lunes, 17 de junio de 2024

ALMACENES ALBERT&ARTERO (BARBASTRO)

El día que oí que Artero iba a cerrar, la incredulidad se adueñó de mí y conservé la esperanza hasta que el augurio se convirtió en noticia.

Desde siempre para mí, el principio de la calle Oncinellas ha sido territorio Artero; CEPA me llega con la sonrisa amorosa de Mariví Pueyo, y como ella, ha habido otras muchas dependientas (y el Sr Olivos) que han contribuido a que este establecimiento familiar tenga el rango de gran comercio.



En los Almacenes Albert&Artero encontramos de todo (me resisto a escribir en pasado), en parte porque siempre sale a nuestro encuentro la persona que conoce el género, en tienda o almacén, y no escatima esfuerzos para ofrecer lo que busca el cliente o, en su defecto, aquello que más se ajusta a la petición. Comprar en un establecimiento que tiene distintas secciones y gran variedad de productos, y contar con vendedoras dispuestas a ayudar al comprador es un plus de atención marca Artero, a pesar de la tendencia sustentada en el lema “sírvase usted mismo”, que hasta en El Corte Inglés, por desgracia, se cotiza al alza.

La otra tarde, una emocionada dependienta de la última plantilla nos hablaba de los días previos al cierre; su expresión me hacía ver que el sentimiento de pérdida está a ambos lados del mostrador y el compartirlo me dio cierto alivio.

Y es que en Barbastro acabamos de perder un comercio singular, condición que no se la otorga el hecho de haber abierto sus puertas hace más de 180 años (todo un record, sin duda), sino la maestría de haber sabido adaptarse a las necesidades del cliente en cada momento y hasta el final. El cierre llega por jubilación, un hermoso motivo aun sabedores de que la fórmula que patentó el primer alquimista de la familia ha sido conservada y mejorada por los sucesores. ¿Se puede pedir más?

Sí, yo pedía que no se confirmara el anuncio de aquel día que ha quedado retenido en mi memoria.

Artero ha sido escuela para muchos profesionales del comercio, unos hicieron de Albert&Artero la casa donde desarrollaron su actividad profesional y otros optaron por abrir tienda propia.




Los Almacenes Albert&Artero ya están sentados a la derecha de Mercurio, como lo hicieron antes otros comercios en Barbastro, sin que el volumen de ventas determinara la obtención del pasaporte al Olimpo. Recuerdo Coloniales Palá, Casa Acín, Sederías Goya, La Isla de Cuba, Almacenes Simeón, La Rosaleda, Ocasiones Vila, Almacenes San Juan, La Tienda Nueva … y el penúltimo, SAMA. Son los que quedan en la memoria de las gentes, a los que se alude cuando se quiere resaltar el alma comercial de Barbastro, los que van unidos a personas que “nos lo hicieron fácil”, ¡los inolvidables!, por estas u otras razones, cada uno tenemos nuestros elegidos.

Un buen día, Conchi Abadías entró a formar parte de la familia Arbert Artero y su presencia en la tienda nos alegró, llevaba consigo el sello de una saga de comerciantes insignes, ligados a la calle Joaquín Costa, que a través de ella se hermanaba con Oncinellas.

Gracias, Artero, por vuestra gran historia de la que formamos parte los habitantes de Barbastro y los de otros muchos pueblos de Aragón y autonomías limítrofes como Navarra y Cataluña.

lunes, 8 de abril de 2024

TARDES CON SABOR A CHOCOLATE

No hace mucho tiempo, me llamó la atención un artículo de Antonio y Toni Soláns, con sugerente título, al menos para mí: Las fuentes de Barbastro. En él, padre e hijo, relacionaban unos cuarenta caños, entre fuentes urbanas y situadas en las inmediaciones de la ciudad.

Identifiqué varias de ellas pues cuando era niño, allá por los años cincuenta, y con una cierta frecuencia, eran destinos maravillosos para pasar un rato en familia, en las tardes o días de verano.

 

Y de inmediato, recuerdos escondidos en los rincones de la memoria comenzaron a caer en cascada envueltos en olores, colores y sabores, sensaciones un tanto nostálgicas, que siempre acompañan a las evocaciones.

 

Dos de ellas eran las más frecuentadas por mi familia: La fuente Franco y la fuente Pascual.

 

La fuente Franco se encuentra algo alejada de la ciudad, en la carretera de Salas, superado el molino nuevo. La excursión requería pasar el día. Situada cerca del río, tenía el valor añadido de que en sus proximidades el Vero formaba una “gorga” que permitía el baño refrescante. Su recuerdo va unido a olor a monte y río, y sabor a ensaladas y tortilla de patata.


martes, 30 de enero de 2024

CASA DE LA MISERICORDIA (BARBASTRO)


Instituciones con alma

Antes de referirme a la Casa de la Misericordia, una pequeña pincelada de cómo se hallaba la ciudad de Barbastro en el siglo XVIII. Con una población de 3 a 5 mil habitantes, la estructura social no difería mucho de los siglos anteriores; con guerras, ruina económica y epidemias, causantes de las alteraciones demográficas.

Referente a la sanidad, tuvo cambios importantes, sobre todo en la segunda mitad del siglo, no en cuanto a las terapias, sino en relación con determinadas prácticas higiénicas porque fueron imponiéndose de forma obligatoria, tanto en las personas como en la propia ciudad. Se implantó la norma de quemar la ropa de los fallecidos por epidemias y muy significativo fue el avance que supuso para la enseñanza de la medicina el complementar la formación teórica con la práctica “a pie de cama”.

Las autoridades civiles comenzaron a interesarse por los ancianos y niños, y el servicio sanitario pasó a contar con la asistencia de 3 médicos, dos boticarios, 3 cirujanos y 2 parteras.

Pero la ciudad estaba inmersa en una ruina económica. Faltaban brazos para trabajar en la agricultura y manos para la industria. Según señala López Novoa en su Historia de Barbastro “debido a la ociosidad en que vivían muchas gentes, así de hombres como de mujeres, habiéndose entregado a la postulación”.

El hospital de pobres de San Julián y Santa Lucía rebosaba necesitados y la atención a los enfermos pasaba a ser una labor secundaria.

Ante esta situación, en febrero de 1767, a propuesta del Corregidor Sr. Vicente Corral y el consenso del resto de autoridades, civiles y eclesiásticas, se redacta un escrito en el que se solicita al Consejo de Castilla autorización para construir un hospicio o casa de la Misericordia. El Consejo no dio su aprobación hasta 1769.

La Casa de la Misericordia se comenzó a construir ese mismo año, en un solar pasado el puente de San Ramón (hoy, puente del Amparo), a mano izquierda, donde en la actualidad se encuentra la Casa Amparo. Las obras concluyeron en 1775 y las puertas no se abrieron, por falta de recursos, hasta 1781.


Casa Amparo (hacia 1960)

Para regir la institución se creó una Junta del Hospicio (o Sitiada). En la casa de Misericordia se recogían a pobres y a niños los cuales disponían de dormitorios adecuados a sus edades y sexo. Había también capilla, tahona, cocina y talleres, donde los acogidos podían aprender oficios varios. La Casa de la Misericordia fue puesta bajo la advocación de Nuestra Señora del Pueyo.

Con la apertura de la Casa, el Hospital de San Julián y Santa Lucía se liberó de parte de su clientela habitual de tal forma que pasó de ser considerado hospital de pobres a figurar, en los documentos oficiales, como Hospital de Enfermos de la Ciudad.

Para el mantenimiento de la Casa de la Misericordia se destinaron limosnas y una serie de rentas provenientes de fundaciones, como las creadas por J. Callén y otra de P. Castro. Solo de esa manera pudo sostenerse la casa hasta 1808.

La guerra de la Independencia asoló también a Aragón; en Barbastro, los conventos de los Mercedarios, Paúles, Capuchinos, Trinitarios y la Casa de la Misericordia quedaron destruidos. Los franceses instalaron en ellos sus cuarteles. La Casa de la Misericordia se abandonó y se disolvió la Junta.

El edificio quedó muy dañado y se rehabilitó gracias a las importantes donaciones de D. M. Fumanal (canónigo) y a la emergente figura benefactora de D. Pablo Sahún Palacín, que cuenta con una calle dedicada a él, aunque popularmente la conozcamos como calle Las Monjas.

En 1819 estaba preparada nuevamente la Casa de la Misericordia para acoger a pobres y desvalidos, pero la época volvía a ser convulsa con nuevas guerras y la institución quedó dañada y despojada de enseres, quedando casi en ruina y abandonada hasta que D. Pablo Sahún compró la propiedad y la reedificó a su costa. No pudo ver culminada su labor pues falleció en 1857, en Huesca.

Su heredera usufructuaria, Dña. Magdalena Paracuellos, llevó a cabo la conclusión de la obra en 1858 y la apertura de la casa en diciembre de ese mismo año, pero ya con el nombre de Casa Amparo.

Unos años más tarde, Barbastro contaría con una nueva casa para ancianos. Sería en 1873 cuando D. Saturnino López Novoa, junto con la religiosa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, fundaban la congregación de las Hermanas de los Pobres Desamparados.

Ambas instituciones han llegado a nuestros días, la primera como Casa Amparo y la segunda como Hogar Padre Saturnino López Novoa.

Barbastro contaba, a finales del siglo XIX, con 7000 habitantes.


Alfonso Ordín Náger




jueves, 23 de noviembre de 2023

OCASIONES VILA

Esta vez quiero recuperar un comercio, Ocasiones Vila, y la calle que lo acogió se me resiste. De ella me vienen ahora pinceladas, como las sesiones de cine, recomendadas por José María Añaños, en la casa de los hermanos Argensola, o la tienda Caprichos, en la que mi madre iba a comprar helados para obsequiar a los que venían a casa el día del Carmen.

Se trata de la calle Mayor (hoy, Argensola), que a partir de mis catorce años fue "la calle de la frutería Celma" porque esa era la tienda de mis amigas. Recuerdo las manos de Clara eligiendo con mimo cada pieza de fruta, mientras yo esperaba para poder charlar con ella, y cómo no, el empuje de su madre, Josefina, una mujer vital y ocurrente (y así continúa pasados los 90), alma de un negocio que requería el esfuerzo, en distintos frentes, de la familia al completo. En su casa de la calle Martínez Vargas me sentía como en la mía y cualquier hora era buena para pasar ratos, no sólo de estudio. Me llegan mañanas luminosas, Manhattan Transfer en el tocadiscos, y risas, muchas risas.