jueves, 6 de enero de 2022

UNAS ERAS NEVADAS

El 6 de enero, en Santo Domingo 23,  no quedaba un sueño por cumplir; el día aún no había amanecido cuando mi padre nos avisaba de que habían pasado los Reyes. Durante el corto recorrido del dormitorio al balcón del cuarto de estar, en pijama, no recuerdo haber sentido frío ninguna madrugada de Reyes, sino todo lo contrario; la emoción nos hacía saltar de alegría y al descubrir lo que aquel modesto balcón atesoraba, nuestra casa se colmaba de felicidad.


Eras de Palá, entre la calle Santo Domingo (izq.) y la avenida de la Merced (dcha.)


miércoles, 1 de diciembre de 2021

LA PLAZA DE LA CANDELERA (BARBASTRO)

Naciste hace más de mil años. Corazón de una nueva ciudad mora, que se fue poblando poco a poco con musulmanes, judíos y algún cristiano. Baluarte defensivo, estratégica y codiciada y, por ende, bien murada.

Centro de la trama urbana que te rodeaba y faro de la ciudad, en la que las distintas culturas coexistían sin problema. Zoco y mercado judío y, con anterioridad, foro romano y ágora griega.


Plaza de la Candelera 

jueves, 4 de noviembre de 2021

A SUS PIES, LA CALLE JOAQUÍN COSTA

Dos damas a las que la calle Monzón capta su atención. Alejada del objetivo, la ilustre vecina en su casa: cuna de una estirpe de comerciantes, que se mantienen en la calle con la persiana bien abierta.


Mi abuela Carmen 
(Verano 1989)

martes, 5 de octubre de 2021

LA ESPARZA Y LAS CIRUELAS

¿Habéis probado las ciruelas “claudia” recién cogidas del árbol? Cuando yo iba a comprarlas. a la calle Esparza, me fascinaba el modo en el que me las vendía Pilarín. En la puerta de su casa o en el patio y, algún tiempo más tarde, en una habitación contigua, estaban dispuestas las verduras cultivadas por su padre y entre ellas se encontraba la cesta con la fruta favorita de mi madre.

Desde la ventana, me había dado la bienvenida y al instante la tenía a mi lado, sonriente y dispuesta para la venta. Charlábamos un poco mientras ella daba un repaso a su género: tiraba las hojas mustias de alguna lechuga o ponía en orden tal o cual hortaliza, hasta que en un momento dado, tras conocer la cantidad de ciruelas que yo necesitaba, iniciaba la ceremonia que iba a atrapar por completo mi atención y mantendría mi vista fija en sus manos.

Con ágiles dedos y sumo cuidado, para no alterar la forma de la ciruela, escogía el ejemplar y lo depositaba en un plato de la balanza. En esta acción, reiterada e hipnótica, combinaba destreza y delicadeza y ponía especial esmero en “las claudias” que habían estallado o en las que la pulpa estaba a punto de aflorar.


Calle Esparza