El día que oí que Artero iba a cerrar, la incredulidad
se adueñó de mí y conservé la esperanza hasta que el augurio se convirtió en noticia.
Desde siempre para mí, el principio de la calle
Oncinellas ha sido territorio Artero; CEPA me llega con la sonrisa amorosa de Mariví
Pueyo, y como ella, ha habido otras muchas dependientas (y el Sr Olivos) que han
contribuido a que este establecimiento familiar tenga el rango de gran
comercio.
En los Almacenes Albert&Artero encontramos de todo (me resisto a escribir en pasado), en parte porque siempre sale a nuestro encuentro la persona que conoce el género, en tienda o almacén, y no escatima esfuerzos para ofrecer lo que busca el cliente o, en su defecto, aquello que más se ajusta a la petición. Comprar en un establecimiento que tiene distintas secciones y gran variedad de productos, y contar con vendedoras dispuestas a ayudar al comprador es un plus de atención marca Artero, a pesar de la tendencia sustentada en el lema “sírvase usted mismo”, que hasta en El Corte Inglés, por desgracia, se cotiza al alza.
La otra tarde, una emocionada dependienta de la última plantilla nos hablaba de los días previos al cierre; su expresión me hacía
ver que el sentimiento de pérdida está a ambos lados del mostrador y el compartirlo
me dio cierto alivio.
Y es que en Barbastro acabamos de perder un comercio singular, condición que no se la otorga el hecho de haber
abierto sus puertas hace más de 180 años (todo un record, sin duda), sino la
maestría de haber sabido adaptarse a las necesidades del cliente en cada
momento y hasta el final. El cierre llega por jubilación, un hermoso motivo aun
sabedores de que la fórmula que patentó el primer alquimista de la familia ha
sido conservada y mejorada por los sucesores. ¿Se puede pedir más?
Sí, yo pedía que no se confirmara el anuncio de aquel día que ha quedado retenido en mi memoria.
Artero ha sido escuela para muchos profesionales del
comercio, unos hicieron de Albert&Artero la casa donde desarrollaron su
actividad profesional y otros optaron por abrir tienda propia.
Los Almacenes Albert&Artero ya están sentados a
la derecha de Mercurio, como lo hicieron antes otros comercios en Barbastro,
sin que el volumen de ventas determinara la obtención del pasaporte al Olimpo.
Recuerdo Coloniales Palá, Casa Acín, Sederías Goya, La Isla de Cuba, Almacenes
Simeón, La Rosaleda, Ocasiones Vila, Almacenes San Juan, La Tienda Nueva … y el
penúltimo, SAMA. Son los que quedan en la memoria de las gentes, a los que se
alude cuando se quiere resaltar el alma comercial de Barbastro, los que van
unidos a personas que “nos lo hicieron fácil”, ¡los inolvidables!, por estas u
otras razones, cada uno tenemos nuestros elegidos.
Un buen día, Conchi Abadías entró a formar parte de la
familia Arbert Artero y su presencia en la tienda nos alegró, llevaba consigo
el sello de una saga de comerciantes insignes, ligados a la calle Joaquín
Costa, que a través de ella se hermanaba con Oncinellas.
Gracias, Artero, por vuestra gran historia de la que formamos parte los habitantes de Barbastro y los de otros muchos pueblos de Aragón y autonomías limítrofes como Navarra y Cataluña.