domingo, 10 de julio de 2022

RECORDANDO A JOAQUÍN COLL

No es necesario que se aproxime el día de la marcha definitiva de Joaquín, también de Pedro -ambos son inseparables en mis evocaciones de juventud- para recordarlos, pues acudo a ellos en innumerables ocasiones.

Hace unos días retomé, una vez más, la lectura de la trilogía de C. Ruiz Zafón (La Sombra del Viento, El Juego del Ángel y El Prisionero del Cielo), las tres obras envueltas en el misterioso mundo gótico del "Cementerio de los libros olvidados". CRZ, un gran contador de historias con un estilo deslumbrante y sutil, sitúa la trama de sus libros en las calles de la antigua Barcelona: Barrio Gótico, Ramblas, el Raval, y al leerlo viajo hasta allí a través de la memoria. Mantengo muy presente el olor que flotaba en el aire del barrio Gótico, mezcla de humo, ceniza y comida; el aliento a humedad de los portales abiertos y de aquellas piedras que susurran historias ...


Joaquín Coll (verano, 1968)

viernes, 24 de junio de 2022

NOCHE DE SAN JUAN EN SAHÚN (HUESCA)

Ayer, todas las calles de Sahún llevaban a la plaza de la Iglesia porque en ese lugar iba a comenzar la celebración de LES FALLES. Tras una noche bulliciosa y cargada de emociones para sus vecinos y visitantes, hoy, día de San Juan, este pequeño pueblo del valle de Benasque recupera el sosiego.

Desde que dejamos el coche, en una zona habilitada para ello y comenzamos la subida hasta la iglesia, percibimos que detrás de Les Falles hay mucho trabajo e ilusión. El propósito de la fiesta es preservar una tradición,  bajo medidas de seguridad y grandes dosis de alegría y hospitalidad.

Cuando llegamos a la plaza de la Iglesia están preparando la hoguera y hablamos con Surya, un niño que justifica sus nervios porque en los dos últimos años no ha podido ejercitarse. Mientras, Haya, su hermana, nos miraba con una mezcla de orgullo y timidez, sabedora de que va a portar la falla por vez primera, bajo el amparo de su padre, como manda la tradición; la misma que apunta hacia el último mozo casado para que sea él quien prenda esa hoguera primigenia, encargada de encender las antorchas, verdaderas protagonistas de la noche.

Con la falla ardiendo, en primer lugar los pequeños y después los jóvenes y mayores, bajarán corriendo hasta el barranco, y allí empezarán a voltearla sobre la cabeza, hasta que se consuma la "piel" del albà (abedul), corazón y alma de esta particular antorcha.


Desde el prau de Riu, disfrutando del espectáculo
(Al fondo, el barranco)

jueves, 5 de mayo de 2022

"SE COGEN PUNTOS DE MEDIA"

A finales de abril tuve una visita inesperada que me llenó de alegría:

"Vengo a pedirte la foto que nos hiciste a mi mujer y a mí sentados en el banco, ¿tendrías una copia? Es que ella guardó la que nos diste, la guardó en alguno de sus libros, y no sé en cuál. Ahora que me falta quiero esa foto de los dos juntos, sentados en el banco, no quiero otra, quiero esa foto".

Al decirle que me iba a ser fácil encontrarla se le iluminó la cara y los ojos se le llenaran de lágrimas.

Días más tarde le entregaba la fotografía a Francisco y él me regalaba recuerdos de Carmen, su mujer, que me ayudan a dirigirme a ella.


Carmen Vidal Sirvent y Francisco Viñuales (*)

domingo, 3 de abril de 2022

PLAZA DE LOS SITIOS (ZARAGOZA)

A la memoria de Encarna, y a la de tantas “rosas” anónimas.


Plaza de los Sitios (de Emilio Castelar, antes)


Con una sonrisa llena de ternura, agitando suavemente la mano, se despedía Francisco de su hija Encarna, ya en el autobús que la llevaría a Zaragoza. Los dos hacían grandes esfuerzos para contener las lágrimas. Era un día frío y desapacible de finales de Diciembre de 1932, en Villarluengo, corazón del Maestrazgo turolense. Encarna apenas tenía 17 años.

Encarna reconoció en su padre una mirada triste, como si la sombra de la soledad ya lo envolviera. Cuando el autobús comenzó su recorrido, bajó la mirada a sus manos inquietas, que jugueteaban con un pañuelo, y se enjugó las lágrimas mientras daba un repaso a su corta y penosa vida. Hasta los 16 años había visto desaparecer a su madre, Ramona, a su abuela, Francha, y a su hermano José, quedándose sola con su padre. Por si fuera poco, su futuro laboral también peligraba en aquellos momentos. De común acuerdo con su padre, decidió ir a buscar mejor vida a Zaragoza.

No fue placentero el viaje, a la incertidumbre de lo nuevo se unía la lucha interna de las emociones, difíciles de gestionar y más para alguien tan joven. En su alma bullían la tristeza y la pena por lo que dejaba junto a la esperanza en una vida mejor.