo y posteriormente en su convento de la calle de Las Fuentes, activo hasta 2024, cuando cerró por falta de vocaciones, tras 135 años de presencia ininterrumpida en la ciudad.

La historia religiosa de Barbastro entre 1100 y 1850 muestra un notable desarrollo de la vida conventual, especialmente entre 1650 y 1850. En ese periodo la ciudad llegó a contar con siete conventos (cinco masculinos y dos femeninos) además del Santuario del Pueyo. Más de doscientas personas vivían entonces dedicadas a la vida religiosa, una cifra muy significativa para una población que apenas alcanzaba los tres mil habitantes, según el censo de Floridablanca.

A pesar de su importancia social, cultural y arquitectónica, la mayor parte de este patrimonio conventual ha desaparecido. Solo se conservan algunos vestigios: la iglesia franciscana (no así su convento), el convento de las Capuchinas y el Santuario del Pueyo. El resto de edificios, incluidos conventos, iglesias y torres, se han perdido por completo, más allá de algún resto arqueológico. Y cuando se pierde el patrimonio, también se debilita la memoria colectiva.

 

Alfonso Ordín Náger


lunes, 3 de noviembre de 2025

CALLES QUE SUSURRAN

Entre el mercado y la peste. Barbastro medieval (1300 a 1350)

Este verano, durante la breve visita a León de unos amigos de Barbastro, les mostramos parte del valioso patrimonio histórico de la ciudad y compartí mis modestos conocimientos sobre lo que estábamos viendo. Dani, uno de los jóvenes hijos de nuestros amigos, me dijo: sabes, Alfonso, que me estoy dando cuenta de que de la historia de nuestra ciudad no sé nada …”

Ya en Barbastro, sentí la necesidad de “perderme” por el barrio del Entremuro, para mí el alma de la ciudad. Una mañana soleada me encontré caminando por ese entramado urbano de origen musulmán. El barrio estaba desierto, bañado por una luz especial. El silencio lo invadía y las calles vacías parecían susurrar historias de tiempos pasados.

Llegué a la plaza de La Candelera, me senté. Recordé a Dani y busqué el eco de aquellos tiempos y mi mente viajo hacia atrás, hasta comienzos del siglo XIV.

En el año 1300, Barbastro llevaba dos siglos bajo dominio cristiano, desde que Pedro I la conquistara en el 1100. Aunque no se conservan censos, a través de documentos eclesiásticos y protocolos notariales se estima una población entre 2000 y 2500 habitantes: un 80% cristianos, unos 200 judíos y cerca de 100 mudéjares.

Calle La Encomienda

La convivencia entre culturas era relativamente pacífica, salvo algunos conatos en celebraciones religiosas. En el ámbito comercial, predominaba la colaboración. Las tres religiones gozaban de libertad de culto, protegida esta por el fuero aragonés, aunque judíos y musulmanes debían de pagar impuestos especiales, lo que beneficiaba a la corona.

La lengua vehicular era el aragonés medieval, derivado del latín vulgar. Entre musulmanes, el árabe era la lengua de comunicación y el hebreo entre los judíos. El latín seguía siendo la lengua culta, usada en documentos administrativos y eclesiásticos.

La economía se basaba en la agricultura, ganadería, artesanía y comercio.

En la plaza en la que me encuentro, La Candelera, se celebraban mercados semanales y ferias anuales. En las fechas a las que me refiero, esta plaza se quedaba pequeña dado el movimiento comercial que en ella se generaba. Barbastro se expandía; fuera muros tras la puerta Traviesa, que iba desde el Palacio del Obispo a las “Hermanitas”, se estaba abriendo la “carrera mayor” (hoy calle Argensola). Pero el nuevo mercado no sería una realidad hasta finales del siglo XIV.

La Candelera cobraba vida durante los días de mercado, especialmente en los de feria. Saltimbanquis, acróbatas, juglares, trovadores, músicos y bailarinas, animaban el ambiente, transformando el mercado en un espacio de comercio y entretenimiento popular. Aunque predominaba el aragonés, se oían lenguas diversas como el hebreo, árabe, catalán e incluso dialectos del sur de Francia. Los mercaderes, expertos en el valor de distintas monedas, facilitaban los intercambios con destreza.

miércoles, 13 de agosto de 2025

CON ESPERANZA

 

Solar en la calle Nueva de Campo (Huesca)

Sin expectativas y con esperanza.

El verano desenfoca el entorno cotidiano.

Si riegan la calle a primera hora, ocurre con frecuencia, me gusta mirar desde el balcón la labor que realiza el operario del Ayuntamiento; su afán por mantener el chorro de agua a presión en determinadas zonas singularmente ensuciadas resulta encomiable.

El calor aún no ha hecho acto de presencia y en la calle Joaquín Costa reina el silencio. Alguna persona la transita. Oigo el crotoreo de las cigüeñas de la torre de los Misioneros, contentas como yo a primera hora de la mañana.

El pensamiento descansa en esta realidad y siento que me gusta mi calle; me gusta hasta que llega la tarde-noche y en algunas esquinas se instalan personas que hablan a gritos, desempolvan aparatos de los que se proyecta la música a todo volumen, mientras la chiquillería juega descontrolada con bicicletas y monopatines.

En estos momentos es cuando ratifico que en verano me faltan las fuerzas para batallar. No quiero pensar en cómo la calle se está ensuciando con latas y envoltorios de chucherías y restos de cualquier elemento que, poco antes de arrojarlo al pavimento, entretenía, pero así es, día tras día.

Por una rendija del velo que coloco involuntariamente sobre la cruda realidad vecinal entra la esperanza que me producen municipios donde la calle se cuida y los solares sin edificación no se llenan de desperdicios como ocurre en la calle Joaquín Costa y aledañas (la vegetación espontánea, si la hay, esconde la inmundicia).

Son espacios que otrora albergaron un edificio y hoy vemos que se “protegen” con amor porque la calle importa.

Este lugar está en la calle Nueva de Campo, municipio a los pies del pico Cotiella.

Quiero compartir la imagen que me emocionó hace unos días.

Sigo esperando un paso adelante por parte del Ayuntamiento de Barbastro y los propietarios de los solares degradados. Si se diera, la colaboración de muchos vecinos llegaría y tal vez, entre todos, se podría acabar con las prácticas incívicas.  La acción de cuidar invita al cuidado.

¡Feliz verano!


Calle Nueva (Campo)
Al fondo, a la derecha está el solar fotografiado

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Un mar de dudas 23/07/2020

lunes, 17 de junio de 2024

ALMACENES ALBERT&ARTERO (BARBASTRO)

El día que oí que Artero iba a cerrar, la incredulidad se adueñó de mí y conservé la esperanza hasta que el augurio se convirtió en noticia.

Desde siempre para mí, el principio de la calle Oncinellas ha sido territorio Artero; CEPA me llega con la sonrisa amorosa de Mariví Pueyo, y como ella, ha habido otras muchas dependientas (y el Sr Olivos) que han contribuido a que este establecimiento familiar tenga el rango de gran comercio.



En los Almacenes Albert&Artero encontramos de todo (me resisto a escribir en pasado), en parte porque siempre sale a nuestro encuentro la persona que conoce el género, en tienda o almacén, y no escatima esfuerzos para ofrecer lo que busca el cliente o, en su defecto, aquello que más se ajusta a la petición. Comprar en un establecimiento que tiene distintas secciones y gran variedad de productos, y contar con vendedoras dispuestas a ayudar al comprador es un plus de atención marca Artero, a pesar de la tendencia sustentada en el lema “sírvase usted mismo”, que hasta en El Corte Inglés, por desgracia, se cotiza al alza.

La otra tarde, una emocionada dependienta de la última plantilla nos hablaba de los días previos al cierre; su expresión me hacía ver que el sentimiento de pérdida está a ambos lados del mostrador y el compartirlo me dio cierto alivio.

Y es que en Barbastro acabamos de perder un comercio singular, condición que no se la otorga el hecho de haber abierto sus puertas hace más de 180 años (todo un record, sin duda), sino la maestría de haber sabido adaptarse a las necesidades del cliente en cada momento y hasta el final. El cierre llega por jubilación, un hermoso motivo aun sabedores de que la fórmula que patentó el primer alquimista de la familia ha sido conservada y mejorada por los sucesores. ¿Se puede pedir más?

Sí, yo pedía que no se confirmara el anuncio de aquel día que ha quedado retenido en mi memoria.

Artero ha sido escuela para muchos profesionales del comercio, unos hicieron de Albert&Artero la casa donde desarrollaron su actividad profesional y otros optaron por abrir tienda propia.




Los Almacenes Albert&Artero ya están sentados a la derecha de Mercurio, como lo hicieron antes otros comercios en Barbastro, sin que el volumen de ventas determinara la obtención del pasaporte al Olimpo. Recuerdo Coloniales Palá, Casa Acín, Sederías Goya, La Isla de Cuba, Almacenes Simeón, La Rosaleda, Ocasiones Vila, Almacenes San Juan, La Tienda Nueva … y el penúltimo, SAMA. Son los que quedan en la memoria de las gentes, a los que se alude cuando se quiere resaltar el alma comercial de Barbastro, los que van unidos a personas que “nos lo hicieron fácil”, ¡los inolvidables!, por estas u otras razones, cada uno tenemos nuestros elegidos.

Un buen día, Conchi Abadías entró a formar parte de la familia Arbert Artero y su presencia en la tienda nos alegró, llevaba consigo el sello de una saga de comerciantes insignes, ligados a la calle Joaquín Costa, que a través de ella se hermanaba con Oncinellas.

Gracias, Artero, por vuestra gran historia de la que formamos parte los habitantes de Barbastro y los de otros muchos pueblos de Aragón y autonomías limítrofes como Navarra y Cataluña.

lunes, 8 de abril de 2024

TARDES CON SABOR A CHOCOLATE

No hace mucho tiempo, me llamó la atención un artículo de Antonio y Toni Soláns, con sugerente título, al menos para mí: Las fuentes de Barbastro. En él, padre e hijo, relacionaban unos cuarenta caños, entre fuentes urbanas y situadas en las inmediaciones de la ciudad.

Identifiqué varias de ellas pues cuando era niño, allá por los años cincuenta, y con una cierta frecuencia, eran destinos maravillosos para pasar un rato en familia, en las tardes o días de verano.

 

Y de inmediato, recuerdos escondidos en los rincones de la memoria comenzaron a caer en cascada envueltos en olores, colores y sabores, sensaciones un tanto nostálgicas, que siempre acompañan a las evocaciones.

 

Dos de ellas eran las más frecuentadas por mi familia: La fuente Franco y la fuente Pascual.

 

La fuente Franco se encuentra algo alejada de la ciudad, en la carretera de Salas, superado el molino nuevo. La excursión requería pasar el día. Situada cerca del río, tenía el valor añadido de que en sus proximidades el Vero formaba una “gorga” que permitía el baño refrescante. Su recuerdo va unido a olor a monte y río, y sabor a ensaladas y tortilla de patata.


martes, 30 de enero de 2024

CASA DE LA MISERICORDIA (BARBASTRO)


Instituciones con alma

Antes de referirme a la Casa de la Misericordia, una pequeña pincelada de cómo se hallaba la ciudad de Barbastro en el siglo XVIII. Con una población de 3 a 5 mil habitantes, la estructura social no difería mucho de los siglos anteriores; con guerras, ruina económica y epidemias, causantes de las alteraciones demográficas.

Referente a la sanidad, tuvo cambios importantes, sobre todo en la segunda mitad del siglo, no en cuanto a las terapias, sino en relación con determinadas prácticas higiénicas porque fueron imponiéndose de forma obligatoria, tanto en las personas como en la propia ciudad. Se implantó la norma de quemar la ropa de los fallecidos por epidemias y muy significativo fue el avance que supuso para la enseñanza de la medicina el complementar la formación teórica con la práctica “a pie de cama”.

Las autoridades civiles comenzaron a interesarse por los ancianos y niños, y el servicio sanitario pasó a contar con la asistencia de 3 médicos, dos boticarios, 3 cirujanos y 2 parteras.

Pero la ciudad estaba inmersa en una ruina económica. Faltaban brazos para trabajar en la agricultura y manos para la industria. Según señala López Novoa en su Historia de Barbastro “debido a la ociosidad en que vivían muchas gentes, así de hombres como de mujeres, habiéndose entregado a la postulación”.

El hospital de pobres de San Julián y Santa Lucía rebosaba necesitados y la atención a los enfermos pasaba a ser una labor secundaria.

Ante esta situación, en febrero de 1767, a propuesta del Corregidor Sr. Vicente Corral y el consenso del resto de autoridades, civiles y eclesiásticas, se redacta un escrito en el que se solicita al Consejo de Castilla autorización para construir un hospicio o casa de la Misericordia. El Consejo no dio su aprobación hasta 1769.

La Casa de la Misericordia se comenzó a construir ese mismo año, en un solar pasado el puente de San Ramón (hoy, puente del Amparo), a mano izquierda, donde en la actualidad se encuentra la Casa Amparo. Las obras concluyeron en 1775 y las puertas no se abrieron, por falta de recursos, hasta 1781.


Casa Amparo (hacia 1960)

Para regir la institución se creó una Junta del Hospicio (o Sitiada). En la casa de Misericordia se recogían a pobres y a niños los cuales disponían de dormitorios adecuados a sus edades y sexo. Había también capilla, tahona, cocina y talleres, donde los acogidos podían aprender oficios varios. La Casa de la Misericordia fue puesta bajo la advocación de Nuestra Señora del Pueyo.

Con la apertura de la Casa, el Hospital de San Julián y Santa Lucía se liberó de parte de su clientela habitual de tal forma que pasó de ser considerado hospital de pobres a figurar, en los documentos oficiales, como Hospital de Enfermos de la Ciudad.

Para el mantenimiento de la Casa de la Misericordia se destinaron limosnas y una serie de rentas provenientes de fundaciones, como las creadas por J. Callén y otra de P. Castro. Solo de esa manera pudo sostenerse la casa hasta 1808.

La guerra de la Independencia asoló también a Aragón; en Barbastro, los conventos de los Mercedarios, Paúles, Capuchinos, Trinitarios y la Casa de la Misericordia quedaron destruidos. Los franceses instalaron en ellos sus cuarteles. La Casa de la Misericordia se abandonó y se disolvió la Junta.

El edificio quedó muy dañado y se rehabilitó gracias a las importantes donaciones de D. M. Fumanal (canónigo) y a la emergente figura benefactora de D. Pablo Sahún Palacín, que cuenta con una calle dedicada a él, aunque popularmente la conozcamos como calle Las Monjas.

En 1819 estaba preparada nuevamente la Casa de la Misericordia para acoger a pobres y desvalidos, pero la época volvía a ser convulsa con nuevas guerras y la institución quedó dañada y despojada de enseres, quedando casi en ruina y abandonada hasta que D. Pablo Sahún compró la propiedad y la reedificó a su costa. No pudo ver culminada su labor pues falleció en 1857, en Huesca.

Su heredera usufructuaria, Dña. Magdalena Paracuellos, llevó a cabo la conclusión de la obra en 1858 y la apertura de la casa en diciembre de ese mismo año, pero ya con el nombre de Casa Amparo.

Unos años más tarde, Barbastro contaría con una nueva casa para ancianos. Sería en 1873 cuando D. Saturnino López Novoa, junto con la religiosa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, fundaban la congregación de las Hermanas de los Pobres Desamparados.

Ambas instituciones han llegado a nuestros días, la primera como Casa Amparo y la segunda como Hogar Padre Saturnino López Novoa.

Barbastro contaba, a finales del siglo XIX, con 7000 habitantes.


Alfonso Ordín Náger




jueves, 23 de noviembre de 2023

OCASIONES VILA

Esta vez quiero recuperar un comercio, Ocasiones Vila, y la calle que lo acogió se me resiste. De ella me vienen ahora pinceladas, como las sesiones de cine, recomendadas por José María Añaños, en la casa de los hermanos Argensola, o la tienda Caprichos, en la que mi madre iba a comprar helados para obsequiar a los que venían a casa el día del Carmen.

Se trata de la calle Mayor (hoy, Argensola), que a partir de mis catorce años fue "la calle de la frutería Celma" porque esa era la tienda de mis amigas. Recuerdo las manos de Clara eligiendo con mimo cada pieza de fruta, mientras yo esperaba para poder charlar con ella, y cómo no, el empuje de su madre, Josefina, una mujer vital y ocurrente (y así continúa pasados los 90), alma de un negocio que requería el esfuerzo, en distintos frentes, de la familia al completo. En su casa de la calle Martínez Vargas me sentía como en la mía y cualquier hora era buena para pasar ratos, no sólo de estudio. Me llegan mañanas luminosas, Manhattan Transfer en el tocadiscos, y risas, muchas risas.

jueves, 2 de febrero de 2023

CALLE JOAQUÍN COSTA Y ALEDAÑAS (BARBASTRO) (2/2)

El niño y las calles


”… te voy a explicar a qué obedecen los nombres de la calle de nuestra niñez y el de todas las que encontremos desde el Rioancho (calle General Ricardos) hasta llegar a La Tallada, la plaza de nuestra casa”. Así le dijo el señor al niño que fue.

Joaquín Costa, Santo Domingo, Cascajo y Esparza quedaron recogidas en la entrada del mes de diciembre.





Calle Conde – Calle de los Misioneros (*)

El recorrido continúa por la calle Conde. Esta vía se creó a finales del siglo XIX, como consecuencia de la construcción del convento e iglesia de los Misioneros del Corazón de María, fechada en 1888.

Según aparece en algún documento, los claretianos se instalaron en una casa cedida por un particular desconocido, aunque otros recogen que fue el conde de Güaqui, esposo de la V marquesa de Artasona, quien donó la casa y de ahí el nombre de la calle, “Conde” o “del Conde”, pero siempre conocida como calle de los Misioneros.

No recordamos muchos negocios asentados en ella desde mitad del pasado siglo. Esquina con la calle Monzón estuvo la Caja de Ahorros, también Telefónica y más recientemente la Academia Cumbre. Se derribó la casa del Doctor Brusáu y quedó un solar enlatado, que desde hace muchos años es un vertedero, sin que se haga nada al respecto, a pesar de las denuncias de los vecinos. La carbonería del Sr. Guillén; el horno de la Sra. Filo, en el que obraba sus deliciosos dulces, que luego vendía en el local de la calle Monzón; la panadería de Justo … Al al final de la calle, donde hoy se encuentra la Delegación del Gobierno de Aragón, estaban las cuadras del palacio de los marqueses de Artasona, situadas en la parte trasera del mismo (ver detalle final de la torre del Marqués en la fotografía que ilustra la calle Saso y Saurina) 


Calle Lacorte – Violante Lacort (o Lacorte) (*)

Violante Lacorte (así se llamaba, desde el siglo XVII, la calle que ahora transitamos) fue la esposa de Lasierra, barón de Letosa, vecino ilustre de la calle Monzón. Esta señora, de buenas costumbres, nació en el siglo XVI, quizá en el Bearn, una región del Pirineo francés. Con el paso del tiempo la vía pasó a llamarse calle La Corte.

No puedo recordar ningún negocio instalado allí, más allá de los que ocuparon, en distintos momentos, los situados en la esquina con la calle Monzón. 

 

Calle de Saso y Saurina (*)

En los siglos XV y XVI algunas familias de notarios tenían sus vivienda y despachos en el camino de Monzón o en calles aledañas, muy cerca de esta vía principal (calle Joaquín Costa).

La saga de los Saso, una de las más prestigiosas, estaba ubicada en la calle Saso y Saurina. Por otra parte, Miguel Saurina fue un destacado maestro de obras durante la primera mitad del siglo XVI que participó en proyectos tan importantes como las torres de la casa Consistorial (1536) o la Catedral de Barbastro (1542).

Creo que el nombre de la calle Saso y Saurina se puede deber a que estos personajes tuvieran ubicadas sus viviendas en ella, o bien podría ser consecuencia de la unión de ambas familias. Las dos hipótesis están pendientes de constatar, pero no cejaremos en el empeño de lograrlo.

Algunos de los vecinos de esta calle han reformado sus casas y con ello muestran su arraigo al lugar. Otros se fueron y la calle está jalonada por solares y casas “espaldadas”. Hacia la mitad del recorrido se abrió un espacio  (para “esponjar” el barrio, dijeron los políticos) que comparte con la calle de los Misioneros y que constituye la plaza de la Primicia. Tanto el estado de la plaza como el abandono del aparcamiento subterráneo bajo su piel son ejemplos de la desidia municipal, que repercute muy negativamente en la higiene y seguridad del entorno.


Plaza de la Primicia, desde la calle Saso y Saurina
En primer plano, entrada al parking (inactivo)


Calle Ramón Palacios – Callizo del Saco (*)

Era una calle sin salida, de ahí el nombre popular de “callizo del saco”. En alguna remodelación de la zona, quizá a finales del siglo XIX, abrieron un paso estrecho, peatonal, hasta la plaza de La Tallada.

La familia Palacios, aun sin pertenecer a la nobleza, fue muy influyente ya en el Barbastro del siglo XVI. Un Ramón Palacio (ciudadano-labrador) ocupó cargos de jurado y procurador. Creo que el nombre de la calle se debe a este personaje. Las casas construidas al final de la calle, por el lado izquierdo, formaban parte de la muralla o muro que subía por La Tallada. Las entradas a las viviendas eran por el propio callizo, pero algunas de éstas mantenían una puerta por la que se salía extramuros. Ramón Palacios tendría allí su casa pues en un documento de la época se dice “se le da permiso a Ramón Palacios para abrir la puerta falsa, en tanto sea tiempo de las eras”.

En los años 50 del pasado siglo la mayoría de las familias que habitaban la calle eran agricultores, con sus fincas, eras y pajares por los alrededores del Terrero. Entonces era una calle bulliciosa, tanto el ajetreo de las caballerías de labor, algún carro, así como los niños que jugaban en la calle, la llenaban de vida.

En un momento dado, el señor le comentó al niño: “… conocías todas las casas de esta calle, pero te voy a nombrar sólo una porque te encantaba el nombre, el más bonito de todos para ti, la que se conocía como Petra Flor”.


Calle Pablo Sahún – Calle de las Monjas (*)

La denominación “calle de las Monjas” está tan arraigada que no muchos barbastrenses saben que el nombre oficial es calle Pablo Sahún, y menos todavía conocen quién fue esa persona, nacida en Zaragoza a finales del siglo XVIII.

A Pablo Sahún Palacín le tocó vivir la guerra de la Independencia, en la que participó y destacó como miembro del Cuerpo de Voluntarios de Aragón. Fue apresado y conducido a Francia. Tras ser liberado en 1815 se trasladó a Barbastro, al lado de su tío D. Luis Joaquín.

Pablo Sahún fue alcalde de la ciudad y llevó a cabo muchas obras sociales utilizando la importante herencia que recibió de su tío. A reseñar la casa Amparo, llamada entonces Casa de la Misericordia, que compró y dotó de abundantes rentas y el Hospital de San Julián y Santa Lucía. Asimismo destinó mucho capital a atajar el terrible cólera que asoló Barbastro en 1855. Fue nombrado Diputado por Barbastro en Huesca. Su fallecimiento ocurrió en mayo de 1857 y sus restos fueron enterrados en la iglesia de San Bartolomé, donde permanecieron hasta la destrucción de la misma durante la Guerra Civil.

Esta calle fue llamada con anterioridad calle de Santa Lucía, por la ermita dedicada a la santa situada en la esquina con la calle Joaquín Costa, junto al hospital para pobres que desde el siglo XII, y con el mismo nombre, ocupaba el solar que después albergó el convento de las monjas Clarisas, allá por el año 1560. A partir de entonces el pueblo va acomodando el nombre de la calle y empezará a conocerse como calle de las Monjas, hasta el día de hoy.

Iban recorriendo la calle y el señor musitó al niño “esta calle también te trae recuerdos …” después de la calle Monzón era la más comercial del barrio y añadió “poca gracia te hacía cuando tu madre te ponía un pozal en la mano y te mandaba a comprar carbón vegetal a casa del Sr. Silvestre”.


Plaza de La Tallada (*)

Por fin llegaron a la plaza de La Tallada, la raíz de sus vidas; y se sentaron en un banco. El panorama que contemplan ahora nada tiene que ver con el de su infancia, aunque algún vestigio de aquellos años queda.

“¿Sabes?”, comenzó a decir el señor en ese registro tan particular que mantenía con el niño, e inició otra de las muchas explicaciones que iba dejando en cada calle … hay una palabra árabe de cierta parte de Marruecos que se escribe “Talja” y se pronuncia algo así como “tallad”. Su significado en castellano es subida o acción de subir; y teniendo en cuenta que en la parte más alta de la avenida de la Merced, al parecer, había un arrabal árabe al que llamaban la morería alta, creo que es coherente considerar que el sustantivo Tallada tiene un origen árabe.

Luego el señor se mantuvo callado unos segundos, como meditando … para luego decir “muy diferente a la de aquel tiempo, sí …, quizá sea la plaza más añorada, pero su aspecto ha mejorado mucho y eso me alegra. La vida vuela rápida y para bien o para mal casi todo cambia. Además la geografía, como dicen ahora, de nuestra niñez está perfectamente custodiada en nuestro interior, al amparo de la imaginación. O no sientes algo especial, como una energía singular muy nuestra, al estar aquí, a pesar de todo. Ya te dije el otro día que los sentimientos jamás caducan.

Querido compañero de vida, he compartido mi interés y conocimientos por la calle Monzón y sus aledañas y eso me congratula. Sé que no te he reseñado el nombre que tuvieron algunas de estas calles en épocas convulsas y ha sido así porque fueron nomenclaturas efímeras. Seguiremos investigando para despejar las incógnitas que han quedado en el camino”

Al poco tiempo un pequeño autobús urbano realizó la parada de la plaza, “te das cuenta, ahí vemos un signo de progreso. Jamás hubiéramos pensado por aquel entonces que un servicio como éste existiera en Barbastro y menos que pasara por La Tallada”

El señor se quedó observando a la gente que bajaba y subía del autobús y cuando de nuevo quiso dirigirse al niño, se había ido. No le importó porque lo mismo que el invierno alarga el brazo buscando la primavera, así él acude cuando lo necesita al niño que fue.

Se levantó y se dirigió al estrecho paso que conduce al callizo del Saco y su niñez lo seguía.

 

Nota aclaratoria (*): En primer lugar se reseña la nomenclatura oficial actual, a continuación cómo se distinguía la calle en el siglo XVI (según el historiador Antonio Salas Auséns) y por último, el nombre con el que se conoce la calle popularmente, en el caso de que sea otro.

 

Alfonso Ordín Náger


Plaza de La Tallada
A la izquierda, casas con accesos por el callizo del Saco

miércoles, 14 de diciembre de 2022

CALLE JOAQUÍN COSTA Y ALEDAÑAS (BARBASTRO) (1/2)

El niño y las calles


Érase una vez un niño que recorría la calle Monzón cuatro veces al día para ir y volver del colegio. Se sabía el nombre de todas las calles que iban saliendo a su encuentro, pero cuando aprendió a leer las placas que las anunciaban se dio cuenta de que, en algunos casos, figuraba un nombre diferente al que él conocía. Preguntaba por aquellos personajes y sólo encontraba posibles respuestas con ayuda de la imaginación “¿aquél será el dueño de la calle?”, “¿éste vivirá en alguna de sus casas?” … 

Hoy, ese niño, que no sabe cómo ha ido pasando la vida pues los meses se le han hecho días y los años meses, se reconoce en el señor que a menudo pasea por la calle Monzón arrastrando sus callados recuerdos. Un día, queriendo darles vida, le oyó decirse …”te voy a explicar a qué obedecen los nombres de la calle de nuestra niñez y el de todas las que encontremos desde el Rioancho (calle General Ricardos)  hasta llegar a La Tallada, la plaza de nuestra casa”. El niño, con bata de rayas, botas de suela de "crepé" y cartera a la espalda, se entregó al ilustrado recorrido.

 

Calle Joaquín Costa - Calle Monzón (*)

Es la arteria madre, una de las principales del barrio de San Hipólito. Todo el mundo conoce el personaje al que hace referencia: Joaquín Costa, una gran figura del Alto Aragón (nacido en Monzón en 1846 y fallecido en Graus en 1911). Historiador, jurista, economista … un polifacético hombre que luchó como un león (así lo llamaban algunos, el “León de Graus”) por los regadíos de esta tierra, entre otras muchas cosas. 

Pero a pesar de los evidentes méritos de Costa para ostentar el nombre de una de las calles (que lo fue) más populares de la ciudad, la gente la llama como lo hizo desde que nació esta vía, allá por los siglos XII o XIII “Camino o Calle de Monzón”. 

Fue, sin lugar a dudas, durante mucho tiempo, la calle más transitada de Barbastro, pues por ella entraban las mercancías que llegaban desde Monzón y Cataluña, accediendo por la puerta llamada de “La Tallada”, lugar para fiscalizar con los correspondientes impuestos, y donde hoy está el supermercado Mi Alcampo. 

Hemos hablado tanto de esta calle, musitaba para sus adentro el señor, que temo perder la objetividad y caer en la nostalgia, que quiero eludir a toda costa, a la hora de analizar el antes y el después de este paisaje de mi infancia. Los “actores” de este escenario, junto con mis padres, me enseñaron con su conducta valores esenciales para la vida (solidaridad, educación, generosidad, respeto ...). 

Recibí amor a raudales de los vecinos de una de sus casas, a la que sí miro con nostalgia cuando paso cerca de ella; ese sentimiento sólo a mí me pertenece y no prescribe. 

¿Recuerdas?, en aquel entonces la calle Monzón estaba viva, la gente se detenía con frecuencia a hablar en plena calle, en las tiendas se “capaceaba” y como decía nuestro amigo Joaquín Coll Clavero, “era una ciudad en sí misma”. Ahora la vida pasa por ella, o se adentra en sus viviendas; nadie espera a nadie, ni siquiera a las golondrinas que durante mucho tiempo llegaron puntuales para anunciar la primavera. 

No reclamo que volviera a ser la calle de ayer”, pero una mayor atención por parte de los poderes públicos sí merece, tanto ella como las aledañas, pues, al margen de otros méritos, no hay que olvidar que este “cuartón” se comenzó a formar hace 700 años; habitado desde siglos por gente sencilla, con los mismos afectos y temores que la de cualquier otro barrio de Barbastro, pero con mucha historia detrás.


Calle Joaquín Costa, esta mañana
(desde General Ricardos)