martes, 30 de enero de 2024

CASA DE LA MISERICORDIA (BARBASTRO)


Instituciones con alma

Antes de referirme a la Casa de la Misericordia, una pequeña pincelada de cómo se hallaba la ciudad de Barbastro en el siglo XVIII. Con una población de 3 a 5 mil habitantes, la estructura social no difería mucho de los siglos anteriores; con guerras, ruina económica y epidemias, causantes de las alteraciones demográficas.

Referente a la sanidad, tuvo cambios importantes, sobre todo en la segunda mitad del siglo, no en cuanto a las terapias, sino en relación con determinadas prácticas higiénicas porque fueron imponiéndose de forma obligatoria, tanto en las personas como en la propia ciudad. Se implantó la norma de quemar la ropa de los fallecidos por epidemias y muy significativo fue el avance que supuso para la enseñanza de la medicina el complementar la formación teórica con la práctica “a pie de cama”.

Las autoridades civiles comenzaron a interesarse por los ancianos y niños, y el servicio sanitario pasó a contar con la asistencia de 3 médicos, dos boticarios, 3 cirujanos y 2 parteras.

Pero la ciudad estaba inmersa en una ruina económica. Faltaban brazos para trabajar en la agricultura y manos para la industria. Según señala López Novoa en su Historia de Barbastro “debido a la ociosidad en que vivían muchas gentes, así de hombres como de mujeres, habiéndose entregado a la postulación”.

El hospital de pobres de San Julián y Santa Lucía rebosaba necesitados y la atención a los enfermos pasaba a ser una labor secundaria.

Ante esta situación, en febrero de 1767, a propuesta del Corregidor Sr. Vicente Corral y el consenso del resto de autoridades, civiles y eclesiásticas, se redacta un escrito en el que se solicita al Consejo de Castilla autorización para construir un hospicio o casa de la Misericordia. El Consejo no dio su aprobación hasta 1769.

La Casa de la Misericordia se comenzó a construir ese mismo año, en un solar pasado el puente de San Ramón (hoy, puente del Amparo), a mano izquierda, donde en la actualidad se encuentra la Casa Amparo. Las obras concluyeron en 1775 y las puertas no se abrieron, por falta de recursos, hasta 1781.


Casa Amparo (hacia 1960)

Para regir la institución se creó una Junta del Hospicio (o Sitiada). En la casa de Misericordia se recogían a pobres y a niños los cuales disponían de dormitorios adecuados a sus edades y sexo. Había también capilla, tahona, cocina y talleres, donde los acogidos podían aprender oficios varios. La Casa de la Misericordia fue puesta bajo la advocación de Nuestra Señora del Pueyo.

Con la apertura de la Casa, el Hospital de San Julián y Santa Lucía se liberó de parte de su clientela habitual de tal forma que pasó de ser considerado hospital de pobres a figurar, en los documentos oficiales, como Hospital de Enfermos de la Ciudad.

Para el mantenimiento de la Casa de la Misericordia se destinaron limosnas y una serie de rentas provenientes de fundaciones, como las creadas por J. Callén y otra de P. Castro. Solo de esa manera pudo sostenerse la casa hasta 1808.

La guerra de la Independencia asoló también a Aragón; en Barbastro, los conventos de los Mercedarios, Paúles, Capuchinos, Trinitarios y la Casa de la Misericordia quedaron destruidos. Los franceses instalaron en ellos sus cuarteles. La Casa de la Misericordia se abandonó y se disolvió la Junta.

El edificio quedó muy dañado y se rehabilitó gracias a las importantes donaciones de D. M. Fumanal (canónigo) y a la emergente figura benefactora de D. Pablo Sahún Palacín, que cuenta con una calle dedicada a él, aunque popularmente la conozcamos como calle Las Monjas.

En 1819 estaba preparada nuevamente la Casa de la Misericordia para acoger a pobres y desvalidos, pero la época volvía a ser convulsa con nuevas guerras y la institución quedó dañada y despojada de enseres, quedando casi en ruina y abandonada hasta que D. Pablo Sahún compró la propiedad y la reedificó a su costa. No pudo ver culminada su labor pues falleció en 1857, en Huesca.

Su heredera usufructuaria, Dña. Magdalena Paracuellos, llevó a cabo la conclusión de la obra en 1858 y la apertura de la casa en diciembre de ese mismo año, pero ya con el nombre de Casa Amparo.

Unos años más tarde, Barbastro contaría con una nueva casa para ancianos. Sería en 1873 cuando D. Saturnino López Novoa, junto con la religiosa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, fundaban la congregación de las Hermanas de los Pobres Desamparados.

Ambas instituciones han llegado a nuestros días, la primera como Casa Amparo y la segunda como Hogar Padre Saturnino López Novoa.

Barbastro contaba, a finales del siglo XIX, con 7000 habitantes.


Alfonso Ordín Náger




jueves, 23 de noviembre de 2023

OCASIONES VILA

Esta vez quiero recuperar un comercio, Ocasiones Vila, y la calle que lo acogió se me resiste. De ella me vienen ahora pinceladas, como las sesiones de cine, recomendadas por José María Añaños, en la casa de los hermanos Argensola, o la tienda Caprichos, en la que mi madre iba a comprar helados para obsequiar a los que venían a casa el día del Carmen.

Se trata de la calle Mayor (hoy, Argensola), que a partir de mis catorce años fue "la calle de la frutería Celma" porque esa era la tienda de mis amigas. Recuerdo las manos de Clara eligiendo con mimo cada pieza de fruta, mientras yo esperaba para poder charlar con ella, y cómo no, el empuje de su madre, Josefina, una mujer vital y ocurrente (y así continúa pasados los 90), alma de un negocio que requería el esfuerzo, en distintos frentes, de la familia al completo. En su casa de la calle Martínez Vargas me sentía como en la mía y cualquier hora era buena para pasar ratos, no sólo de estudio. Me llegan mañanas luminosas, Manhattan Transfer en el tocadiscos, y risas, muchas risas.

viernes, 13 de octubre de 2023

ANSELMO Y EL ALMA DE LA CATEDRAL DE LEÓN

Pico Fortún 
Comarca de la Tercia (León)

La mañana apareció luminosa aquel día de primeros de mayo de 1983, en la pequeña comarca de la Tercia. Este bello territorio está situado en la montaña central de la provincia de León y a través del Puerto de Pajares se deja atrás la meseta y se accede a Asturias. En su cielo, de intenso azul, se recortaban las crestas y picos montañosos que, como centinelas, la rodean. Las lluvias de abril acentuaban los diferentes matices verdes que invaden el valle, ofreciendo, a quien lo observa, una poesía visual.

 

En la plaza del Ayuntamiento (hoy plaza de la Constitución) de Villamanín, población que aglutina los ayuntamientos de los pueblos que conforman la Tercia, más de una veintena de niños y niñas del colegio público de Santa María de Arbas, de edades comprendidas entre los 12 y 14 años, esperaban la orden de subir al autobús para iniciar una excursión cultural a la ciudad de León, cuyo objetivo principal era la visita a la Catedral. La mayoría de los niños no habían salido de la zona, de manera que el propio viaje les parecía una aventura y una desbordante emoción lo ponía de manifiesto.

 

Uno de esos niños era Anselmo. Vivía en un pueblecito próximo a Villamanín, que en años pasados gozó de escuela. Aún hay quien recuerda con cariño a Doña Consuelo Buil (de Barbastro), su entrañable maestra durante bastantes años.

 

Fue de su abuelo materno de quien heredó, además del nombre, el interés por la historia, el arte y la cultura en general. Al abuelo Anselmo le tocó hacer la guerra civil en el frente de Teruel y quizá lo que vivió y vio despertó en él el deseo de saber el “porqué de las cosas”. Un autodidacta, pues apenas fue a la escuela, y siempre con un libro entre sus manos.

 

Se encontraban los dos en la plaza, abuelo y nieto y, junto a ellos, Paquín, su amigo inseparable y de carácter opuesto. Anselmo, fantasioso e imaginativo, Paquín tranquilo y con una madurez por encima de su edad. El abuelo les daba las últimas recomendaciones: cuidado Anselmo, no te despistes que eres mucho de “volar solo”. Por favor, Paquín, contrólalo.

 

El autobús partió camino de León. Uno de los maestros les adelantó el programa previsto: visita rápida a algunos de los monumentos más conocidos de la ciudad y, a primera hora de la tarde, la visita a la Catedral, que era el objetivo principal. Se hará caminando para que conozcáis también la ciudad, así que os pido la máxima atención.

 

Comenzaron viendo San Marcos y después fue el turno de San Isidoro. Breves las visitas y concisas las explicaciones. Algo de historia, época de construcción y estilo de la obra. No querían saturar a los niños con mucha información. Comieron en el Parque del Cid. Al terminar, pasaron a ver el precioso edificio construido por Gaudí (conocido como Casa Botines).

 

Ascendiendo por la calle Ancha, llegaron a la plaza de Regla (también llamada plaza de la Catedral). Era el momento esperado por Anselmo. Su abuelo y él, desde que estuvo programada la excursión, habían hablado mucho de ella. Estaba ante la “Pulcrha Leonina” (la bella de León). Su mirada encantada, delataba admiración.

 

Uno de los maestros se puso de espaldas al templo, reunió a los niños delante de él, y les dijo: Como veis, estamos ante la fachada principal de la Catedral de León dedicada a la Virgen de Regla. Su construcción se realizó a lo largo del siglo XIII. Es la catedral más afrancesada de España por su parecido con las de Chartres y Reims (ciudades francesas). Se trata de uno de los edificios monumentales góticos más importantes que existen. Destaca, entre otras cosas, por tener, quizá, la mejor colección de vidrieras medievales que existen en el mundo.

 

Anselmo estaba absorto mirando todo lo que le ofrecía aquella maravillosa fachada, en especial, el fantástico rosetón del que se dice que es el corazón de la ciudad y las puertas de entrada, en las que distinguió el cilindro llamado “locus apelationis”, donde se juzgaba a los reos.

 

Una vez dentro del templo, los envolvió una atmósfera de luz y color inigualable. Los chicos, sobrecogidos por aquel clima, se apiñaron alrededor de los maestros. Anselmo no podía bajar la mirada de las vidrieras que, tamizando la luz del día, convertían a ésta en una preciosa luz gótica con una infinita gama de colores.


Vidrieras del ábside (Catedral de León)

lunes, 4 de septiembre de 2023

BOLTURINA (HUESCA)

Érase una vez un pueblo que trasladó sus fiestas patronales al día 20 de agosto porque el 15, día de la Virgen, era mucho más difícil contratar una orquesta que cinco días más tarde. Ese mismo pueblo aceptó de buen grado la expropiación del territorio ante la evidencia de que los jóvenes habían emigrado y los mayores, cada vez menos, podrían seguir sus pasos con holgura gracias a la compensación económica del acuerdo con el Opus Dei.  Este pragmático pueblo se quedó sin un solo habitante y poco después sin casas en pie. Sólo los restos de una iglesia y el camposanto nos hablan de antiguos moradores, después de más de 50 años.


Restos de la iglesia de Santa Ana (Bolturina)


Ayer, mientras Barbastro anticipaba el inicio de sus fiestas y las calles se llenaban de gente y de ruido mi destino fue Bolturina, donde los pájaros y los árboles ponían melodía a un paraje abandonado y cubierto por una vegetación exuberante.




Casa Ubis, Juanico, Salamero, Llanos, Costa, Mora, El Royo, Sesa, Layo, Miranda, Fuster, Franco, Ignacio, Lloren, Sánchez, Pablé, Sierra, Barrí; ni rastro de alguna casa, ni de la plaza del pueblo, ni de la escuela, tampoco queda fuente ni cruz, a lo sumo alguna teja y azulejos que hacen deducir que, entre la espesura, hubo viviendas.

Frente a la Puebla de Castro y Secastilla, muy cerca de Ubiergo, se localizaba este pequeño pueblo,  que llegó a contar con vivienda para la maestra, tienda de comestibles y hasta ayuntamiento (antes de depender del de Secastilla).  Rodeado de tierras fértiles en olivas, almendras, nueces, trigo, ordio (cebada), huertos y viñas, sus gentes vivían por y para el campo.

El conocimiento de Bolturina, pueblo deshabitado de la comarca de Ribagorza,  me llegó de la mano de una descendiente de Casa Antón, que a los 12 años vendría a Barbastro para aprender contabilidad en la calle Monzón, con Dña. María Llorens, madre de D. Pepe Broto. Después el destino la llevó al mundo de la costura, actividad que realizaría hasta su jubilación, desde su piso del Paseo del Coso.

Ayer tarde, desde su nueva vivienda, que ya no mira a la Catedral, sino a la Iglesia de San Francisco, Nati volvió a la niñez y recibió con inocente ilusión el puñado de higos y moras que le llevábamos de su pueblo.

Me consta que hay una asociación de Amigos de Bolturina y hasta la pandemia solían reunirse una vez al año para planificar actividades enfocadas a mantener viva la memoria de este pueblo. Sin duda el camino diáfano que permite acceder al cementerio es obra de algún descendiente de aquella tierra que necesita abrirse paso entre la maleza para reencontrarse con el pasado, aunque sólo sea para sentarse frente a la iglesia de Santa Ana y recordar el tañido de las campanas.


Los gozos de la Virgen -versión anterior a la fundación del Opus Dei-
(La antigua ermita de la Virgen de Torreciudad pertenecía a Bolturina)