martes, 9 de marzo de 2021

D. JOSÉ CASTELLÓN GABARRE

Hoy os acerco a un joven bisabuelo al que su bisnieto mantiene en forma, a un patriarca de su familia, a un ilustrado del siglo XX, a un andarín al que me encanta ver mientras camino por las calles de Barbastro.

En plena búsqueda de fotografías para la exposición en el Pasaje Comercial de la calle Joaquín Costa, tuvimos la fortuna de dirigirnos a José Castellón Gabarre, conocido por todos como Gallo, y, de inmediato, contamos con su colaboración. En la calle Conde, a la salida del Culto, le explicamos nuestro proyecto a un grupo de personas y, a los pocos días, él mismo nos traía a casa el retrato de una antepasada suya, a la que llamaban la abuela medallera, Dña Rosamunda Gabarre Giménez.


D. José Castellón, en el puente del Portillo (Barbastro)


Desde aquel momento, el saludo cortés, que siempre había existido entre nosotros, se ha ido enriqueciendo por el cambio de impresiones allá donde nos encontremos, o alguna que otra charla, alrededor de una mesa.

Hace ya dos años de la inauguración (*) de la muestra de fotografías antiguas y reivindicaciones aún vigentes. Meses antes de aquel 9 de marzo de 2019, nos tomábamos el primer “cortado” mientras me hablaba de los Reyes Católicos y de la persecución de los gitanos, pero además de lo querido que se ha sentido siempre en Barbastro.

Me resultaba gratificante descubrir, entonces que buscábamos contra reloj fotografías, historias y personas significativas de la calle Monzón y aledañas, que algunos de sus primeros paisajes fueran también los míos ... Desde su Azlor natal y a los pocos días de nacer, la calle San Hipólito; la avenida de la Merced, el tiempo en el que vivió en la casa de la yesería; el camino del Terrero, las eras, la calle Santo Domingo … Y llegaban a la conversación personas que le habían dejado huella, como D. Ignacio Palá, al que le gustaba charlar largo y tendido con un Gallico niño, que aún vislumbro cada vez que me cuenta vivencias de aquellos años.

De su larga vida laboral destaca la etapa en la que condujo uno de los 4 o 5 tractores-pala que había en Barbastro. Y que a punto de que lo "fichara Jordán", dio un cambio en su vida y optó por la venta ambulante en Barcelona, pero sin dejar de regresar a casa con frecuencia.

Hace años que vive en el Entremuro y en sus amplios paseos diarios por la ciudad siempre incluye el barrio de su niñez; “me llama” dice este gitano, orgulloso de su gente y de sus tradiciones. Este vecino de Barbastro, conciliador y comprensivo, entrañable, es un referente para los suyos, entre los que, con su permiso, me incluyo.

El alma de mis calles está impregnada de esencia gitana, y lo supe desde niña, por los carromatos que dormían alguna noche en la era de Palá, y por vivir al lado de Luna; igualmente ahora por mis vecinos de Santo Domingo, La Virgeneta, Esparza, Corte, Conde … y, por supuesto, por mi querido Gallo.


Grupo de jóvenes en "Los jardinetes" (Barbastro)
Gallo, en el centro, segunda fila (años 60)


(*) En la tercera página de este blog, hay un video recordatorio de la exposición.

domingo, 7 de febrero de 2021

DE LOS PORCHES DEL “RIOANCHO” A LA CALLE SANTO DOMINGO

Entre las calles Cascajo y Oncinellas, un puñado de edificios de la calle General Ricardos encadenan sus porches y nos regalan un espacio acogedor, que propicia el paso lento.

Una tienda de comestibles y una guarnicionería flanqueaban el portal de la casa en la que vivía la familia del Dr. Bescós. De su vivienda (primera planta del actual número 23), un día como hoy, 7 de febrero, salía mi madre hacia la Catedral para, junto a mi padre, crear su propia familia en la calle Santo Domingo. Era 1953 y un vínculo laboral iba a quedar atrás; sin embargo, la relación afectiva, personal o epistolar, se iba a mantener viva siempre.


Calle General Ricardos, 23 (Barbastro)
Joyería Diamanty y Beatriz Sánchez - Estilista


Guardo un vago recuerdo de aquella vivienda, la consulta y la sala de curas,  que daban a General Ricardos; la pizarra en la pared de un pasillo, en la que se apuntaban los “avisos” para el doctor; un patio interior, a través del cual, nos contaba mamá, una vecina le aconsejaba, por el bien de su salud, que no se pusiera las zapatillas húmedas (las lavaba muchas noches para que a la mañana siguiente su blancura fuera impoluta).

Como decía nuestra madre, ¡cuánta vida en aquella casa!, la propia de la familia que formaron D. Modesto y Dña. Sara y la que generaban los pacientes que acudían a ella con diversas necesidades (radiografías, escayolas, cirugía menor, breves ingresos).

A la altura de los porches, las dos orillas de la calle General Ricardos nos hablan de estrechar lazos y de comercio activo. La existencia, aún en estos tiempos, de un buen número de establecimientos hace pensar que la predilección por ese espacio viene de muy atrás. La calle convertida en nuestra aliada para favorecer encuentros, pasear, ir de compras …, todas ellas actividades enriquecedoras y de las que los porches atesoran experiencias cada día.

Y qué mejor testigo, al amparo de su cubierta, que la Librería Ibor y su sala de exposiciones (General Ricardos, 25)A través de la imponente fachada, se percibe su magnetismo y es difícil no quedar atrapados en las novedades literarias de unos escaparates creativos donde los haya; o, captados por esa fuerza, con o sin un propósito claro de compra, traspasar la puerta y abrirnos a una realidad mágica, la de los libros y los libreros.

Hace unos días, le pregunté a Beni Ibor si tenía algo publicado sobre estos porches y me dirigió a María José Navarro Bometón  (Doctora en Historia del Arte). Bastó un encuentro fortuito con María José para que, de inmediato, dispusiéramos de uno de sus trabajos. Navarro, M.J. (2015). Vestigios de arquitectura popular en la plaza del mercado de Barbastro. Revista del Centro de Estudios del Somontano de Barbastro (9), 65-85.

He disfrutado con la lectura de esta separata porque me ha hecho viajar en el tiempo con todo lujo de detalles y, de su mano, he llegado al origen de “mis porches”, cuyo tramo es el único vestigio de la prolongación que tuvieron los de la plaza del Mercado, por la calle Romero, hacia la antigua plaza de la Yerba y la calle General Ricardos.

¡Gracias, Mª José!


Calles General Ricardos y Romero (a la derecha)
- antaño separadas por la plaza de la Yerba -

domingo, 10 de enero de 2021

CALLES BLANCAS


Paseo del Coso (Barbastro)


Ayer las calles parecían páginas en blanco de un año recién transitado.

La figura de rojo incorpora nuevas palabras a su libro vital al avanzar hacia su objetivo y lo hace amparada por una bóveda de raíces afectivas y vivencias, que la ayudarán a completar su obra.

jueves, 7 de enero de 2021

ESPERANZAS

Durante una serie de años, todas las tardes de verano, iba a coser con una amiga de mamá, Esperanza, de profesión planchadora. Por devoción fue, y sigue siendo, una brillante maestra en múltiples labores, que por aquel entonces nos guiaba en su taller, con ventana a la calle Ramón Palacios (o “El Saco”, así conocida a pesar del pequeño callejón que la conecta con la Plaza de La Tallada). Su plancha, deslizada con destreza, no descansaba y aportaba a aquellas horas una calidez semejante a la que nos llegaba a través de las ondas radiofónicas.

Entre un pequeño grupo de afortunadas, cosí y descosí, pero sobre todo aprendí a dar valor al trabajo realizado y a poner todo mi empeño en conseguir un objetivo. Había días con más agujas de punto que dedales, o a la inversa, y no sabíamos con antelación quién iba a acudir a la cita; no se fijaba un horario ni regla alguna, pero siempre hubo armonía, fruto de la generosidad de Esperanza y de reconocer nuestra suerte, por tenerla al lado.

Durante el curso escolar, sin saberlo, había estado muy cerca de mí otra Esperanza, cocinera en las antiguas "Nacionales” (actual Colegio Público La Merced). Ahora sé que mientras una trabajaba en su casa-taller, la otra lo hacía muy cerca, en las cocinas de mi recordada escuela; mientras una nos instruía, la otra, al terminar su jornada laboral, se afanaba en instruirse leyendo las lecciones que los niños dejábamos escritas en las pizarras. Dos maestras de sí mismas que tardarían muchos años en conocerse y un suspiro en necesitarse, hasta hacer de su día a día una celebración por haberse encontrado, traspasados ambas los noventa años.


Residencia Las Huertas (Barbastro)

He aprendido que toda confección tiene unas puntadas invisibles que la arman, unos remates imperceptibles que esconden el secreto del tiempo invertido en ellos, y todo influye en la calidad de la prenda. También la amistad se teje punto a punto, vuelta a vuelta y de esto saben mucho mis admiradas Esperanzas.

Ambas viven con los ojos muy abiertos y la mano tendida. Hace unos días, a una de ellas le resonaron muy adentro unos versos de Mario Benedetti y le regaló a su amiga el poema.


Hagamos un trato

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
 
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar conmigo
 
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
 
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
 
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa a mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Mario Benedetti