domingo, 7 de febrero de 2021

DE LOS PORCHES DEL “RIOANCHO” A LA CALLE SANTO DOMINGO

Entre las calles Cascajo y Oncinellas, un puñado de edificios de la calle General Ricardos encadenan sus porches y nos regalan un espacio acogedor, que propicia el paso lento.

Una tienda de comestibles y una guarnicionería flanqueaban el portal de la casa en la que vivía la familia del Dr. Bescós. De su vivienda (primera planta del actual número 23), un día como hoy, 7 de febrero, salía mi madre hacia la Catedral para, junto a mi padre, crear su propia familia en la calle Santo Domingo. Era 1953 y un vínculo laboral iba a quedar atrás; sin embargo, la relación afectiva, personal o epistolar, se iba a mantener viva siempre.


Calle General Ricardos, 23 (Barbastro)
Joyería Diamanty y Beatriz Sánchez - Estilista


Guardo un vago recuerdo de aquella vivienda, la consulta y la sala de curas,  que daban a General Ricardos; la pizarra en la pared de un pasillo, en la que se apuntaban los “avisos” para el doctor; un patio interior, a través del cual, nos contaba mamá, una vecina le aconsejaba, por el bien de su salud, que no se pusiera las zapatillas húmedas (las lavaba muchas noches para que a la mañana siguiente su blancura fuera impoluta).

Como decía nuestra madre, ¡cuánta vida en aquella casa!, la propia de la familia que formaron D. Modesto y Dña. Sara y la que generaban los pacientes que acudían a ella con diversas necesidades (radiografías, escayolas, cirugía menor, breves ingresos).

A la altura de los porches, las dos orillas de la calle General Ricardos nos hablan de estrechar lazos y de comercio activo. La existencia, aún en estos tiempos, de un buen número de establecimientos hace pensar que la predilección por ese espacio viene de muy atrás. La calle convertida en nuestra aliada para favorecer encuentros, pasear, ir de compras …, todas ellas actividades enriquecedoras y de las que los porches atesoran experiencias cada día.

Y qué mejor testigo, al amparo de su cubierta, que la Librería Ibor y su sala de exposiciones (General Ricardos, 25)A través de la imponente fachada, se percibe su magnetismo y es difícil no quedar atrapados en las novedades literarias de unos escaparates creativos donde los haya; o, captados por esa fuerza, con o sin un propósito claro de compra, traspasar la puerta y abrirnos a una realidad mágica, la de los libros y los libreros.

Hace unos días, le pregunté a Beni Ibor si tenía algo publicado sobre estos porches y me dirigió a María José Navarro Bometón  (Doctora en Historia del Arte). Bastó un encuentro fortuito con María José para que, de inmediato, dispusiéramos de uno de sus trabajos. Navarro, M.J. (2015). Vestigios de arquitectura popular en la plaza del mercado de Barbastro. Revista del Centro de Estudios del Somontano de Barbastro (9), 65-85.

He disfrutado con la lectura de esta separata porque me ha hecho viajar en el tiempo con todo lujo de detalles y, de su mano, he llegado al origen de “mis porches”, cuyo tramo es el único vestigio de la prolongación que tuvieron los de la plaza del Mercado, por la calle Romero, hacia la antigua plaza de la Yerba y la calle General Ricardos.

¡Gracias, Mª José!


Calles General Ricardos y Romero (a la derecha)
- antaño separadas por la plaza de la Yerba -

domingo, 10 de enero de 2021

CALLES BLANCAS


Paseo del Coso (Barbastro)


Ayer las calles parecían páginas en blanco de un año recién transitado.

La figura de rojo incorpora nuevas palabras a su libro vital al avanzar hacia su objetivo y lo hace amparada por una bóveda de raíces afectivas y vivencias, que la ayudarán a completar su obra.

jueves, 7 de enero de 2021

ESPERANZAS

Durante una serie de años, todas las tardes de verano, iba a coser con una amiga de mamá, Esperanza, de profesión planchadora. Por devoción fue, y sigue siendo, una brillante maestra en múltiples labores, que por aquel entonces nos guiaba en su taller, con ventana a la calle Ramón Palacios (o “El Saco”, así conocida a pesar del pequeño callejón que la conecta con la Plaza de La Tallada). Su plancha, deslizada con destreza, no descansaba y aportaba a aquellas horas una calidez semejante a la que nos llegaba a través de las ondas radiofónicas.

Entre un pequeño grupo de afortunadas, cosí y descosí, pero sobre todo aprendí a dar valor al trabajo realizado y a poner todo mi empeño en conseguir un objetivo. Había días con más agujas de punto que dedales, o a la inversa, y no sabíamos con antelación quién iba a acudir a la cita; no se fijaba un horario ni regla alguna, pero siempre hubo armonía, fruto de la generosidad de Esperanza y de reconocer nuestra suerte, por tenerla al lado.

Durante el curso escolar, sin saberlo, había estado muy cerca de mí otra Esperanza, cocinera en las antiguas "Nacionales” (actual Colegio Público La Merced). Ahora sé que mientras una trabajaba en su casa-taller, la otra lo hacía muy cerca, en las cocinas de mi recordada escuela; mientras una nos instruía, la otra, al terminar su jornada laboral, se afanaba en instruirse leyendo las lecciones que los niños dejábamos escritas en las pizarras. Dos maestras de sí mismas que tardarían muchos años en conocerse y un suspiro en necesitarse, hasta hacer de su día a día una celebración por haberse encontrado, traspasados ambas los noventa años.


Residencia Las Huertas (Barbastro)

He aprendido que toda confección tiene unas puntadas invisibles que la arman, unos remates imperceptibles que esconden el secreto del tiempo invertido en ellos, y todo influye en la calidad de la prenda. También la amistad se teje punto a punto, vuelta a vuelta y de esto saben mucho mis admiradas Esperanzas.

Ambas viven con los ojos muy abiertos y la mano tendida. Hace unos días, a una de ellas le resonaron muy adentro unos versos de Mario Benedetti y le regaló a su amiga el poema.


Hagamos un trato

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
 
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar conmigo
 
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
 
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
 
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa a mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Mario Benedetti

sábado, 12 de diciembre de 2020

LOS DRAGONES AZUL TURQUESA

En el edificio situado en la esquina de las calles Joaquín Costa y Conde vivía y pasaba visita nuestro Pediatra. Aquellas revisiones infantiles tenían un aire de exclusividad que hacían sentirme especial. Toda una espaciosa sala de espera para mi madre y para mí, bien iluminada y de blancas paredes, un sofá también blanco, una chimenea …. En aquella atmósfera tan serena destacaban, por la fuerza de sus facciones y por su color, una pareja de dragones de porcelana. Eran dos preciosos faros azul turquesa, que me atraían desde que empezaba a subir las escaleras de la casa.

El edificio fue derruido y quedó el solar, desde hace mucho tiempo franqueable, degradado e inseguro, del que escribí la última vez en la entrada del 23 de julio 2020.

Hace unos días, la consulta del Dr. Brusau cobró vida, al otro lado del teléfono mi interlocutora seguía con emoción las imágenes que guardo de aquella casa, que era la suya … A más de 200 km la fuerza de tan inolvidable inmueble nos unió.

Gracias a ella y a su amiga, que, a mi lado, hizo posible la magia del momento.