jueves, 5 de mayo de 2022

"SE COGEN PUNTOS DE MEDIA"

A finales de abril tuve una visita inesperada que me llenó de alegría:

"Vengo a pedirte la foto que nos hiciste a mi mujer y a mí sentados en el banco, ¿tendrías una copia? Es que ella guardó la que nos diste, la guardó en alguno de sus libros, y no sé en cuál. Ahora que me falta quiero esa foto de los dos juntos, sentados en el banco, no quiero otra, quiero esa foto".

Al decirle que me iba a ser fácil encontrarla se le iluminó la cara y los ojos se le llenaran de lágrimas.

Días más tarde le entregaba la fotografía a Francisco y él me regalaba recuerdos de Carmen, su mujer, que me ayudan a dirigirme a ella.


Carmen Vidal Sirvent y Francisco Viñuales (*)

domingo, 3 de abril de 2022

PLAZA DE LOS SITIOS (ZARAGOZA)

A la memoria de Encarna, y a la de tantas “rosas” anónimas.


Plaza de los Sitios (de Emilio Castelar, antes)


Con una sonrisa llena de ternura, agitando suavemente la mano, se despedía Francisco de su hija Encarna, ya en el autobús que la llevaría a Zaragoza. Los dos hacían grandes esfuerzos para contener las lágrimas. Era un día frío y desapacible de finales de Diciembre de 1932, en Villarluengo, corazón del Maestrazgo turolense. Encarna apenas tenía 17 años.

Encarna reconoció en su padre una mirada triste, como si la sombra de la soledad ya lo envolviera. Cuando el autobús comenzó su recorrido, bajó la mirada a sus manos inquietas, que jugueteaban con un pañuelo, y se enjugó las lágrimas mientras daba un repaso a su corta y penosa vida. Hasta los 16 años había visto desaparecer a su madre, Ramona, a su abuela, Francha, y a su hermano José, quedándose sola con su padre. Por si fuera poco, su futuro laboral también peligraba en aquellos momentos. De común acuerdo con su padre, decidió ir a buscar mejor vida a Zaragoza.

No fue placentero el viaje, a la incertidumbre de lo nuevo se unía la lucha interna de las emociones, difíciles de gestionar y más para alguien tan joven. En su alma bullían la tristeza y la pena por lo que dejaba junto a la esperanza en una vida mejor.

martes, 1 de marzo de 2022

LA RUDA (MADRID)

Como sabes, La Ruda se escondía de mí, entre calles que transito con frecuencia, hasta que, por la radio, oí hablar muy bien del restaurante El Brote (Ruda, 14). No fue ni su cocina especializada en setas, que tanto me atrae, ni el sugerente nombre de la calle lo que me hizo encaminarme hacia ella, sino el compartir contigo la recomendación y, sobre todo, tu entusiasmo al decirme: “Por las mañanas, La Ruda huele a café, a buen café”.

Aquella primera vez entré en La Ruda por la calle Toledo sin perder de vista, al fondo, la estatua de Eloy Gonzalo, y me fui deteniendo en los innumerables comercios que la habitan por sus pares y sus impares, hasta completar el recorrido, de poco más de 100 metros, en la plaza de Cascorro.


Al fondo, plaza de Cascorro
Restaurante El Brote (izquierda imagen)

martes, 1 de febrero de 2022

"CASA GÓMEZ" Y LA CALLE SIN NOMBRE

En la esquina de La Tallada con la calle, sin nombre, que conducía a los muelles de carga y descarga de la estación del ferrocarril, se ubicaba el caserón conocido por muchos barbastrenses como “Casa Gómez”.  El acceso a las doce viviendas del inmueble se hacía por esa vía sin nombre, aunque la dirección postal del mismo, a finales de la década de los 40 y comienzo de los 50 del pasado siglo, fuera plaza del General Mola, nº 7 (La Tallada).


"Casa Gómez" (1970)